Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 16 de noviembre de 2014

Las Ánimas de Bernini y Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle.








Las Ánimas de Bernini y Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle.

Dos “pequeñas” e interesantes exposiciones recientemente inauguradas en el Museo del Prado. Y las dos tienen algo en común: cojean de la misma pata.  Me refiero al montaje, al diseño del supuesto espacio expositivo. Me juego un huevo de gallina suelta a que el menda o los mendas responsables de este despropósito no suelen visitar exposiciones. Digo para ver y disfrutar de las obras expuestas. Porque cada día es más difícil “ver” y ya no digamos disfrutar. Ellos, que para eso cobran una pasta gansa, nos lo ponen difícil cuando no imposible; ellos con sus estúpidos diseños e iluminaciones, y recorridos llenos de obstáculos y mobiliarios distanciadores e intimidadores. Si unimos lo exiguo de las salas (¡Y son las nuevas, las de Moneo!), repletas de urnas y vitrinas y sumamos la guinda del negociete de las audioguías que obliga, digo la amortización de la pasta invertida, a los turistas encarrilados, a permanecer apalancados frente a las señalizadas “obras estrella” el tiempo del “sermón” grabado: ya tenemos el camarote de los marx completo, ¡No caben ni los dos huevos duros!

Y no se te ocurra caminar en sentido contrario (¡desertar!) a la visita oficial y lógica, que serás regañado inmediatamente por el pastor del tráfico unidireccional. No quiero ni pensar en los atascos de feriados y domingos. ¿Y si en vez de contratar “genios exquisitos” de la decoración de interiores le encargan el montaje a gente acostumbrada a comer, que no deglutir, lo que cocina?

ELOTRO

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La Kunsthalle de Hamburgo alberga una de las más importantes, en calidad y cantidad -más de dos centenares de obras-, colecciones de dibujo antiguo español. Una colección reunida en Sevilla a comienzos del siglo XIX, que fue vendida en el mercado londinense y adquirida por el museo de Hamburgo en 1891

El núcleo de la colección está formado por los dibujos de Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal y Francisco de Herrera el Mozo. Además, importantes obras de maestros del Siglo de Oro como Alonso Cano o Antonio del Castillo. Y los dibujos de Francisco de Goya, sobre todo los realizados a partir de cuadros originales de Diego Velázquez hoy conservados en el Museo.


Los dibujos de Goya (adquiridos en Londres en 1891) son preparatorios para las estampas (proceden de la colección del erudito Ceán Bermúdez) y copiaban algunos cuadros originales de Velázquez, Francisco Lezcano, el niño de Vallecas; El aguador de Sevilla; y El bufón “Barbarroja”.
Goya anunció la venta de sus estampas por primera vez en la Gazeta de Madrid el 28 de julio de 1778, y con ellas pretendía en parte difundir en Europa obras de la Colección Real española a través del grabado.
Seguramente de la misma procedencia sean los dibujos preparatorios para la Tauromaquia.
Finalmente, destacan dos hojas del disperso Álbum B o de Madrid en las que Goya mostró escenas de contenido sexual protagonizadas por mujeres como Pareja reclinada en la penumbra/Maja celestina esperando junto a un puente y Pareja con sombrilla en el paseo/Majas luciéndose en el paseo”.




Juan de Valdés Leal: La investigación llevada a cabo ha permitido relacionar dos de los dibujos que aquí se exponen, La cabeza de san Juan Bautista y Estudio para Elías y los profetas de Baal, con uno de sus más importantes proyectos, el retablo del Carmen Calzado de Córdoba, contratado por Valdés en 1655. Igualmente puede relacionarse San Fernando con el cuadro del mismo tema encargado al artista por el cabildo de la catedral de Jaén en 1673, en el contexto de las fiestas por la canonización del santo.







A mediados de la década de 1650 Murillo era el artista más importante de Sevilla. Una de sus obras maestras, Asunción de la Virgen, revela su originalidad al abordar temas tradicionales, como el Estudio de la Magdalena dormida sobre el sepulcro vacío de Cristo. Otros revelan su empleo del dibujo en el proceso creativo.
Ángel con el velo de la Verónica y Ángel con la corona de espinas son obra de miembros del taller o de discípulos, partiendo de originales de Murillo, y transferidos a otros soportes mediante el uso de una cuadrícula y un procedimiento de calco respectivamente.”






“Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 1598- Roma, 1680) fue el más grande artista de la Roma barroca que desarrolló facetas de escultor, arquitecto, pintor, diseñador de fiestas y ceremonias, fuentes y otros repertorios ornamentales.
Las complejas relaciones diplomáticas y políticas de Roma con España se vieron reflejadas en los encargos a Bernini tanto de mecenas españoles en Roma (figuras tan fundamentales como el duque del Infantado, el cardenal Pascual de Aragón o el marqués del Carpio) como de la propia corona. Tienen que ver, muy especialmente con que Felipe IV buscara una presencia diplomática, religiosa y política en Roma, y financiara obras en algunas de las basílicas más simbólicas, desde San Pietro a Santa Maria Maggiore, así como se hicieran encargos para El Escorial o el Real Alcázar de Madrid.



Con apenas veintiún años realizó el que posiblemente sea su primer encargo para un prelado español en Roma, Pedro de Foix Montoya, al que también retrató poco después de manera memorable.

Esculturas del alma, el Anima beata se ilumina ante la contemplación de la belleza de la gloria, mientras que el Anima dannata, condenada, expresa el horror de lo infernal, como si hubiera sido experimentado por el propio artista, en singular autorretrato oculto. Este procedimiento lo usaría posteriormente, sobre todo con la figura de David como excusa, para cuyo rostro, pintado o esculpido, se dice que se sirvió del gesto tan legendario como amistoso de Maffeo Barberini, futuro Urbano VIII, al sujetarle un espejo en el que reflejar su rostro lleno de ira para hacer el del personaje bíblico.




Durante los pontificados de Inocencio X y Alejandro VII, paralelos a un período extraordinariamente creativo, Bernini realizaría algunas de sus obras y proyectos más importantes, incluidas obras religiosas de argumento español tan significativas como el Éxtasis de Santa Teresaen la Capilla Cornaro en Santa Maria della Vittoria en Roma. Se trata de una época en la que, en relación con España, fueron más frecuentes los encargos de obras, la decoración para las ceremonias de canonización, las fiestas con arquitecturas efímeras y fuegos artificiales o los regalos diplomáticos a Felipe IV, coincidiendo con el compromiso filoespañol de esos papas.
Durante esos pontificados fue también cuando Felipe IV y sus embajadores en Roma intensificaron la presencia de la Monarquía en Roma mediante una calculada estrategia de propaganda dinástica, política y religiosa, que habrá de culminar con el proyecto de Bernini para un monumento a Felipe IV en Santa Maria Maggiore.

Los últimos años de Bernini fueron especialmente significativos tanto en relación a su propia biografía como artista, como en sus contactos con España y sus embajadores en Roma. Así, durante los pontificados que se sucedieron desde Clemente IX Rospigliosi a Inocencio XI Odescalchi, Bernini, casi recién retornado de su fracasado viaje a París, en 1665, sufrió diferentes reveses. Por un lado, dejó de ser el protagonista indudable de las transformaciones de la Roma barroca, acentuando, sin embargo y como contrapartida, tanto su religiosidad como la preocupación por su propia fama y fortuna crítica.



Por otro, fue época de proyectos inacabados o no realizados para Clemente IX, de obras que sufrieron críticas que rozaron la sátira y el libelo, como ocurrió con su Constantino en la Scala Regia del Vaticano o con el infortunio de la escultura ecuestre para Luis XIV, cuya solución formal e iconográfica no fue comprendida en París. Pero también se trata de una época en la que pareció establecer una distinta relación con la Monarquía Hispánica y con Carlos II especialmente, gracias a los amistosos contactos que mantuvo con Gaspar de Haro y Guzmán, VII marqués del Carpio, embajador en Roma entre 1676 y 1682. Coleccionista célebre en toda Europa, Haro llegó a encargarle, entre otras obras, una réplica, casi a escala real, de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Plaza Navona.”



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