Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 4 de octubre de 2014

Un intento de lenguaje valorativo/descriptivo de síntesis. (Y a ratos, adversativo e interrogativo).







“Lo que siquiera puede ser dicho,
puede ser dicho claramente”
(Ludwig Wittgenstein)


¿La apariencia, en los diferentes “objetos”, de lo disímil o de lo afín, suele tratar de esconder  la realidad, sea ésta afín o disímil, o, más bien, la indisputada apariencia verdadera de lo generalmente disímil y afín?

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(Sí acaso no da con la respuesta o no ha entendido la pregunta formulada con tan exquisita como retorcida crudeza –recuerde que las susodichas suelen intercambiar fluidos y que la una (visible)  contiene a la otra (oculta). Parece ser que todo eso llevan dentro pero vaya usted a saber, lamentablemente en el “Mercado” ya no se calan los melones-, pero no se preocupe demasiado, siempre han existido cosas que escapan al entendimiento de la gente en general, aunque la primera en la frente, ahora sobre todo procure no encallar, ya que, por de pronto, no hemos hecho más que zarpar. Ande buen hombre, procure seguir navegando, )

Pero, con todo, y ya sea la respuesta elegida afirmativa en un sentido o negativa en otro o en el mismo, parece claro que en ningún caso (incluido el empate a penaltis o el absurdo lanzamiento de moneda) podría tratarse de un éxito, o por mejor precisar,  un acierto absoluto. Qué se le va a hacer que no se haya patentado ya por los amos de la obsolescencia programada, del discurso dominante, de las preguntas dominantes, de las respuestas dominantes. Pero esto es así porque los receptores perciben fases o caras o fachadas diferentes, envueltas en la predominante doblez complementaria (materia y antimateria a la vez, ¡paradojas de la ciencia!) del mismo e insoslayable carácter (sean cual sean el o los objetos o elementos en cuestión) que, ¡el conocido vicio parasitario!, los une en la esencia y sólo los diferencia, muy cucamente, en lo accesorio (la lógica que hay detrás). Sí, en apariencia  un autentico despelote, pero, sólo en apariencia… ¿Tiene objeto que los “objetos/sujetos” se paseen por ahí entre entusiastas aplausos, propalando chuminadas mientras  muestran una cara “A” para un plan B o exhibiendo una cara “B” para un plan A, según les pete, plazca o convenga?

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(Ya lo ve, será por preguntas servidas con tapitas  de respuestas. Si por un casual esta cuestión tampoco le invita a una respuesta concreta, continúe remando, no embarranque ahorita, ciertamente todos vivimos en una duda continua aunque, aunque no podemos ocultarle que siendo así, empieza a alejarse la eventualidad de la medalla de oro, sí, esa, ¡la de los decididos! ¡la de los que lo tienen claro! ¡la de los que desde su tierna infancia están bien entrenados en eso de elegir!).

Es un tópico decir que las apariencias engañan, es de sentido común, se remacha sin atisbo de duda. Y tanto las apariencias como el sentido común, piensan otros, están sobrevaloradas, no acostumbran a encerrar ni pizca de verdad y, en todo caso, viven muy, pero que muy por encima de sus cualidades, digamos contrastables. Verdaderamente resulta desolador tanta tontería, ¡a qué viene tanto afán con la grandilocuencia hueca! No deberíamos olvidar que el que emite la pregunta, el que la traiciona y abarata, es asimismo oyente y receptor de ella. ¿Acaso lo común por estos pagos no es, digo en la práctica, el reinado absolutista  del inelegante sinsentido?

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(Si tampoco en este caso se decide por una respuesta, con o sin sentido… la verdad es que no sé que carajo… bueno, bueno, bueno… mejor será que no cunda el pánico aquí, en medio del mar y sin corcho… pero, sepa usted, y no creemos que sea asunto para valorar con ligereza, que  la de plata y la de bronce han pasado ya de posibles a matemáticamente improbables. Y, en adelante, comprenda que a estas alturas, que usted mismo ha ido edificando a base de dudas y silencios, la caída a la que se está abocado sería cosa de consecuencias más que serias. Llegados aquí, sí me permite, un consejo: si quiere ser un ganador, déjese de remilgos, ejercite el ingenio y, ¿por qué no? la hipocresía, y aférrese a donde pueda. Último aviso a navegantes ambiciosos (sin prejuicios y sin escrúpulos).

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Para concluir, y tras ese espléndido derroche de silencio que nos ha brindado, sugiero que regresemos al comienzo. Y será lo suyo que esto acabe donde empezó, pero ya sabemos que en esta vida un enigma nos aguarda a cada paso y que en más de una ocasión “el detalle” acaba convirtiéndose en “el asunto” que paradójicamente nos puede permitir palpar la verdad, y por cierto… ¿quién, inaugurando la tradición, arrojó desde el más común de los sinsentidos la primera pregunta “sensata” con adjunta respuesta inducida del mismo y dominante cariz?

 Va a ser que esclarecer, sea el asunto que sea, no es tarea nada (“nada rima con nada” decía la Pizarnik) fácil, y por otro lado no se tienen noticias acerca de manuales de fiar al alcance de la plebe indocumentada. Vivificante, puede, instructiva, seguro. En cualquier caso necesaria, debemos asumir la carga de “conocer” por nosotros mismos, para los que tratamos de  comprender “algo” en medio de tanta y tan diestramente compuesta confusión.

ELOTRO

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“A nadie le ha sido jamás útil la ignorancia”
(Karl Marx)


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