Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 11 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (13)









“La brevedad o extensión de los escritos no debe medirse por el número de palabras, sino por el tiempo que nos lleva comprenderlas”.
(Tommaseo en “1912+1” de Leonardo Sciascia)


“Un toque de violencia” es una película de Jia Zhang Ke que termina con una pregunta lanzada desde un escenario (Ópera china) a unos espectadores: ¿habéis entendido el sentido de vuestra violencia?
¿Entender palabras, imágenes, políticas, creencias religiosas, ideologías, sistemas económicos, violencias de variado y confuso origen y pelaje? Pues la verdad no es poca cosa porque ya sabemos que no lo suelen poner fácil (se invierten sumas enormes en productos culturales para el mantenimiento de la ignorancia), pero ("Ignoramos e ignoraremos", Emil du Bois-Reymond) veamos si podemos esbozar algún pequeño análisis causal que nos permita  aclararnos aunque sólo sea en parte.

Leo por ahí que la película es un duro y descarnado retrato de la China contemporánea y, no se me asusten, consecuencia directa de la tiránica política de “capitalismo-comunista” (¿Cohabitan los sistemas antagonistas?) Sí, empezamos con formulaciones inconsistentes o infumables o, si no ignorantes, directamente indecentes.

No parece de recibo circunscribir, por muy china que sea la película aunque financiada en coproducción con Japón, asuntos como: la corrupción a todos los niveles institucionales; el neo-esclavismo como estatus “lo tomas o lo dejas” o “ahí te pudras” sin poder venderte como mano de obra barata en exclusiva para inmensas capas trabajadoras; el inexistente reparto, fuera “del to-pa-mí”, de la riqueza -ni siquiera ya mínimamente corregido o “suavizado” mediante política fiscal reequilibradora- y, claro, su inevitable fruto: la creciente y sangrante y cada día más insostenible desigualdad social; el rufianesco uso y abuso de poder, a todos los niveles sobre el inmediatamente inferior, pero fundamentalmente sobre la inmensa mayoría  por parte de esa ínfima minoría que es la “Oligarquía Internacional Financiera” –antes alias Trilateral y ahora apodada Club Bilderberg- y sus “aldeanas” marionetas políticas y, por no cansar, el dinamitado del Estado del bienestar y sus conquistas sociales y el imprescindible fortalecimiento de estados policíacos encargados de controlar férreamente al personal –con la ley y la propaganda- y en su caso reprimir a los más díscolos –con la porra y las cárceles-…¿les suena?...   ¿son fenómenos constituyentes de una dinámica del desastre que ocurren “exclusivamente en China,  sea esta comunista-capitalista o gato negro o gato blanco o viceversa”?




Claro que nuestro favorito todólogo-chateador  de El País, (periódico emblemático de la progresia del sistema y  de sospechosa obediencia capitalista-opusdeista) tan original como de costumbre en sus patochadas, nos apunta que “la película, interesante, densa, poderosa y terrible: denuncia (¿shakesperianamente?) que ‘algo huele a podrido en China”. 
No, no se mete nuestro primate espabilao, consciente de su poquedad mental, en camisas de once varas ideológicas y pasa de calificar de comunista o capitalista o mediopensionista al, esto sí, apestoso y “extremadamente violento” país amarillo.

Dejémoslo estar, pero que conste que no es eso lo que yo he visto en la pantalla, ni muchísimo menos lo que he “entendido” que nos muestra y nos cuenta el director. Yo he visto fábricas textiles (centros esclavistas de explotación intensiva) que me recuerdan a Zara, a Mango, a El Corte Ingles… y privatizaciones (robos y saqueos de lo público) que me recuerdan a Telefónica, Repsol, las Cajas de Ahorros… y centros de relax y prostitución para ejecutivos y mafiosos que me recuerdan a exclusivos prostíbulos de Mallorca, Marbella, Girona… y… ya paro, creo que han pillado mi peculiar y afortunadamente incurable sistema de “asociacionismo mental”… con una salvedad, mis referentes no tienen nada que ver con Mao ni con el comunismo-capitalista chino. Si lo sabré yo.
Vayamos pues al grano: creo que se trata más bien de pequeñas historias (cuatro episodios basados en la novela “La linterna roja” de Su Tong), que nos muestran otras tantas variantes de la violencia ejercida -mediante el enajenante trabajo asalariado en primer lugar-, en muy diversos modos y formas, sobre las masas trabajadoras por el “desregulado y por ello aún más descontrolado y desbocado” capitalismo global (si lo prefieren en su versión china) que predomina, tenga los ojos más o menos rasgados, en nuestros días en todos los rincones oscuros o luminosos del planeta (también gravemente esquilmado). Y, como no podría ser de otro modo, de algunas respuestas o consecuencias violentas y autodestructivas que provoca o no, en el personal sufriente, pero, mucho ojo, sólo ¡¡de manera individual!! (No vayamos a despertar los viejos fantasmas ochocentistas, esos sí, de alianzas de organizaciones internacionalistas y comunistas…)




¿O no están de acuerdo conmigo en que la pregunta que se nos dirige, como espectadores, en este caso europeos, del film, incumbe por igual a todos los voluntarios e involuntarios beneficiarios –blancos, negros, o amarillos del primer, segundo y tercer mundo- del glorioso sistema capitalista?
Otra visión, si lo quieren también sectaria, sería reducir, interesada y fraudulentamente, el campo de batalla a las fronteras chinas. Imaginemos un chinito (crítico o reseñador cinematográfico) de esos a los que todavía están reeducando desde la Revolución Cultural de los sesenta -cincuenta años de carrera- y al que no han permitido nunca salir de China ni tener acceso a internet… cierto que en tal caso podría entenderse tamaña ceguera “reduccionista y selectiva” a la hora de “enfocar” la realidad de la “violencia” estructural inherente a los modos y las relaciones de producción capitalistas. Y que, como cualquiera sabe, es planta “succionadora y carnívora” que hoy por hoy  se cría la mar de bien en todas las latitudes. Pero no, mala suerte, tampoco funciona esa hipótesis-coartada  puesto que la peli fue prohibida en China, así que no parece viable la coartada anti-maoísta-banda de los cuatro para ver, observar o detectar la extrema violencia “sistémica” únicamente en el gigante emergente y por ello peligroso acaparador de colosales cantidades de “dólares” procedentes de la emisión de deuda USA.



Añadiría además la lectura de reseñas de algún que otro memo que nos demuestra no ser tan memo cuando formula sus memeces: no se equivoca nunca cuando le conviene generalizar (recuerden, ¡la concreción es leninista!), habla de la violencia del poder, así sin calificar o determinar, nunca de la violencia, de la opresión y explotación que genera e impone sí o sí, y de forma aún más brutal y “visible”, no mejora con la edad, en periodos de crisis cíclicas, el “democrático” sistema de la propiedad privada de los medios de producción. Trataremos de sobrevivir con ese misterio. El de la ceguera selectiva y burdamente oportunista de la "casta" de los “orgánicos e independientes” críticos, reseñistas y propagandistas que son, siempre han sido, la voz de su amo, digo.

A todo esto el director Jia Zhang Ke declara que el tema predilecto que comparte con su generación es “la preocupación por los cambios sociales y las relaciones entre los individuos” y añade: “no enfoco mis proyectos desde una perspectiva comercial” (…) “Quizás en China el hecho de elegir no hablar de esos crímenes puede ser un crimen en sí mismo”.
¿No les parece enormemente elocuente: “…el hecho de elegir no hablar…”? En mi opinión ahí tienen la clave de este cineasta, ha elegido “no callar”. Y viendo esta extraordinaria película, es evidente que cumple su cometido con creces. Nos muestra cómo el capitalismo crea riqueza, para unos pocos, miseria, para la mayoría que vive por sus manos, y destrucción, también del planeta. Que les aproveche este retrato de "un inmenso rebaño de atontados en un ruidoso estercolero químico, farmaceútico y radiactivo" (M. S.).


ELOTRO


No es posible conseguir mediante reformas que se convierta en amigo 
de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es 
la depredación creciente e irreversible.


(Manuel Sacristan)

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