miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hoy era día de cine, pero…






Hoy era día de cine, pero…


"No ya una cultura que consuele en la injusticia, sino una cultura que la combata y la elimine".

(Elio Vittorini levemente manipulado)



Hoy era día de cine, pero no ha podido ser. Tenía intención de ver “La isla mínima” película de la que he leído alguna reseña entusiasta de gente que no me ofrece ninguna confianza pero… por descarte, resultó la elegida. Ya con la entrada en la mano me dice el muchacho de la taquilla que son 4, 90 euros, y me devuelve los diez céntimos. Le digo que siempre pago 3,90 y me contesta que en las películas de la “güarner” hay que pagar un euro más. Le alargo la entrada y el cambio y le pido que por favor me devuelva el dinero. Me mira sorprendido y tras unos segundos en estado de pasmo me devuelve a cámara lenta el billete de 5 euros. Y en paz.

¿Cómo iba a saber yo que esa peli era de la “güarner+1euro”? En fin, a partir de ahora pondré más cuidado a la hora de elegir mafia de “productores o distribuidores o exhibidores”. Lo digo más que nada por no descuadrarles el protocolo y ahorrar el disgusto al taquillero (en cuanto les sacas del sota, caballo y rey designado a dedo dictatorial, sufren una especie de cortocircuito en la masa encefálica o pierden la cobertura de la microonda o yo qué sé… pero resultan tan delicaditos como los cuadriculados camareros del VIPS cuando, por ejemplo, les pides por favor si sería posible que… y ya están demudados…).


Falló el cine, sí, pero no la Cuesta de Moyano. “Fuga, hierro y fuego” (por el euro que le negué a la “güarner”) de Paco Ignacio Taibo I (1924-2008), padre de Paco Ignacio Taibo II (autor de novelas policíacas, creador y gestor de la Semana Negra de Gijón y, entre otros libros, “Asturias 1934”), que nació en Gijón en 1924 y que vivió su primer exilio, en Bélgica, en 1934 a raíz de la Revolución asturiana. Volvieron a Asturias en 1936… y les recibió el golpe militar, el escarmiento y la Guerra Civil
No he leído nada de ningún Taibo, así que por esta novela empezaré… pero la sorpresa fue que, al llegar a casa y ojear la compra, la novela de Taibo I estaba dedicada por su puño y letra a un tal Daniel Sueiro, “con afecto y admiración, julio de 1979”.




La Wiki dice que   Daniel Sueiro fue un escritor español nacido en La Coruña (1931-1986) encuadrado dentro del “realismo social” de la generación de los cincuenta. Autor de numerosas novelas, algunas de ellas censuradas por el franquismo sólo pudieron editarse en México, también publicó libros-reportajes, como el dedicado al Valle de los Caídos, o guiones cinematográficos: “Los golfos” de Carlos Saura o la película de Basilio Martín Patino: “Queridísimos verdugos” inspirada en su libro “Los verdugos españoles”… en fin, nuevos y prometedores caminos que te permite vislumbrar un euro gastado: “fuera del monopolio de la güarner”.




También por un euro: “Zama”, edición del Círculo de Lectores flamante, de Antonio Di Benedetto. Debo de reconocer que en un primer momento me confundí, creo, con otro  “Di Benedetto”, de quien no hace mucho leí una novela de medio ciencia-ficción distópica que la verdad no me gustó demasiado por no decir nada. Pero al final el error, que lo fue, no lo fue tanto. Hace un tiempo leí el estupendo relato de Roberto Bolaño titulado “Sensini”, incluído en su pequeño pero magnífico libro “Llamadas telefónicas”, y ese escritor, habitual de los concursos y premios literarios de provincias, llamado “Sensini”, era en el relato de Bolaño el alter ego del gran Antonio Di Benedetto, autor asimismo admirado por mis admirados Juan José Saer y Ricardo Piglia. Leo que Di Benedetto, otro más, fue perseguido por la dictadura militar argentina y apresado en marzo de 1976. “Y sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y numerosas ‘golpizas’. Fue excarcelado más de un año después, el 4 de septiembre de 1977, anímicamente destrozado”. En 1977 se exilió en Francia, donde se ganó la vida dando clases y luego estuvo seis años en Madrid, donde nadie le hizo puñetero caso. Por lo leído en la red, “Zama” es su obra maestra, así que ya estoy tardando…




Rematé el día asistiendo a la expo del Thyssen titulada “Impresionismo americano”, donde americano significa grupito de pudientes pintores estadounidenses que acudieron “oportunistamente” a Francia (a la finca de Monet, el más exitoso, económicamente hablando, de los impresionistas), “en busca de la luz y la pincelada de moda en los salones burgueses de moda de los dos lados del Atlántico”, a finales del siglo XIX. La expo es, la mires por donde la mires, una penita, de romper a llorar, vamos (¿O será que servidora está en esos días?).

 El acentuado y acelerado declive de las exposiciones en este museo es cada día más notorio. Y lo más indignante es que a pesar de que “todo” está rígidamente orientado al puro y duro negocio, lo de la expo de Regoyos fue “escandalosoquetecagas”, la señora baronesa dice, desde su yate en la Costa Azul o en el lago suizo, que el museo pierde millones de euros al año… ella no, ella y su “family de papel couché”, tienen asegurada desde los tiempos del “ppsocialista” Solana, la “actualizada” tasa de ganancia. Faltaría más.

La expo está “producida” en comandita por una “Foundation” yanky, un “musée de Giverny, una “Gallerie” escocesa y el chollo-cortijo de la baronesa. Y consiste en colocar estratégicamente intercalados media docena o poco más de obras de calidad o no tanto, de Monet, Cassatt, Degas, Whistler, Sargent, Chase… en ridícula y masiva compañía de otros… pintores mediocres de la más internacional de las escuelas, la escuela “miraquelindo”, que diría  el poeta Batania/Neorrabioso. En fin, no sigo, no puedo, tengo un nudo en la garganta… ¿o es en la picha? ¡No distingo la apariencia de la realidad, los almiares Monet de los azucarados pajizales de Leslie Breck, ni la ilusión Whistler del engaño Twachtman! ¡Qué lío! ¡Parece que ando, yo o el mundo, cabeza abajo! ¡Y a nueve euros por cabeza, gensanta!
Yo es que no sé, no sé…menos mal que como parado que, modestamente soy, me ha salido gratis “la experiencia”… si no, no sé, la verdad, no sé… no puedo resignarme ante espectáculos tan humillantes y bochornosos como estos… y el caso es que por otra parte noto como que cada vez me irritan, me cabrean menos… ¿será que me estoy “hamburguesando”?

ELOTRO


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En última instancia pensar sería contemplar de cerca, con extremada atención, e incluso hasta perderse en ella, la estupidez.

(M. Foucault)


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