Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 5 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (11)





“Los colores están detrás de otros colores.
Tras ellos, los colores verdaderos toman distancias.
Todo brilla detrás de otra imagen que no alcanzamos a ver jamás.”

(William Turner)



Nos cuenta el folletito que: “La pintura victoriana, largamente denostada, conoce hoy una importante revalorización estimulada por el interés de grandes aficionados”. Tal cual, tomen nota del "sujeto revalorizador”: “los grandes aficionados”. No sé ustedes, yo, ni puta idea.

Alma-Tadema y la pintura victoriana, en la Colección Pérez Simón. Bueno, y ahora que lo transcribo quizá el Pérez este sea uno de los integrantes del comando revitalizador. En fin.
El caso es que no he podido resistir la tentación de anotar aquí alguna cosilla sobre esta expo. La pintura victoriana, tan académica y antiacadémica ella (Iban contra el presidente de la Royal, Joshua Reynolds; y unos años después volvieron a “revalorizarlo”), puede muy bien servir de disculpa para tratar algún asunto como, por ejemplo, el papel del arte y los artistas en su contexto histórico, político y social.
Algún dato curioso: la famosa hermandad pre-rafaelita (pintores, poetas y críticos) fue fundada en 1848, en pleno comienzo de lo que Hobsbawm llama “La era del capital”; precisamente el año de la publicación del Manifiesto Comunista y de la revolución en París; el mismo de la huida, para siempre, de la familia real borbónica de Francia… y, por ejemplo y para no dejarlas en el olvido como de costumbre, de la declaración de Seneca Falls, Nueva York, considerada como el primer manifiesto feminista… y ahora, si les parece, echemos una mirada a esa pintura que gracias a este, entre otros, millonario mejicano, comienza a “revalorizarse”. Quizás no nos aporte ninguna respuesta pero, sí creo que nos puede sugerir algunas preguntas. Me viene ahora a la mente el título de un cuadro de Hockney que se encuentra en otra sala de este mismo museo: "Hombre en un museo (O estás en la película equivocada).



La pieza “emblemática” de la expo, se nos informa, es “Las rosas de Heliogábalo” (1888). Se trata de un óleo de 214 x 132 cm. Y el asunto concreto: Heliogábalo es retratado al intentar asfixiar a sus confiados invitados con pétalos de rosas  soltados desde los paneles del falso techo. (Nota: en mi primera visita pude observar gran cantidad de jarrones repletos de olorosas rosas frescas repartidas por varias salas. En la segunda, dos semanas después, éstas habían desaparecido pero sin embargo el tufo a ambientador de Puti-club temático inundaba las salas. Un amable vigilante me informó de los posibles motivos: lo rápido que se secaban las rosas y la escasez de visitantes que atraía la expo).  Parece ser que se trata de un episodio “inventado” que también describieron en sus obras Suetonio y Petronio. Sin embargo se nos habla de “pura reconstrucción histórica”.



Esta pintura que decía repudiar “las composiciones vacuas y carentes de sinceridad” nos obsequia con la farsa de las ilustraciones de los eventos consuetudinarios grecorromanos y con hipócritas homenajes a esa cosa  que llaman “belleza formal femenina”. En mi opinión se trata de una pintura "charlatana", sustancialmente "chusca", especialista en vaciedades, con obras atiborradas de estomagante esteticismo, reinterpretaciones de reinterpretaciones preciosistas y empapadas de espurio sentimentalismo… y su ("cínica") declarada admiración por artistas como Fuseli o Blake sólo puede engañar a quienes se quedan satisfechos con las solemnes declaraciones y nunca pasan a comprobar, contrastar, su correspondencia con los “hechos” u obras tangibles…
En fin, me doy cuenta de que se me ve el plumero…  me estoy arrogando un papel que ni me pertenece ni nunca perteneció a los de mi clase. ¿Qué pintaban los pintores ingleses de la segunda mitad del diecinueve? Pues qué iba a ser, aquello que halagaba, (¡ni una puta critica! ¿las había agotado Hogarth?) y entretenía y decoraba la vida a sus comitentes, a sus amos, a sus señores… aquellos mismos que les premiaban sus servicios con los privilegios que les permitían vivir “por encima” de la hedionda ciénaga en la que se debatían sus contemporáneos, sus congéneres…(recuerden el "obsceno contexto social") chusma que en su puta vida escucharía el nombre del tal Heliogábalo. Pero,  comprendan que no deje pasar ninguna ocasión para recordar, lo que casi siempre se escamotea, el "componente ideológico" de todo producto cultural.




(Bueno, ahora que nadie nos ve, hablemos un poco de pintura. Cierto que estos prerrafaelitas y demás “victorianos” reivindicaron el dibujo como base fundamental de la pintura y el luminoso colorido de los primitivos, anteriores a Rafael. Vale, pero, ¿Con eso ya está la nave bien aparejada para zarpar?   Por no ir más lejos, ¿dónde dejan ustedes, (más allá de la meticulosa y si quieren sincera, “copia imitativa de la realidad”) ese poquito de imaginación o la saludable porción de creatividad y experimentación (en realidad eran conservadores, entendiendo conservadurismo como la incapacidad de crear cosas nuevas), o la aventura indagatoria o el catártico capricho… siempre, si así lo desean, dentro de los límites del minucioso dibujo o, si lo prefieren, el desbordado y  luminoso color? Lo cierto es que todo en esas pinturas está quieto, inmóvil, pasivo, inerte, a modo de "seguro refugio" frente al "movimiento constante" de la realidad, (nada vibra, no hay dinámica, es decir, no muestra, ni siquiera la pezuñita, de "la esfera de lo real") y, lo que es peor, artificiosamente muerto. Ahí, delante de sus sinceras narices, tenían ustedes la obra de Fuseli, de Blake o de Turner (por no citar a los innumerables maestros, italianos, españoles, franceses, holandeses… que, con campanuda displicencia, habían arrumbado bajo las estúpidas e incomprensibles etiquetas de manieristas, vacuos o insinceros) para caer en la cuenta de que ese barco, por otro lado tan bien dotado de bellas cartas de navegación “fuleras” y por ello sin la más mínima relación con los mares y océanos “realmente existentes”, ya había naufragado mucho antes de abandonar puerto.

¿Qué queda de la llamada pintura victoriana? Un pestazo a rosas de ambientador barato… y alguna cosa más… y, sobre todo hoy, unos cuantos millonarios que luchan por seguir engordando mediante el inflado de su cotización.)

ELOTRO


***
Mis ojos no ven claramente. La bruma se posa en este puerto y no zarpa.
 Llevo horas de tinieblas y soledad. La distancia no me ofrece nada.
 La luz no me pertenece.

(William Turner)


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