Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 1 de septiembre de 2014

Tal vez me equivoque. (20)







«La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente»

(Rosa Luxemburgo)


Hace más de un siglo Rosa Luxemburgo, mujer, extranjera –había nacido en 1871 en una ciudad polaca, Zamosc, por entonces perteneciente al imperio ruso. En 1898 se casó y obtuvo la ciudadanía alemana-, revolucionaria, coja de nacimiento y judía…  escribió, entre otras obras, un interesantísimo librito titulado “Reforma o Revolución (1899)”, para refutar las tesis reformistas que por aquel tiempo dominaban en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).

Años después, ya sabrán, se opuso radicalmente a la  participación de los socialdemócratas en la I Guerra Mundial (1914): por ser un «enfrentamiento entre imperialistas» (A diferencia de su partido, en Rosa era más fuerte su conciencia de clase que su “sentimiento patriótico”. Pero ya sabemos, en las filas del SPD dominaban los reformistas y triunfó por abrumadora mayoría el belicismo. Ante aquel fracaso, Rosa llegó a plantearse el suicidio.). En 1916 participó activamente en la creación de la Liga Espartaquista (en homenaje al gladiador tracio),  grupo marxista origen del  Partido Comunista de Alemania (KPD). En 1919, tras la frustrada revolución de Berlín, en la que participó pero contra la que se había posicionado, fue encarcelada, torturada y asesinada a manos de los “freikorps” (15 de enero de 1919) junto con Karl Liebknecht   y otros  cientos de revolucionarios (Por cierto, en el gobierno el SPD).




A pesar de los 114 años transcurridos desde la publicación de este librito me ha parecido que el asunto que aborda, es decir, la denuncia del oportunismo, del reformismo burgués en las filas y sobre todo en los puestos de dirección de la organización obrera “supuestamente” marxista y revolucionaria, sigue estando, a mi parecer y para desgracia sobre todo de la clase obrera, lo que PODEMOS calificar de máxima actualidad (Y no me refiero sólo al súbito enriquecimiento personal de la mayoría de los parlamentarios de aquel SPD).

Sí señores, esta comunista, coja y judía, refutó, con la misma firmeza pero ciertamente con bastante menos aspereza de lo que acostumbraba a hacer don Karl, una por una todas las patrañas que el señor Eduard Bernstein había puesto negro sobre blanco en un burdo intento de dotar de una base teórica (“…reuniendo hasta el último escombro de confusión teórica que le fue posible hallar. ¡Ni la sombra de un pensamiento original!”) a su dominante y boyante  sector “reformista”, y mayoritario, dentro del SPD.

Rosa enseñó marxismo y economía en el centro de formación del SPD en Berlín antes de la I Guerra Mundial. Uno de sus alumnos fue el que más tarde se convertiría en líder del SPD y primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert. Y, hablando de “actualidad”, les recuerdo que fue la “Fundación Friedrich Ebert” la que, sirviendo de tapadera a la CIA, financió en la transición al “nuevo” PSOE de Felipe y Arfonso. Como los documentos alemanes y norteamericanos desclasificados han confirmado de manera fehaciente. (Ver “Soberanos e intervenidos” de Joan Garcés).




Retomando la reseña de “Reforma o revolución”, nos cuenta Rosa cómo el antiguo socialista Bernstein acaba deslumbrado por los “progresos” del capitalismo (“La situación de los obreros, lejos de empeorar, está mejorando. La burguesía es políticamente progresista y moralmente sana. No podemos hablar de reacción ni opresión. Todo está perfectamente en el mejor de los mundos posibles…”), y, en consecuencia, decide que la “socialdemocracia”, el partido de la clase obrera, debe renunciar a la conquista del poder y dedicarse “al mejoramiento de la situación de la clase obrera dentro del orden imperante”. ¿Recuerdan a Felipe y Arfonso renunciando al marxismo? ¿Han escuchado farfullar a Iglesias, Monedero o Errejón sobre la “ciudadanía” (“…sin distinciones, identifican al hombre en general con el burgués, y a la sociedad humana con la sociedad burguesa”), sobre “otra forma de hacer política”, sobre que el problema no es la lucha de clases sino la “casta” y un poco también “esos que son de una clase mucho más baja que la nuestra” (y encima, para justificarse del lapsus que “lamentablemente” había sido grabado, y en plena apoteosis de estolidez, cita -¡torticeramente, como Bernstein!- a Marx para sustento de su vil opinión sobre el lumpenproletariado!) y sobre la “transversalidad” social de sus propuestas?
Como decía aquel escritor judío, es tal la pericia que se gastan en el asunto del disfraz, que resulta difícil saber con cuántos hijos de puta se ha cruzado uno en la vida.

Sobre las posibilidades e instrumentos que pueden permitir a los trabajadores detectar a los “falsos” dirigentes, escribe Rosa: “No se puede arrojar contra los obreros insulto más grotesco ni calumnia más indigna que la frase ‘las polémicas teóricas son sólo para los académicos’” (…) “Mientras el conocimiento teórico siga siendo el privilegio de un puñado de ‘académicos’ en nuestro partido, éstos corren el peligro de desviarse”.
Como Gramsci, Rosa Luxemburgo lo tenía muy clarito, la clase obrera no puede dejar -¡seguir dejando!- en manos de estos mierdecillas pequeñoburgueses, los asuntos (“del dominio del pensamiento”) teóricos, filosóficos, históricos –pasado, reciente y actual-, ideológicos, científicos, políticos… culturales en toda su extensión y profundidad.
Un siglo después hasta el más ciego puede ver que el sistema capitalista ha conseguido, gracias a su hegemonía cultural sustentada en la propiedad de todos los grandes medios de producción y difusión propagandística y publicitaria, el pleno y sumiso “consentimiento” –a sus crímenes- de una gran mayoría de la población. Y es precisamente este control ideológico el que les permite reservar la represión más violenta, para los sectores que escapan, aunque sólo sea en parte, a dicho tratamiento “anestesiante”.



Ya por estos pagos, no se pueden permitir malos ejemplos -¡derrotas!- como el de Gamonal. Eso significó un fallo imperdonable (¡de control!) para el Sistema. Y que los muertos de hambre del SAT tuviesen los santos cojones de meter en Madrid millón y medio de personas manifiestamente hartas del puto sistema capitalista, tampoco fue plato de gusto. Un poquito de semiótica política sobre “el significado” y el porqué del “prodigio” PODEMOS, y quizás alguno abra los ojos y aprenda a “leer”, la “atrofiada” realidad sin las “patrocinadas” anteojeras de los medios de control y desinformación.


ELOTRO


¿PODEMOS recordar?: “Los jesuitas combatían teóricamente a Maquiavelo mientras eran en la práctica sus mejores discípulos”
(Gramsci y ELOTRO)




***

No hay comentarios:

Publicar un comentario