Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 15 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (4)





¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?


(Shakespeare, Ricardo III)


“Omar”, una película de Hany Abu-Assad. Un cineasta palestino de nacionalidad israelí. Una de las pocas películas producida en su integridad con dinero palestino. Otro problema son las redes de distribución, de las que carecemos por completo, apunta el director. El estrangulamiento económico es un arma capitalista muy eficaz en la costosísima industria del cine… y si no hay oferta, no hay demanda. El caso es que a pesar de todo “Omar” consiguió llegar a Hollywood nominada pero… el ganador fue “La gran belleza”, ¿O era “La gran cagada?

En fin, el caso es que se estrena “Omar” en Madrid coincidiendo con un nuevo ataque israelí sobre Gaza. Cuando escribo esto ya se cuentan más de 100 muertos, 25 de ellos niños y más de 600 heridos palestinos… y cero muertos israelíes, aunque en el lado de los buenos existen algunos casos de ataques de ansiedad. Y un dato curioso, la televisión norteamericana, ABC News, utiliza imágenes de los bombardeos sobre Gaza y las víctimas palestinas para ilustrar y hablar del angustioso sufrimiento de los israelíes… el no va más de la manipulación y la desinformación. Y luego de tanto crimen y tanta mentira se preguntan los norteamericanos, sus socios protegidos sionistas ni eso, porqué son tan odiados…




Un muy lúcido norteamericano escribió: “Cuando los israelíes en los territorios ocupados ahora afirman que tienen que defenderse, se están defendiendo en el sentido de que cualquier ocupante militar tiene que defenderse de la población a la que está aplastando. No puede defenderse cuando se está ocupando militarmente tierra ajena. Eso no es defensa. Llámalo como quieras, no es defensa. Es un asesinato.” (Noam Chomsky)

Volvamos a Omar, un joven y atlético panadero de Cisjordania que se ha ido a enamorar de una chica que vive al otro lado del Muro de Berlín… uy! Perdón! Que este muro sigue en pie y tiene diez metros de alto y tropecientos kilómetros de largo y, además, ¡es defensivo! (Por cierto, disculpen un dato más: El Tribunal de La Haya sentenció el derribo de este muro de la vergüenza sionista a fecha 9 de julio de 2004, ¿estamos?)





En la peli se nos informa de lo que significa vivir en un territorio ocupado por un ejército racista. El muro y los controles militares con sus habituales provocaciones y humillaciones no facilitan precisamente la libertad de movimiento, las relaciones amorosas o de amistad. El control represivo del ocupante es casi absoluto, presumen de saberlo todo de todos, de tener colaboradores e infiltrados en cada calle, en cada escuela, en cada bar. Una situación límite que determina y lastra las conductas, los sentimientos íntimos, las fidelidades y las traiciones. “Omar” es una historia de amor, con algún rasgo shakesperiano, que discurre dentro de un territorio con una muy concreta y muy “emborronada” situación político-social que todo lo salpica de irracionalidad geopolítica. Pero no nos confundamos, no se trata sólo de una historia localista, de un relato alicorto y reduccionista que pierda “universalidad” o sentido y significado fuera de la Cisjordania ocupada.  Y tampoco es una película para paladares delicados, la materia que se nos ofrece es recia, nervuda, exige buena dentadura y masticación meticulosa y, aún así, la digestión no será fácil.





¡¿cómo hacen los palestinos para no reaccionar al terrorismo cotidiano que se ejerce en contra de ellos?! leo en un artículo de Emir Sader en Página 12. En “Omar” no veo “mensajes explícitos”, sí asistimos desde el punto de vista palestino al espectáculo de la vida cotidiana, y claro está a su denuncia, de un panadero, con sus miedos y sus paranoias (¿con quién estás y contra quién?), que no es indiferente a lo que pasa y le pasa y que por el contrario se compromete en la resistencia, en la lucha contra el opresor, y que del tirón, ¡qué remedio!, se enamora de una joven estudiante hermana de un amigo y compañero de comando y que, ni puede ni quiere resignarse a la humillante e indigna supervivencia que le concede como plato único el ejército sionista invasor. Dice el director: “En general, mis temas son amor, confianza, amistad y traición y cómo se comportan estos valores universales bajo las circunstancias más extremas; en este caso, la ocupación israelí de dos millones de personas en Cisjordania”.




Por cierto, me ha gustado mucho la “factura” de la película. El muy flexible tono narrativo, la calidez y el siempre adecuado “tempo”: ora calmo ora frenético,  ya sean escenas entre los enamorados o familiares o por el contrario espectaculares acciones de carreras o tiroteos; las muy medidas pero muy ilustrativas imágenes de las torturas o peleas carcelarias; las impresionantes escenas de persecución y escalada, los magníficos “bodegones” de la panadería, y los estupendos diálogos. El gag sobre Brando genial, y como otras varias pinceladas de humor, muy bien colocado o estibado, como si el director se tomase un recreo en medio de la tensión. Quizás me equivoque pero algo o mucho de esta manera de contar me ha recordado, saltando al terreno literario, las  obras "sobre la militancia y la lucha" de Erri de Luca y sus interludios llenos de senderismo y escaladas o  encuentros más o menos románticos.
En fin, una película dura pero estupenda, y creo que muy necesaria, digo para ayudar a desemborronar “el complejo y emborronado conflicto”.


ELOTRO


Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.

(Samuel Johnson)

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