Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 18 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (5)




¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?

(Shakespeare, Ricardo III)


Manuel Vázquez Montalbán terminó de escribir su novela “Asesinato en el Comité Central” en 1981, yo la acabo de leer, en Madrid a 12 de julio de 2014 y, qué quieren que les diga, me alegro de haberlo hecho 33 años después de su publicación, entre otras razones porque a estas fechas ya sé, se saben, algunas cosas que ayudan a confirmar por ejemplo cuanto aparece de autobiográfico en la novela y, otras identidades emboscadas como la del llamado camarada Cerdán, en este lado del espejo el filósofo Manuel Sacristán, que en la Barcelona franquista ejerció de responsable político en plena clandestinidad del entonces militante pecero Carvalho/Montalbán.


También hoy resulta más fácil explicarse por qué el ex comunista y descreído Carvalho se declara “provocativamente” ex agente de la CIA. En fin, hoy conocemos que Montalbán, a primeros de los sesenta, fue sutilmente apartado del partido y vigilado de cerca en una micro-célula que le montaron a medida de posible traidor y con plantilla de lujo: Manuel Sacristán, Josep Fontana y Manuel Vázquez Montalbán : total pa no hacer ná. Y aquella falta de actividad fue lo que mosqueó seriamente a MVM. Todo fue debido a ciertas sospechas sobre su posible relación, -visitaba frecuentemente, ¡coño era periodista de sucesos!, una comisaría donde día sí y día también se torturaban comunistas-,  con la policía del franquismo o incluso con la CIA. Sí, más tarde se aclaró todo, entre otras cosas porque además el “sospechoso” fue detenido y enchironado, y la cárcel, ya se sabe, da galones, limpia y  abrillanta el currículum del agraciado. En fin, diez años y una chusca Transición después, el poco olvidadizo escritor ajustó, se entiende que literariamente, cuentas con lo divino y lo humano. Y Con Sacristán y con los policías torturadores que ya para entonces eran “demócratas de toda la vida” con sueldo y vidorra que no se la habían imaginado ni en sus mejores sueños falangistas e imperiales. Una cita: “- La Trilateral (¿o el Partido?) puede matar a un hombre sin quitarle la vida. Puede montarle una campaña de desprestigio aplastante.”



De adolescente yo leía con auténtica devoción todo lo que caía en mis manos con la firma MVM o con alguno de sus múltiples seudónimos, ya fuera en “Triunfo”, en “Por favor”, en “Interviú”, en “La calle”… pero claro, nunca en “Mundo Obrero”. Lo que conocía, que todo hay que decirlo no era demasiado, de la vieja historia del PCE me merecía y me sigue mereciendo todos los respetos, como por otra parte no podría ser de otra manera en alguien que se consideraba y sigue considerando orgullosamente comunista, pero hablando de la línea ideológica y la actuación política y sindical práctica desde finales de los sesenta y especialmente, de lo que fui testigo y no precisamente desde la barrera, o sea, desde el año 1974, de respeto ni mijita.
La estafa de la Transición, operación de maquillaje y homologación europea de la dictadura, hacía años que se venía venir (hoy existen datos y documentos que prueban el diseño y la dirección de la CIA en toda la operación con la colaboración servil y entusiasta de la Internacional Socialista por entonces presidida por Willy Brandt y, desde mucho antes, del Régimen franquista y sus servicios secretos), al menos desde lo que Carrillo llamaba despreciativamente las “cabezas de ratón” de la  extrema izquierda. Por cierto que Sacristán, que ya llevaba tiempo distanciado de la dirección, no tragó con el timo del Eurocomunismo y se largó con su marxismo y viento fresco hacia territorios eco-socialistas. MVM, en cambio se quedó en el PSUC, según él, para salir el último y apagar la luz. Pero esto es un cuento de otra novela.





En “Asesinato…” encontramos todo tipo de ingredientes, desde los ya citados marcadamente autobiográficos hasta un somero repaso por señalados jalones de la “gran” historia del PCE y del movimiento comunista internacional, ya saben, stalinismo, Budapest, Praga… curiosamente ni una sola palabra sobre Pasionaria… y por la “pequeña” historia de sus viejos y no tan viejos dirigentes,  destaca sobre todo el “arquetipo”, otra cosa no, Carrillo/Garrido, el “asesinado” secretario general (al que por cierto y en la realidad realmente existente y justo cuando MVM terminó la novela le quedaba poco más de un año en la “todopoderosa poltrona”.), individuo éste al que, en palabras de Gregorio Morán, “le bastaron 8 horas de reunión con Suárez para acabar malvendiendo y destrozando los 50 años de historia del PCE”. Hoy sabemos, hora más año menos, que lamentablemente, “monarquía y fiesta de la banderita incluida”, así fue.



Pero Carvalho también nos muestra sus múltiples habilidades y saberes culinarios y sus contrastados conocimientos vitivinícolas.
Su particular “Odisea” gastronómica en el Madrid que ya se embalaba hacia la “Movida”, va desde el caviar y el cocido de Lhardy hasta los choricitos a la sidra de Casa Mingo, pasando por Casa Gades, el tapeo en el barrio de Arguelles o el copeo nocturno en el Oliver que fue de Marsillach. Y entre libación e ingestión, introduce párrafos tan jugosos como el que sigue:

“Como habrá comprobado soy trotskista y ahora me preguntará ¿qué hace un trotskista como tú en un partido como éste? Ande, pregúntelo.
-Delo por preguntado.
-Evitarme a mí mismo la tentación de meterme en un partido trotskista. Ya lo dijo el Che: Si hay que equivocarse es preferible equivocarse con la clase obrera. Yo siempre he preferido estar donde estuviera la vanguardia objetiva de la clase obrera real y he abandonado a mucha gente, por ejemplo a mi hermano que es presidente del tiro de pichón de Coria y es amo de media provincia y a mi mujer que es marxista grupuscular. Ha pasado por todos los partidos comunistas pequeñitos porque tiene mucha capacidad de ternura. Le gustan los partidos de izquierda que son una monada. Cuando éramos novios si la quería hacer feliz le regalaba sillitas, cafeteritas. Recuerdo que el regalo que más la ilusionó fue el de una cafetera italiana que sólo hacía café para dos personas. En política era igual. Se apuntaba a la causa de todo aquel que montaba un partido de izquierda con veinte duros de marxismo. Ahora creo que es anabaptista marxista-leninista o algo así. Señor Carvalho, a mí me gusta equivocarme a lo grande. Aquí donde me ve me corresponsabilizo de todos los crímenes de Stalin y de todas las malas cosechas soviéticas desde que se puso en marcha la destrucción de los kulaks y de los pequeños campesinos privados. De lo que no me corresponsabilizo es de los gilipollas como mi mujer o Cerdán (M. Sacristan) que van por ahí montando puestos de baratijas ideológicas o inventando el marxismo jeremisiaco a lo Cerdán. Es obsceno. Van por ahí enseñando las pupas y diciendo: Nos han traicionado. Mierda. Que les den por el culo y mucho.”



Y, desde otra esquina, definitivamente se constata que los episodios de sexo no son el fuerte de MVM. Nadie es perfecto. Y entre lección y lección de historia, por ejemplo, nos cuela un cuento de indios, eso sí, alegórico y rigurosamente histórico, con protas como Caballo Loco, Nube Roja o Little Big Man… y aquí otro detallito envenenado: al “Gerónimo” sobre el que escribió su libro Manuel Sacristán, ni lo mienta. También nos coloca Montalbán, entre quema y quema “selectiva y vengativa” de libros por parte del ex lector y declarado abstencionista  Carvalho alguna que otra bibliografía marxista pelín “heterodoxa”: entre otros muchos (¿Su propia y real biblioteca base de aquellos tiempos?) cita a Lukács (político y filósofo marxista introducido y traducido al castellano por Sacristán), Stalin, Lafargue, Hobsbawm, Mao, Deutscher, Gustavo Della Volpe, Gramsci (Traducido por Sacristan), Togliatti (Político comunista preferido de Sacristán), Bujarin, Arrabal… o el “Escritos sobre Heine” también obra una vez más del filósofo Manuel Sacristán que se ganaba unas pesetas a base de traducir del alemán (Marx, Goethe, Heine…).
Y siguiendo con los ingredientes “literarios” también hay hueco en la novela para pequeñas pero jugosas críticas literario-políticas como las de las obras utópicas y distópicas de Orwell, Zamiatin y Huxley. Recordemos que “1984” estaba a la vuelta de la esquina.
Ese es MVM, un talento y memorión enciclopédico (“el peligro revolucionario nunca es cuantitativo, siempre es cualitativo”) probablemente algo menos amplio, riguroso, analítico y profundo que el de Sacristán, el cual contaba además con la ventaja políglota (latín, griego, alemán, francés…) que le permitía nutrirse de las fuentes originales; pero evidentemente mucho más aprehensible, asequible, apetitoso, digestivo y por supuesto divertido. Y MVM siempre invita a sus lectores "complices" a participar en el juego.
Ya en 1979 MVM, que, digámoslo todo, congenió de puta madre con el muy facha pero por encima de todo muy cuco y gran negociante José Manuel Lara (que incluso le avaló la compra de una magnífica masía) , había ganado el millonario “Planeta”, algo a partes iguales inalcanzable e inimaginable para los talentos y las circunstancias personales  del siempre austero y nada mediático filósofo marxista, Manuel Sacristán (del que por cierto nunca hubo noticias sobre actividad novelística pero sí he leído que escribió una obra de teatro que nunca se ha representado).



MVM en esta obra pone en boca de sus personajes frases que ya han pasado a la pequeña historia de la Transición como: “Contra Franco estábamos mejor” o esta otra en boca de Carvalho referida una vez más a Manuel Sacristán: “-A este hombre le debo un cincuenta por ciento de lo que he sido y absolutamente nada de lo que soy”; o, en otro orden de cosas, aquello que ya formuló Cortázar de: “…la inseparabilidad del objetivo de Marx, cambiar la historia y la del objetivo de Rimbaud, cambiar la vida.” En este sentido y en el tramo final de la novela Carvalho le espeta a Cerdán/Sacristán:
“-¿Has probado con un régimen de bacalao al pilpil, champán frío y follar como un loco?”
A lo que el propio Montalbán que no olvidemos es quien pone voz a Cerdán/Sacristán contesta:
“ –Tengo un humilde sueldo de adjunto. Tú, en cambio, no haces política, ni carrera universitaria, ni nada. Pero te van bien las cosas. Parecías tímido pero eres un hombre de recursos.”
Ya digo, en “Asesinato en el Comité Central” hay más de un ajuste de cuentas… ¿También auto-ajuste?
Por cierto, el asesino existe, y no es Oswald, pero sólo como Macguffin.
Y una conclusión: voy a leer toda la serie político-policíaca de Carvalho, porque pasar un buen rato, salpicado de nostalgia y alguna cosa más, está asegurado. Y sí, no es Chandler, pero es MVM y falta hace. Y, además, los que no hemos nacido sabios, de alguna manera tenemos que aprender. (Aunque tengo entendido que cada vez hay más gente que lee para no saber).


ELOTRO

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El padre de la verdad es el tiempo
y no la autoridad.

(Bertolt Brecht, “Galileo”)

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