martes, 26 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (18)





Aquel hombre era a la vez célebre y tonto… “cosas que van muy bien unidas”, apostillaba el canijo y comedrogas Baudelaire.
(Manuel Vázquez Montalbán)


Alguien dijo que el mundo sólo empieza a estar claro (o en su caso fatalmente ilegible, añado yo), con uno mismo (todo lo fragmentado que se quiera) adentro (por supuesto consciente de). Claro que, en todo caso, conviene no escamotear la aportación de los mil “otros” que más o menos articulados o enlazados nos constituyen y tal. El mundo en nosotros y nosotros en el mundo, ¿un magma común?

El mundo sin nosotros, (que no dudamos que existir ya existía y que nada indica que con nuestra baja voluntaria no siga existiendo), nos da igual. Pero un mundo al que no pertenecemos, o hemos dejado de pertenecer, no nos ocupa más allá de algunas birutillas de nostalgia que inexplicablemente (otro enigma a la mochila) no acabamos de barrer aunque sigan supurando. ¿Antes suprimir el daño que vivir temiéndolo? Por descontado que desde ese mundo, del que en su momento decidimos soltar amarras y escapar, no nos han vuelto a cursar invitación alguna a eventos, festejos o bailes, circunstancia esta que evidentemente no sólo no  lamentamos sino que (sin alardes)  celebramos (en la intimidad), ya que, entre otras “solapadas formas de hipocresía” y bajadas de calzón, nos ahorra el consabido, convenido y estéril cambio de máscara (disfraz). “Máscara” aquí como sinónimo de “persona”, al parecer de los sabios antiguos, y el tal aserto no perdona ni a bobo rabicorto ni a listo rabilargo. Cierto que tampoco sospechamos, y habría que volver al hurgo, cuál pudo ser nuestro mérito (¿quizá el de no estorbar?) para la  ganada dispensa, para la licencia del tal trajín. ¿Cuál fue a sus pareceres nuestro afán para merecerlo? Una vez más estamos a oscuras, vamos, que ni puta idea, y no, no son ganas de lastimar, despreciar u ofender a los del “otro” mundo; más bien son ganas de comprender(nos). En fin, al asunto.

Pero, ¿qué asunto? ¿el mundo con el “YO” y “ELOTRO” ramoneando dentro? Hay mundos, muchos, probablemente demasiados, dentro de “el mundo” –“Ese mundo en el que los locos guían a los ciegos”-, que ofrecen dicen que “por ná y menos” (O sea, tasa de ganancia el triple del costo) un seguro refugio –una fortificación, un amurallamiento, convertible en una cerrazón (de postigos) miedica y despectiva… ¿o consistirá  más bien en un autoenjaulamiento?- contra el azote de los inevitables y muy testarudos vientos hostiles. Y hablando de vientos hostiles: Observen a ese Marx acarreando (en pleno parto de “El capital”) cucharillas de plata maciza –procedentes de la dote de su señora esposa- al Monte de Piedad (A su modo un castillo almenado con profundo y cenagoso foso y hambrientos cocodrilos incluidos) en Londres. Es sólo a modo de ejemplo y por supuesto ”No marxista”, Marx dixit. Recuerden aquello: “El arte de la necesidad es admirable: vuelve valioso lo mísero” (Bien se ve cómo iba y cómo va el mundo. Venga, el último, por hoy, de los crímenes ejemplarizantes: “Tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione”; son palabras del fiscal de Mussolini dirigidas a Gramsci. Era el verano de 1928 y los jueces fascistas le condenaron a 20 años, 4 meses y 5 días. Murió, el diagnóstico era clarísimo, desatendido si no empujado ( y bien que con reiteración y grosera saña se lo hicieron saber –¿lo primero, quita de ahí Hipócrates de Quíos, el juramento al fascio?-, ¿creen que se puede considerar una eximente política?) por los médicos fascistas de la clínica-cárcel, el 27 de abril de 1937. Basta de lamentaciones y lloriqueos. Hay que hacer algo, y ya…  ¿Aunque sea lo último que hagamos? (Pregunta, retórica si se quiere, dirigida a los NO escarmentados y otras especies inmoderadamente recalcitrantes.)



Dicen que la verdadera altura de la cumbre sólo la llega a conocer el que desde allí cae a plomo, pero, ¿quién lo dice, algún resucitao poseído del infalible axioma: “nadamos a favor de la corriente: no podemos fracasar” y consecuentemente ciego a las regresiones que…(“¡coño! ¿pero quién podía preverlo?”), nos acaban derrotando una y otra vez… ¡según nuestros propios e irrefutables cánones!?  No tienen ustedes idea de lo que significa que “el tiro de gracia” te lo peguen con tu “propia” escopeta en tu propio cogote.

Nos ahuyentan (esos que aún “no han cesado de vencernos” y no dejan de restregárnoslo), activamente en dirección a la resignación derrotista, contemplativa, pasiva y fatalista, a la catástrofe “en continuum” por ellos organizada -no, pero qué digo, ya les gustaría (por muchos doctorados honoris causa que adornen las paredes de sus prostibularias cavernas), a esas bárbaras alimañas, seamos pues algo más precisos: “provocada”).

Repito: Algo hay que hacer. Y no lo digo por halagarme.


ELOTRO

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-Veo que son ustedes muy amigos.
-No tanto…, es que ahora nos necesitamos.

( ELOTRO - Ramón y Cajal)



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