Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 1 de octubre de 2014

Fingía que fingía...





“…estar atentos a esas pequeñas luciérnagas que las deslumbrantes luces de los grandes reflectores apenas nos dejan ver”
(P.P.Pasolini)


Fingía que fingía, pero sin ventanas a la calle. Con mentiras decir la verdad. Con engaños representar la vida.


Siempre caminaba en círculos, decía, después de mucho preguntarle, buscar un atajo.


Los que pretenden fijar el terreno y los límites del arte desde el punto de vista (moral y mercantilista) del decoro (aunque sea pornográfico)  y la corrección (de cualquier pelaje pero siempre inofensiva para el “establishment” de turno), nos empujan a preguntarnos sobre el terreno y los límites de la ignorancia.


Ambos ya a medio destruir, pero seguían unidos y confabulando, refugiándose uno contra el otro; aunque hacía mucho tiempo que todas sus conversaciones tomaban derroteros de derrota, eso no los descaminaba.


La posición de espectador te sitúa fuera del escenario pero, ¿afuera de la representación, del espectáculo, del teatro de operaciones, de la comedia que se exhibe dentro de la tragedia?


Eso de “voz autorizada”, ¿No suena a eco?


Cuando USA “liberó” Cuba en 1898, canceló la deuda cubana con España con el argumento de que fue una deuda impuesta y odiosa e introdujo de facto el principio de “deuda odiosa” en el Derecho Internacional. Una “deuda odiosa” es inválida. No hay que pagarla.


Los márgenes ¿están al margen?


Fingimos que todo está por deshacer pero “no hacemos nada más que hacer”. Y la mayoría hace que se da por enterada, o ni eso, y dejar hacer. Alguno clama: ¡Poca vergüenza!… y yo añado: “poca es alguna”, que decía la agüela.


He descubierto que no saber no es un no-lugar. En el mejor de los casos sólo queda la traición del antes y el manso acatamiento del después. La pieza que falta no ha lugar.


Al final, si echas cuentas, el ilusionante “papel de regalo” es como el papel moneda, va en el precio. Y, en su caso, tributa.


No queda quien que no sea el bárbaro de quien.


La política es el arte en el que un hombre finge ser lo que no es y otro hombre finge que se lo cree pero, harto ya de tanto fingir,  le otorga su voto. Sea la papeleta fingida o no, tanto le da a la urna que, a pesar de su fingimiento, tampoco resulta cómplice de fiar en la mascarada electoral (según indican las encuestas más o menos  fiables y a todas luces y taquígrafos, irreales).


ELOTRO (fingidor)


“Cuando eran golpeados votaban con exageración a aquellos de los que habían recibido el golpe”.
 (Poe levemente manipulado)


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