Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 29 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (19)





“Primero vive, después filosofa”. Ahora bien, hay quien “vive” únicamente, quien está constreñido a un trabajo servil, extenuante, etc., sin el cual algunos no tendrían la posibilidad de verse exonerados de la actividad económica para filosofar. 
(A. Gramsci)



Teoría y praxis (¿Cómplices de inoperancia?).

Hay teorías (disculpen pero lo que se lleva es no concretar) que pueden estropearnos la vida práctica para siempre. Te pones a cavilar (¿Desde dónde hasta adónde?) y no vives. Sabemos que después de toda teoría, nada. Y aún antes. Aunque menos. Todo es ponerse a pensar (lo escribo, una vez más el signo de los tiempos, como si sólo existiese una manera) y dejas de existir (ídem de ídem). Los que no piensan (y mira que da rabia pensarlo) son los que viven. Buena o mala vida es otra cosa: pero (más vale que obviemos calidades) siempre ocurre en otra parte, según pensamiento enunciado por Kundera.

Para algunos pensar (y llegar sin ningún esfuerzo a la conclusión de que todo está hecho un asquito) es un atajo-tobogán hacia el suicidio. ¿Quién no se ha suicidado más de una vez? (hay quien tenía premeditado y programado el suyo –no hay suicida que no se pirre por llamar la atención sobre su poético ombligo pre-suicida- nada menos que con veinte años de antelación: Gabriel Ferrater, sujeto conocido por su destreza a la hora de “registrar realidad”, aunque no nos aclaran si cuando montaba en moto, bebía, ligaba y follaba, lo “registraba” en el plano teórico o en la esfera práctica).

Hay otras vidas (más prosaicas que las de los señoritos intelectuales de la gauche divine barcelonesa) en las que se suicida uno por todo; sin ningún miramiento. Bien es verdad que los que saben, “empíricamente”, de la buena vida (por haber escarmentado en experiencia de hígado ajeno o por disfrutar -desde la mismísima cuna- de acceso a información privilegiada) sólo se suicidan en la inofensiva dimensión teórica, convenientemente perfumada de “malditismo cultureta”; por el contrario, en la práctica, son más de explotar, oprimir, joder y asesinar despacito, muy despacito, a congéneres de ambos sexos y económicamente inferiores (el primer y único –en la práctica- mandamiento de esta gentuza: “En la vida como en la lucha de clases”, y saben hacerlo sin que se note demasiado, les conviene evitar la publicidad de las conductas contraproducentes para los propios propósitos).




La praxis (y es una viciosilla manía que “prácticamente” le viene de fábrica) desnuda el pensamiento “puramente teórico” de su ropaje místico. Eso si existe el referido grado de pureza, si no, también. En el terreno empírico las teorías se la juegan (y ahí no valen “salvoconductos” emitidos en las teóricas instancias celestiales). En la barriobajera realidad práctica (donde las partidas se juegan sometidas a la ley de la gravedad), concurren teorías respetables y ridículas, desagradables y eficaces o agradables e inútiles (siempre nadando en el caldo de las contradicciones dialécticas. Por cierto, en este asunto tan difuso de la dialéctica, he creído entender que la clave está, además de en su fundamento materialista, en el enunciado: "a la vez"). Y, eso sí, por lo mismo, todas impuras.

Aquí no se conoce praxis que no esté constituida (debido al lógico roce e intercambio -¿de fluidos?- dialéctico) por sus respectivas dosis o fragmentos de teoría (pluralidad dentro de la unidad) ni se concibe práctica (por ídem de ídem) que carezca de antecedentes y componentes teórico-prácticos. Lo cual, todo hay que decirlo, no puede descartar completamente (el prodigio de la infalibilidad es otro camelo procedente del milagrero mundo celestial) el riesgo de asimetría teórica o  cojera práctica (pero sí consigue limitarlo de manera sustancial) en ciertos “andares” teóricos o prácticos o teórico-prácticos.

Resumiendo por así decir: que armados de un conjunto de “materiales-instrumentos-teórico-prácticos-lubricados en modo dialéctico”, también intitulado: “una guía para la acción”, hacemos camino al andar, sin olvidar de dónde venimos; y al mismo tiempo pensamos y valoramos nuestros pasos y el calzado que gastamos  y los juanetes que sufrimos y la huella que marcamos; y tanteamos con atención las señales del terreno (no es que no nos fiemos, es que no nos fiamos) , de su superficie y de más abajo, allí donde sabemos que se  afana, en el mismo afán, nuestro camarada “El viejo topo”; y a cada nuevo paso estudiamos las inclemencias del tiempo, la  resistencia del aire y las burdas ofertas de la propaganda enemiga; y repasamos la ruta y confirmamos o no  el trazado del camino o la voladura de “teóricos” puentes precariamente sustentados (siempre he olido de lejos al cartón fallero) en ortografías difusas; y analizamos nuestros voluntariosos presupuestos y objetivos objetivos y aquilatamos las fuerzas y los obstáculos que nos enfrentan; y los dignos motivos por los que nos pusimos, tomando el relevo sin más remedio, en lucha y en marcha (alguno habría que se aburría sin hacer nada) y las posibles razones (errores médicos o de la malherida naturaleza) de tanto fracaso; y la firme determinación de no abandonar, (nada por perder, todo por ganar) de aplicarnos con denuedo (la propia supervivencia de la especia humana en el esquilmado planeta ha dejado de ser cuestión “para pasado mañana”) en la tarea de seguir fracasando, de fracasar cada día mejor… hasta enterrarlos en el mar.
O algo así.


ELOTRO

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Ideas de Foucault sobre la incomunicabilidad: figuras de cera, injertos de piel, la presencia inhumana de los objetos.
(Susan Sontag, “Diarios”)

 


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