Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 20 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (16)








En la sustitución del antiguo relato por la información y la información por la “sensación” se refleja la atrofia progresiva de la experiencia.
(Walter Benjamin, “Sobre algunos temas en Baudelaire”)


Castilla del Pino y su autobiografía “PRETÉRITO IMPERFECTO”

“Wie zween munch in einer predig gefangen zu Brog im Flandern haben sodomitigsche gottlosigkeitt des Closters, der Obrigkheit an gegeben”

Lo que más o menos quiere decir en castellano: “De cómo dos monjes en un sermón en una prisión de Brujas, en Flandes, denunciaron a la superioridad haber impiedad sodomítica en el convento”

Pie de una litografía de Franz Hogenberg fechada en 1578 adquirida por Carlos Castilla del Pino en 1941 en el Rastro de Madrid.

Texto transcrito de la formidable autobiografía (primer tomo que abarca desde 1922 hasta 1949) de Carlos Castilla del Pino titulada “PRETÉRITO IMPERFECTO”, que acabo de leer.
 No sólo se trata de la autobiografía de un intelectual  de valía extraordinaria (neurólogo, psiquiatra y escritor), -nacido en una familia andaluza burguesa tirando p’arriba, de esos propietarios, “cuasiterratenientes”, de grandes fincas (luego de la guerra muy venida a menos) , y, por supuesto, muy de derechas, muy reaccionarios, muy del Antiguo Régimen- con una vida inusualmente rica y accidentada, intensa y variada en experiencias de todo tipo: políticas, militares, científicas, sociales… sino de un jugoso libro de historia “a contrapelo”, de la historia de este país contada, con varias décadas de distanciamiento, mediante prosa excelente y apasionada y notoria intención de objetividad y  buenas dosis de sinceridad crítica y autocrítica… y todo ello rebozado en un sutil e irreverente sentido del humor, digamos de calibre cachondo-agridulce,  por un testigo singularmente dotado, (“Máximo Temple” se hacía llamar en los billares madrileños) de penetrante ingenio y talento irreverente.

Y que temporalmente abarca desde mediados de los años veinte hasta finales de los cuarenta del pasado siglo –es decir, desde la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), pasando por la “dictablanda de Berenguer” (1930-1931), la proclamación en abril del 31 de la II República, el golpe de estado militar del 36 y, tras su fracaso en primera instancia en gran parte de España debido a la respuesta popular, la posterior Guerra Civil, el triunfo fascista (1939) y la criminal posguerra-  hasta el final de la década de los cuarenta. Como pueden apreciar, el periodo de por sí tiene tela… tela marinera… y el catedrático de psiquiatría que a sus 74 años publica este ensayo memorístico compuesto de 543 páginas de letra apretada no escamotea ni el más nimio de los pormenores, puntualizaciones o valoraciones –incluyendo relatos, entrevistas  y versiones de protagonistas recogidas muchos años después- del sinfín de acontecimientos: desde sus primeros recuerdos infantiles en San Roque, sus estudios en internados de Ronda (Salesianos) o Sevilla (Escolapios), el asesinato de sus familiares en julio del 36, su adscripción al Requeté, sus primeras experiencias como ayudante de forense en las autopsias o de Histología o Biología animal, o simples vivencias: su primera lectura, a los quince años,  de los diecisiete volúmenes de las obras completas de S. Freud, su afición a las corridas de toros de la mano de gitanos expertos en tauromaquia, a la música, a la literatura…    y anécdotas personales del más variado pelaje que jalonaron su azarosa vida durante esos primeros treinta años de existencia.

El niño de los Castilla (luego familia intocable, por mártir, a partir de julio del 36, aunque eso no le libró más adelante de algún rapado a cargo de falangistas locales) no puede asistir a la escuela pública, demasiados alumnos y de bajo nivel por clase que impide a los profesores volcarse en un trato personalizado, en su natal San Roque y es enviado interno a un centro salesiano de Ronda. Ahí padece un auténtico quirinal, conoce la brutalidad de aquellos curitas “indocumentados”, animales fanáticos  que disfrutan maltratando físicamente a los alumnos -y metiéndose en la cama con sus “preferidos”-, censurando el correo y las lecturas e impidiendo la más mínima intimidad o iniciativa individual fuera del sumiso y domesticado rebaño. Es el comienzo y primer fundamento práctico de lo que sería su consolidado pensamiento anticlerical y antirreligioso. De la misma manera que sus vivencias durante la guerra –los Castilla fueron la familia de derechas con más asesinados (en realidad, casi la única), cuatro miembros, en San Roque- y después de la “victoria”, en Segovia, cumpliendo el servicio en las llamadas “Milicias Universitarias”, significaron su definitivo distanciamiento del militarismo patriotero reinante “en la vida cuartelera embrutecida y chabacana” -protagonizada por tanto militarote y “falangista valeroso”- y su desafección progresiva del autotitulado: glorioso Movimiento Nacional.



Narra Castilla del Pino de manera precisa sus vivencias de estudiante de medicina en aquel “áspero Madrid de 1940 donde era duro sobrevivir”.  Describe la ciudad del frío inclemente y de las chinches que en la pensión  te comen vivo; de la achicoria que sustituye al café, de las batatas y boniatos a falta de patatas y de las castañas asadas a peseta el cartucho como toda cena; del chusco de pan y de las “envenenadoras” gachas de almorta y el temible y criminal “piojo verde”; de la compraventa de ropa y libros y del estraperlo de alimentos y medicinas (Chicote); de los carteles: “Piel, venéreas y enfermedades urinarias”; de su hambre incontenible y su afición a la leche condensada y de los conciertos de música clásica -“la “novena” no, no existía coro alguno”- en el Monumental y de los burdeles (“no tenía experiencia alguna de coito”) y prostitutas callejeras que abundaban por los alrededores de Antón Martín; de los decretos que prohibían titular con nombres extranjeros a cafés, teatros, cines y comercios: El famoso Café Lyon d’Or pasó a llamarse León de Oro. También nos recuerda que en Sevilla el golpista Queipo de Llano prohibió por decreto “el luto” en las calles. Se ve que el negro generalizado en las vestimentas de los familiares de las víctimas visualizaba demasiado los asesinatos franquistas. Nos habla también de “la miseria que no se deja ver porque avergüenza”, como en el caso de magníficos investigadores o científicos que, tras el triunfo fascista, habían sido despojados -"depuraciones políticas"- de sus cátedras “por rojos republicanos” y que sobrevivían a duras penas en cuchitriles inmundos mendigando traducciones a las escasísimas editoriales o esclavizándose “como negros” al servicio de los nuevos titulares, ¡los nuevos prebostes!: “ignorantes hasta un grado inconcebible”…


Da cuenta también de sus encuentros o contactos con Baroja, Benavente, Marañón, López Ibor (que en su primer contacto le espetó: ¡Olvide a Freud!), Criado del Val, Martín Santos, Juan Antonio Vallejo Nájera, (hijo del nazi Vallejo Nájera –coronel y catedrático- al que servidor tuvo la mala pata de conocer por motivos de trabajo, diseñar la portada de uno de sus libros, en un despacho madrileño de la editorial Planeta y comprobar que a esta gente lo único que le importa es la pasta, ¡todo por la pasta!), Gonzalo Torrente Ballester entonces profesor de instituto en Ferrol...
...el futuro ministro Gregorio López Bravo o el portentoso Manuel Fraga Iribarne primero de la segunda promoción de Caballeros Aspirantes a Alféreces de Complemento… o, entre otras muchas y significativas anécdotas, una impagable escena callejera de enfrentamiento violento entre monárquicos y falangistas con un tal Cristóbal Martínez Bordiú  de víctima protagonista “apalizada” que más parece un chiste esperpéntico, de los mejores, del gran Miguel Gila…

En fin, resulta sabido que no es difícil tragarse “un cuento” –aquí cada uno es libre de darse o no por aludido- hasta que alguien, un señorito andaluz ideológicamente desclasado hacia abajo, nos relata su propio, vivencial y documentado “contracuento”. Y añadir que ha resultado una lectura a ratos divertida y a ratos muy dura y siempre muy instructiva lo cual, supongo que compartirán conmigo, no es muy habitual y, por lo tanto, creo que se trata de una obra más que digna de ser recomendada. Yo que ustedes no tardaría en hacerme con este libro –por mi parte ya estoy en busca del segundo tomo: “Casa del Olivo”- que me atrevo a calificar de “imprescindible” por ir completando la “ocultada” memoria histórica de la “chusma enfadosa” (digo por ese cacho que contiene de “historia escamoteada”).

ELOTRO

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“El sistema capitalista ha disuelto la dignidad personal en el valor de cambio…”
(Karl Marx)
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