jueves, 14 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (14)






 Toulouse Lautrec cagando en la playa.



“De entre las innumerables ideas y ensoñaciones sin ilación que cruzan, sin mirar, por mi mente, ninguna se libra de ser atropellada”.
(ELOTRO)


¿Una buena razón? Qué les parece el interés o la necesidad de pensar sobre algo… sobre algo que nos inquiete?. O de repensarlo. Por ejemplo una película, una novela, un poema, un artículo o una exposición o un barrio. No nos confundamos, cuando uno escribe unos apuntes sobre una película uno no está ejerciendo -al menos en mi caso no lo pretendo- de crítico cinematográfico. Ni si se trata de una novela de crítico literario, etcétera. Doctores tiene la Iglesia-Mercado, y para eso les pagan y por eso dicen lo que dicen y de la manera que lo dicen y ejemplos notorios sobran en los medios de desinformación. Así que no alcanzo a comprender por qué o para qué más de lo mismo o peor, en la mayoría de los blogs.

Resulta profiláctico y gratificante hacer cosas fuera de los círculos, y lejos de los ánimos y las intenciones, mercantilistas. Escribir para aclarar el propio pensamiento, tratar de seguir el rastro -a la manera de los huelebraguetas de la novela negra- de una idea o un concepto, y perseverar hasta conseguir agarrarla, destejerla y penetrarla hasta sus profundos mecanismos (lo que se consigue a duras penas porque con cualquiera no se dejan) y, por qué no, escudriñar esos oscuros rincones donde habita el horror –el negro corazón de las tinieblas- para, entre otras cosas, dispensarle una intensiva e inclemente sesión de torturantes cosquillas… hasta que cante…el gallo y desaparezcan los espectros. Proveerse de “otros” elementos de juicio frecuentando nuevas “malas compañías”, esas que en el mejor de los casos te arrastran a la perdición, y que, cooperen de buen grado  o no, nos permiten, una vez aceptado el desafío del conocer, visiones y entendimientos –de lo que hay detrás, de la máscara, del telón, del tras telón- de mayor riqueza y enjundia, más –en cantidad y calidad- fundamentados. Sí, me consta, de la ignorancia no salimos, pero al menos cambiamos de nivel, de zona, de perspectiva, de registro o como se diga. Y eso no es poco, es sabido que para eliminar los efectos de algo, la ignorancia por ejemplo, hay que eliminar sus causas, y no dedicarse a disimular, al autoengaño. Cierto que para ejercer la “funesta manía de pensar”, por muy lego que se sea en la materia, y, a pecho descubierto ponerlo y publicarlo negro sobre blanco, hay que poseer cierto mínimo coraje con el que enfrentar, entre otros previsibles efectos, las agresivas ironías de los expertos o enteradillos de turno, claro que… si las risitas autosuficientes de esos patanes sabihondos  te echan atrás… mejor dedicarse a vegetar. Alternativa que no resulta ningún sacrificio para aquellas cortezas cerebrales que presumen de una curiosidad plenamente satisfecha.

A veces, tras un somero contraste de “datos puramente librescos” quiere decirse fatalmente exentos de aportaciones “vivenciales”, enfrentados a su correspondiente contraste de refutación o verificación a la  “experiencia práctica”, el andamiaje teórico, el bello aunque definitivamente cojo enunciado, se derrumba, se viene lamentablemente abajo. Entonces aparece la cruda realidad: fuera de la esfera teórica (que no verifica ni refuta “en sí”), ciertos conceptos o ideas o máximas imaginadas y (mal) tenidas por “verdaderas” en aquella armoniosa burbuja idealista, nada más poner pie en el campo empírico, nada más “salir al mundo”, naufragan. Aunque, es de cajón, no del todo. No caigamos en maniqueísmos baratos, en interpretaciones dicotómicas, utilicemos, aunque no sepamos siquiera definirla de forma precisa (¡que definan ellos! ¿que definan ellos?), en nuestros análisis esa cosa -ese proceso- llamada dialéctica (con su "potencia" de proposición filosófica) , sea (¿eslabones inexcusables?), la de Platón, la de Hegel, la firmada por Marx (no confundamos la génesis con la validez) o todas esas vías (o estadios) juntas o revueltas en el lecho incestuoso (no me lo tengan en cuenta, porfa) junto a la llamada “sabiduría popular analfabeta”, esa que filosofa y habla en prosa sin saberlo y sin tan siquiera sospecharlo; y eso que los plebeyos nunca han andado, a la no escrita Historia me remito, escasos de raciocinio a la hora de "captar los cambios".Y como viene pintiparado ahí va otra cita de Manuel Sacristán: "Hace más de setecientos años que Hugo de San Víctor abría su Dialéctica recordando a los lectores que antes de que hubiera gramática la gente hablaba y razonaba antes de que existieran tratados de lógica".

Sigamos con el asunto de la adquisición de conocimientos –no sólo para la comprensión de las causas sino "un pensamiento que nos permita identificar racionalmente los factores y los agentes de una 'posible' sociedad justa y emancipada"- en sus diversos géneros; con la ampliación del campo de batalla de las ideas y las realidades; con las relaciones, antagónicas o complementarias -dicen los que saben, de opuestos dialécticos-,   entre forma y contenido (o materia); con el avance racional siempre apuntando en dirección crítica a la meta  de una "realización verdadera" empiricamente factible; el conocimiento de lo concreto y de los encuentros, relaciones e interacciones características con (y entre) el contexto; con las  lógicas internas, a ser posible liberadas, desde un punto de vista objetivo, de inconsistencias oscuras y equívocas… y alguna cosilla más que sirva de ayuda, orientación e instrumento a nuestras voluntariosas, pobres e inmaduras dotes naturales (y a la extendida afición a la vagancia) a la hora de procurar “disolver las tinieblas”, de realizar composiciones o descomposiciones, es decir, construir artefactos abstractos, análisis teóricos -y por lo tanto “decir algo”- lo más completo, honesto, concreto, objetivo y racionalmente consistente del “asunto o campo de investigación histórico, político, social o cultural” en cuestión.

Quizás, en el transcurso de las pesquisas, convenga alternar, no hablo de emplear las cuentas de la lechera equidistante, las cucharaditas de “sustancias” con los cacitos de “caprichos y divertimentos” (ya saben, algo de misterio, sexo, dudas, drogas…) que, eso por supuestísimo, no tiene por qué silenciar ni poner bozal a ninguna realidad -de afuera o de adentro-, “realmente existente”,  por incómoda, inadecuada, inconveniente o dolorosa que podamos sentir o experimentar… en cualquiera de las dimensiones de la “singularidad” que nos constituye.

No sé si estas notas -experiencia de escritura que ya no sé si me pertenece o ha dejado de pertenecerme- repletas de supuestos axiomas (antes) llevan a alguna parte (después)… ni a qué abocan… ni qué se puede derivar de ellas… y eso inquieta, ¡y crea! ¡crea inquietud! luego, ¡hacemos experiencia! luego, ¡¿hacemos (enriquecemos) cuadros dialécticos!? ¿es evaluable?

Y chapoteando en tal estado de cosas (lo que tenemos) , desprovistas de sentido racional, confusas e inquietantes, comprenderán que uno (lo que somos) no puede contentarse (si nos quedamos ahí y tal que así, nos hundimos con todo el equipo -es  "lectura" con mis propios acentos-), sino que más bien la situación (y nuestra "relación" con ella) nos empuja -o sea: la "existente" posibilidad de entrar en oposición lógica- a escarbar “en lo real”, a la manera de un viejo topo que abandonara su larga y supuestamente provisional situación de reposo contemplativo y, de nuevo, se apropiara decididamente del movimiento esencialmente transformador…


ELOTRO

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“La sombra va unas veces delante y otras detrás”.
(Séneca)
“Como el odio y la envidia”
( Ramón y Cajal)

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