domingo, 17 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (15)










“La narración no pretende, como la información, comunicar el puro en sí de lo acaecido, sino que la encarna en la vida del relator…”
(Walter Benjamin)


Günther Anders "persona non grata" en los Estados Unidos.”

Escribo estas notas a propósito de mi penúltimo y creo que valioso descubrimiento: Günther Anders, seudónimo de Günter Stern, (1902-1992) filósofo, novelista, ensayista, escritor de  poemas, periodista… un intelectual judío de origen polaco. Fue un alumno de Heidegger y amigo de gente como Brecht, Benjamin, Marcuse… y el primer marido (1929-1936) de Hannah Arendt.
Participó con quince años y reclutado por la fuerza en la Primera Guerra Mundial. Con la llegada al poder de los nazis, era judío y antifascista, emigró a París en 1933 (de donde escapó ocultando el manuscrito de su obra capital contra el nazismo, “La catacumba molusa” -¿novela distópica?- y, sin salir de París, digamos que Sartre recibió su influencia al conocer su obra “Patología de la libertad”) y posteriormente a USA en 1936. En Norteamérica sobrevivió con diversos trabajos y  empleos en la industria (también ejerció de profesor particular de hijos de estrellas de Hollywood), vivencias estas que le proporcionaron material de primera mano para sus ensayos sobre la “sociedad moderna”. Hasta que en 1947 fue nombrado profesor de Estética en Nueva York. De la docencia debió de cansarse pronto porque fue en 1950 cuando se estableció en Viena y prosiguió con sus trabajos literarios y filosóficos y con sus militancias antinucleares y pacifistas, En 1967 formó parte del Tribunal Russell contra la guerra de Vietnam. Todavía en 1986 escribió su “Tesis sobre la violencia”, todo un alegato a favor de la resistencia violenta contra la violencia de los Estados (En alemán hay una palabra común para “poder” y “violencia”: “Gewalt”). Saquen, si así lo desean, las consecuencias.
La obra de Anders (que por cierto significa: otro; diferente; en alemán): rigurosa y seria en sus agudas observaciones y  análisis, muy documentada y siempre llena de vivencias personales, atravesada además de un fino sentido del humor,  apunta a lo esencial, lo que sin duda explica su, en mi opinión, extraordinaria  vigencia. Bien es verdad que hasta ahora sólo he podido leer, aparte de algunos párrafos y citas sueltas, un capítulo de su obra “La obsolescencia del hombre”, y es cierto que se trata de una pequeñísima muestra pero, sin embargo, confirma plenamente las valoraciones que anteceden.




Por abundar dos pinceladas sobre Günther Anders: una declaración tras su visita a Auschwitz en 1950: "Si se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente, responderé: en esta tarde de verano cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de cabellos humanos, de maletas sin dueño. Porque allí tendrían que haber estado también mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sentí -ya que no había sido un preso en Auschwitz porque me había salvado por casualidad- sí, me sentí un desertor".
Y la segunda pincelada: “Escribe al piloto del avión encargado de evaluar el objetivo de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima, Claude Eatherly, internado en un hospital de veteranos, un paria pero también una víctima. La correspondencia entre el filósofo alemán, el pacifista, y el aviador norteamericano fue publicada como Burning Conscience (Más allá de los límites de la conciencia). Un documento del miedo, de la irracionalidad, de la desesperación. A raíz de ese breve tomo, Günther Anders es calificado de "comunista" y "persona non grata" en los Estados Unidos.”
En fin, recordemos además que durante el dilatado periodo de la guerra fría era evidente, para cualquier observador (aunque la “mayoría silenciosa” parecía aceptar con tanta sumisión como indiferencia la posibilidad del apocalipsis nuclear), el permanente y angustioso y amenazante peligro de guerra nuclear entre los dos grandes bloques (incluso proliferó entre los pudientes la construcción de refugios o búnkeres “familiares”), se pensaba (al menos Anders) que ya no se vivía en una época, sino en su prórroga. Sobre el sofisticadísimo armamento nuclear denunció: “la vergüenza que se adueña del hombre delante de la humillante calidad de las cosas que él mismo ha construido”. Saquen, si así lo desean, las consecuencias.
Y con respecto a la sociedad de consumo y la tiranía del “Mercado” su agudeza no afloja:  “…el individuo debe insertarse en un plan, un programa de felicidad” (…) “…estamos metidos en un proceso que no necesita de ninguna cabeza pensante para ser orquestado. El mercado es ahora autónomo. No nos encontramos ya ante la cosificación del hombre, sino ante la pseudo-personificación de las mercancías, las cuales se convierten en nuestros modelos, nuestra matriz.” (…) ”La televisión ha substituido a la mesa familiar, no estamos más en círculo, reunidos en torno a una comida, sino yuxtapuestos como fusilados que el tubo catódico ametralla. Desde entonces, ya no hay más un interior ni exterior. Lo lejano se convierte en próximo, lo próximo, lejano: estamos en la no-distancia.” (…) “Los acontecimientos de todos lados llegan sin realmente llegar: la pantalla reduce todo a estado de figurita decorativa en el salón, entre la planta verde y el yorkshire. La violencia en la televisión no es nada en comparación con esta violencia de la televisión” (…)Las peripecias de la familia de la (tele)comedia nos interesan más que nuestra propia familia”…
Ya digo, son sólo unas líneas escritas en los años cincuenta pero no tienen desperdicio ni les falta frescura ni vigencia. Disecciona la publicidad; los medios de formación y desinformación; el esclavista mecanismo del pago a plazos; la ineludible e insoportable presión “consumista” social; la estandarización de los productos y los deseos de “lo que debemos comprar y desear comprar”; la falta de percepción sobre las presiones y violencias a las que estamos sometidos por el “Mercado” (…) “El drama, en todo esto, es la banalidad del mal cometido. Ya no hay necesidad de ser malvado para participar de lo peor: la división del trabajo nos convierte en unos irresponsables (…) no es ya el tiempo de Ricardo III, “decidido a ser un villano”. Basta tener la determinación de ser un funcionario sin imaginación. (…) La electricidad que consumo para escribir estas páginas colabora en la empresa nuclear…
En fin, cosas familiares para ciertos gatos escaldados…
En resumen, que deseaba compartir con ustedes el gratísimo descubrimiento -y si ya lo conocían, pues recordatorio-, de un intelectual de la talla de Günther Anders del que sin más demora pienso leer todo lo que haya al alcance (en castellano en mi triste caso, claro, idioma al que al parecer no ha sido traducida aún gran parte de su obra… pero esa queja la dejamos para el después…).






Fuentes utilizadas:
 Y aquí un artículo de Günter Anders: http://www.alcoberro.info/planes/Anders04.html


ELOTRO

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Dices tú de intelectuales…
Baroja en acto de fidelidad a Franco.
Le preguntan:   -Jura o promete?
Responde:      -Yo lo que se lleve.

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