Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 21 de octubre de 2014

“Papito” y yo.




“Papito” y yo.

Se trataba de una obra  cuyo argumento principal, ¡una vez más!, resultó ser una solemne parida, urdida como de costumbre de forma monótona y cansina, además de poco atinada (y aún menos legible), escasamente interesante y nada entretenida pero, eso sí pude comprobarlo, el conglomerado en sí poseía en esta ocasión más que notorias propiedades somníferas. O sea, que ese batiburrillo infantiloide, esa dichosa novelita, inofensiva no es… y era de temer que la cosa no había hecho más que empezar.

Poco a poco fui recuperando la consciencia y alguno de mis sentidos comenzó a duras penas a renacer y cumplir, al menos  en parte, con su primigenia función. Estaba aturdido y confuso, desorientado, envuelto en esa difusa frontera que dicen que separa la vigilia, en cualquiera de sus grados, del sueño más o menos profundo. Pero allí estaba ella, sentada en un lado de mi cama cargando todo su peso sobre la nalga derecha, se apoyaba además sobre la almohada con ambas manos muy cerca de cada una de mis orejas. Sus grandes y pesadas tetas descansaban sobre mi esternón. Me miraba fijamente y en su pétreo rostro se había grabado una acostumbrada y forzada media sonrisa que, mejor mirada, más bien daba en mueca de asco.

La deslucida jeta de mi casera  proclamaba intenciones que supuse poco loables. Debo decir que no era la primera vez que tras despabilarme me veía enfrentado a su atosigante presencia. Quizás yo sea un hombre malvado a ratos  pero Leonor es a jornada completa  una mujer muy desagradable, fea y destartalada, y no sólo físicamente. Tampoco es que se trate de la típica vieja loca y amargada.  Es muy leída y tiene criterio propio, le sobra más talento que cabezonería, pero la pierde siempre el factor emocional.

El caso es que en más de una ocasión y ante su acoso he de reconocer que me dejé ir (lo lograba casi siempre), sepan que sobre el mullido lecho es una artista consumada, hace “arte” del bueno. Por experiencia sabrán que la carne ya empinada es débil, digo aún más, y el tirón del vicio, invencible, si es el caso de que acompañen las llamadas fuerzas ‘erectivas’. Pues bien, es a ese maldito clavo ardiendo al que se agarra siempre la muy zorra. No ignora sus voluptuosos poderes y les saca provecho.

Que si Thomas Mann lo hizo con el joven Lukács, que si Vázquez Montalbán lo mismo de lo mismo con Sacristán, que si Monedero con Felipe Iglesias… y que si el genio (¡dramáticamente desconocido!) de su ‘papito’ lo ha hecho ahora (y en los diez manuscritos anteriores, añado) con su menda, “¿qué pasa? ¿acaso no da servidora la talla?” me espeta la muñeca con notoria intención provocadora y mortificante mientras saca o infla, o las dos cosas, su abundante pecho.

Así de fácil lo ve ella. No voy a negar que quizás en alguna ocasión haya sido demasiado despiadado con la obra literaria de su ‘papito’, y hasta es posible que haya derramado demasiada bilis sobre él, no lo niego, pero aún así, en lo que se refiere a la esencia de mi crítica, puedo asegurar que no tengo ningún remordimiento. Calcar un manido truco (o dos o tres, porque si vamos a lo del territorio mágico: Macondo, Región,  Celama, Yoknapatawpha…),  puesto con más o menos brillantez en práctica por uno o varios escritores consagrados con el éxito mediático y comercial, no garantiza nada positivo, le dije más de una vez, ni siquiera sirve para evitar caer en el más espantoso de los ridículos plagiarios y, aún peor,  si al cabo  resulta que esa ‘materia mil veces refrita’ es toda, o casi toda, la supuesta ‘chicha literaria’ que se despacha en el ‘Colmado Papito’, a ver entonces.  En resumen, nada que decir y mal dicho, dije.

Vano esfuerzo, pues con su ‘papito’ de por medio Leonor no razona. Mejor dicho, razonar razona, sí, pero con intrincados y mal traídos argumentos irracionales. Y eso de la irracionalidad no lo negaba. Repetía una y otra vez que “en un mundo irracional, y ya no digamos en el seno de la irracional industria del embobamiento,  la ‘respuesta adecuada y merecida’ debía de ser, en todo caso -y mediante la exoneración ventral- fruto de la asimilación creadora de esa tosca irracionalidad originaria que los bien mandados nos tragamos tres veces al día aliñada con el pienso”.

Cada día sus palabras se me aparecían más y más abstrusas, aunque ciertamente no menos hirientes,  y aquello hacía más difícil deducir qué coño cocinaba Leonor en su inquietante magín.

De pronto calló. Su mente debía estar cavilando en otro lugar. Al poco tiempo su callosa mano derecha comenzó a sacudirme el miembro de arriba abajo, primero despacio y poco a poco fue aumentando el ritmo y la presión. No hubo erección. Era la primera vez que me sucedía con ella. A ella por su cuenta no sé. Al cabo del rato y visiblemente defraudada (¿con ella, conmigo?) suspendió el fracasado masaje. Me miró interrogativa y luego miró como perpleja a la morcillota, pero no es de las que se rinden y enseguida la emprendió a lametazos con mis pezones que inmediatamente respondieron, estos sí, con firmeza. No ocultaré que me enternezco cuando se afana en sus labores, ¿cómo no encariñarse?. Por mi parte continuaba turbado por el inesperado e incomprensible gatillazo eréctil, aunque verdaderamente  no me encontraba de humor para lamidas y arrumacos.

La infumable obrita de tu ‘papito’, le dije mientras tanto, desprende un nauseabundo olor a ideas estancadas desde tiempo inmemorial. Y lo más estúpido es que además son ideas y recursos en su mayoría indecentemente plagiadas. Tu geniecillo se ha dedicado a saquear sin ningún tino a grandes autores para acabar robando, el muy capullo, sólo repugnante basurilla. ¿No crees que ahí se constata palmariamente su absoluta nulidad? Por mi parte creo que esto lo acaba explicando todo: tu torpe mecanógrafo no tiene respeto alguno hacia sí mismo ni a al oficio y, claro está, menos aún hacia el improbable lector.

“Te repites querido”, me largó. “Has escrito demasiadas veces las mismas falacias, chorradas e idioteces. Yo te leo y tengo memoria. ¿sabe usted, nauseabundo caballero, lo que excita mi cólera, lo que la hace particularmente belicosa? Pues tome nota: basta cotejar sus escritos para comprobar que en la mayoría de los casos utiliza usted las mismas, endebles y escuetísimas argumentaciones (de autorías menos propias que “hábilmente” adquiridas),que navegan a bordo de  las mismas o parecidísimas frases (la mayoría de ellas construidas hace demasiados años ¿inmemorables? en astilleros ajenos), si acaso alguna excepción con leves variaciones sintácticas,  e idénticas y gastadas (¡por eso impotentes!) adjetivaciones.  Todo lo cual nos lleva a una simple conclusión: sus críticas resultan ser tan huecas e inocuas como elásticamente intercambiables y reversibles: lo mismo sirven para un roto de fulano que para un descosido de mengana o una avería de zutano o un desgarro anal de perengano. ¿Es la racionalidad “múltiple y permutable” que exige la irracionalidad realmente dominante y estipendiante? No hace falta que contestes. Y ya por terminar, cari, la novela de ‘papito’, ¿la has leído?, y en caso afirmativo, ¿antes o después de vaciar las botellas de aguardiente que forman ese bonito bodegón de tu mesilla? Piénsate la respuesta, vida, que te va en ello…
…………




- ¿qué ocurre ahora?  ...has estropeado la escena y la grabación, ¿qué te pasa, por qué te callas?

- Me canso, estoy hastiada,  dejo esta absurda comedia…de pronto he sentido la imperiosa necesidad de largarme de aquí…

- Pero qué dices cariño, no me vengas ahora con esas… llevamos años así y nunca te has quejado… al menos no de este modo…

- Eso es cierto… pero querido, recuerda que eres tú quien escribe los guiones… mis frases, mis pensamientos en off, mis diálogos interiores… sólo tú, exclusivamente tú y en todos, absolutamente todos los guiones… por mi parte se acabó, ya no lo resisto, hasta aquí he llegado ‘papito’, estoy hastiada, cansada, aburrida, gastada…a punto de reventar… búscate otro juguete al que menospreciar día sí y día también…

- Echa el freno morena, no te me pongas melodramática en medio del set… comprende que nada sabía ni podía sospechar de tu intenso prurito literario… ¿de verdad quieres dar rienda suelta a tu lengua y escribir tus propios guiones? Pues me parece perfecto… ¿tienes cosas que contar, mensajes que dar, realidades que mostrar? Bien, hazlo pues… ¿quién te lo impide? O mejor dicho, ¿quién te lo ha impedido hasta ahora? Cierto que tenemos un reparto de papeles pero… no recuerdo que al comienzo nadie impusiera nada a nadie… y por el contrario sí creo recordar cierta aceptación incluso entusiasta por tu parte…

- No te lo niego, así fue mi gran pecado, eran otros tiempos y yo era otra, más tierna…sí, ¡no te rías cacho cabrón!…  y más ilusa también, y tú, no sé… tú sabrás… pero, puestos a recordar, ¿sabes cuánto tiempo ha transcurrido y cuánta agua ha caído sobre nuestras putas cabezas desde aquella entusiasta aceptación? ¿no has notado ningún cambio por pequeño que sea, percibido ninguna evolución o involución en ti, en mi, en nosotros, en lo que nos rodea, o en cualquier otra esfera de nuestra puta relación, digamos, por ejemplo, si no ‘racional’ de ‘naturaleza emocional’, en todo el transcurso de tan largo trayecto? ¿seguimos siendo lo que fuimos al principio?

- Pues no sé, ahora que lo dices, supongo que sí… no sé… qué quieres que te diga… dame tiempo… déjame pensarlo… pero joder no me dejes así, no me hagas esta putada, no me dejes a medias… que aún no he terminado…

- Eso es, de eso se trata, de eso precisamente se ha tratado siempre, ¿lo ves?, tú lo has dicho: “aún no he terminado”, señoras y señores él, el autor, el amo y señor del relato, no ha terminado… a los demás, si ni siquiera han llegado a comenzar o andan aún a mitad de camino, que nos zurzan… pues nada chavalote, ahí te quedas que tú lo vales… me piro a otra parte con mi insignificancia… que tengas suerte… y mira, te regalo un último servicio: ¡¿Hay en la sala algún alma caritativa (o también nos vale por pura maldad) que ayude a este buen hombre a ‘terminarse’ de una puta vez?!

ELOTRO


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