Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 6 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (1)






“Di toda la verdad pero dila sesgada —
El éxito radica en el rodeo”

(Emily Dickinson)

Apropiémonos de los versos de la Dickinson y demos un pequeño rodeo. No es por fabricarme una coartada pero reconozco que soy un tipo con muchos prejuicios, por ejemplo: y en caso de no tener ninguna referencia de la obra o su autor, puedo comprar (cuando tenía capacidad adquisitiva) o dejar de comprar un libro por el diseño de su cubierta. Generalmente no sólo influye la imagen. También contribuyen el papel, la encuadernación, el texto de contraportada o las recomendaciones de la “faldilla” (Ya se pueden imaginar la suerte de los libros desconocidos por mí y recomendados por insaciables comisionistas como Fresán, Muñoz Molina, García Montero, Ignacio Echevarría….) Y el tacto y, en su caso, el olor.

El caso es que la película “Foxfire” se anuncia con un cartel publicitario que a mí no me gusta, que me repele. Para mí tiene toda la pinta de anunciar una intrascendente “americanada” de pandilleras para consumo de adolescentes descerebrados. Ya saben, rebeldía ultra violenta sin causa. Quiero decir sin causa social o política; ya lo ven, todo muy moderno. Esas películas que viven de espectadores “contenedores”, que, en su improbable caso, deben suspender frente a la pantalla y voluntariamente su credulidad o capacidad crítica y dejarse “llenar” de esa basura resultado de la mezcla arbitraria de ingredientes espectacularmente triviales, silencios escandalosos e infantiloides  trucos emocionales. Eso sí, todo ello envuelto en un ritmo apabullante, con una música electrizante y con una fotografía deslumbrante y con unos diálogos… bueno, con algunas “desternillantes” frases farfulladas… la bazofia “popular” (por la audiencia) de nunca acabar…

Pero bueno, al final pasé por taquilla y pasé un buen rato, tampoco para tirar cohetes, con la película de Laurent Cantet basada en una novela, dicen que de culto, de Joyce Carol Oates.

Y mira tú por dónde al tal Cantet ya lo conocía. Parte de su obra, digo. Hace tiempo pude ver “La clase” (2008) y “Recursos humanos” (1999). Dos películas que me habían parecido muy interesantes y cuyo descubrimiento me había sorprendido gratamente. Los tipos raros “que todo lo politizamos”, que a todo le buscamos motivaciones sociales, ideológicas o culturales insertas en esa “ficción” llamada lucha de clases.




En “Recursos humanos”, salen obreros considerados y tratados como mercancía. Y, en el caso del padre del prota, una mercancía vieja. Una mercancía que ha perdido, con los años, con el desgaste, una buena parte de su valor, de su productividad, de su capacidad de generar plusvalía.  Con las reglas mercantilizadoras en la mano, ha dejado de interesar y, la empresa, el patrón, decide desprenderse (aprovechando el debate político y social en Francia sobre las 35 horas semanales) de esa mercancía averiada, obsoleta, de ese lastre. Y da la puta casualidad de que es el propio hijo, ejecutivo en prácticas, el encargado de urdir el timo que evite que “el trabajo” entorpezca los intereses del “capital”. En esta peli salen negros, comunistas viejas y locas, sindicalistas socialdemócratas prudentes y moderados, obreros dóciles que acaban por hacerse preguntas sobre la precariedad de los salarios, la globalización, la robotización (creo que debo de volver a Marx y releer aquello de la transición entre la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa) la dependencia, la flexibilidad horaria y geográfica, la acentuada curvatura de sus espaldas… cuando se ven en la puta calle a cinco años de la jubilación soñada… y, además, no da respuestas… ni nos insulta con un final feliz.
Ya lo ven, situaciones y conflictos que no ocurren en ningún sitio del mundo globalizado… nada que ver con esas bandas de psicópatas armados (terroristas chavistas, norcoreanos, iraníes…) hasta los dientes que, para combatir el aburrimiento que les fatiga, entran en un centro comercial y asesinan (por puro divertimiento y para socavar el sueño americano) a cientos de inocentes consumidores ... y eso sólo antes de que salgan las letras… en fin.




En “La Clase”, tres cuartos de lo mismo. Sí, el cine de Cantet “también” es didáctico.  Enseña e instruye, como creo que hacen casi todos los productos culturales, aunque la mayoría se dedique a inanes glosas acríticas. La pregunta es, ¿Qué nos enseña? A mí se me ocurre que nos enseña a ver eso que tenemos delante de las narices y no vemos. Bien porque está demasiado cerca o porque de puro habitual nos pasa desapercibido. O, lo que suele ser más corriente, porque no lo queremos ver y menos enfrentar, a sabiendas. Hay "narraciones" que eluden la realidad, y también las hay que "crean" realidad: ¿Recuerdan "La Ola" de Dennis Gansel, basada en el experimento californiano?  
En clase como en la fábrica o la oficina… nos pasamos la mayor parte de nuestra vida, ¿haciendo qué? ¿haciéndonos qué? ¿Construyendo o destrueyendo qué? ¿Sometidos o sometiendo a quién? Esos lugares, esferas privadas o microcosmos comunitarios: casas, aulas, oficinas, cadenas de montajes, reformatorios, cárceles,  hospitales… llenos de gentes (he notado que a Cantet o a su ayudante de casting nunca se le olvida meter, en claro gesto a las minorías etnicas, un negro o una negra como poco) que instruyen y son instruidos, que explotan y son explotados, que someten y son sometidos… en fin, películas que no interrogan ni tocan los cojones con asuntos que no nos conciernen, y, por el contrario, sí entretienen y divierten. ¿Para qué va uno al cine?



“Foxfire” no es la típica película de pandillas. No nos cuenta una historia maniquea de buenos y malos. Alguna pandillera “buena”, en el sentido de cercana a la práctica y al pensamiento emancipatorio, igualitario y fraternal, acaba resultando "también" una despreciable racista; o sea: ¡Una pandillera revolucionaria y reaccionaria a la vez! ¡Qué ganas de complicar las cosas! 
Son adolescentes  cansadas de sufrir, en casa y fuera de casa, atropellos y abusos de toda índole multiplicados por su poco afortunada doble condición de mujeres y miembros de pleno derecho de la clase baja. Contra ese estado de cosas, ese embrutecedor y eterno meritoriaje sin salida, se conjuran y deciden resistir y contraatacar y organizarse clandestinamente; diseñan un logo y se lo tatúan, y dictan sus propias reglas y leyes… y a la lucha contra el opresor, machista y capitalista, que se tiran de cabeza. Y acaban estrellándose, aunque no todas y no para siempre, contra el muro sólidamente cimentado –la policía, las leyes, la religión (la escena del curita en la comida en casa del magnate anticomunista es berlanguiana-austrohúngara total), el poderoso caballero don dinero- de la sociedad bienpensante y bienviviente.



¿La historia de siempre? Me parece que no, ni tan siquiera en la forma (¡tantas tías y tan poco sexo! ¡Ni tan siquiera lésbico!) más bien resulta su contraria, o sea, un relato atípico porque en la historia que nos han vendido siempre, la del triunfante sueño yankee, no aparecen, por poner un solo ejemplo, entrañables y resistentes viejetes, un personaje que no sólo físicamente me ha recordado al gran Peter Seeger, comunista y brigadista internacional,  (¡relatando desde su propio punto de vista y de clase!) que recuerda emocionado las fechas revolucionarias que jalonan la lucha, los triunfos y derrotas, de la clase obrera internacional… desde la Revolución francesa pasando por la Comuna hasta 1917… y sí, apunta aquí la historia (en una de las últimas imagenes aparece en la portada de un periódico una de las pandilleras en la Sierra Maestra junto a un barbudo) hacia esa “continuidad en la lucha” que inexorablemente, mal que les pese, seguimos, porque nos sobran los motivos, eslabonando…

Por último y para dar por terminado el rodeo que nos aconsejaba la Dickinson, destacar el casting, una pandilla de soberbios actores "desconocidos". Y la banda sonora con temas de los cincuenta. Ya les digo, salvo mis prejuicios sobre el cartel… me ha gustado mucho este instructivo reencuentro con el cine de Laurent Cantet, con su manera de "pensar" los conflictos, lejos del dicotómico pensamiento lineal, con todas sus variables interrelacionadas, bueno, esto último es un decir seguramente excesivo, y en toda su complejidad dialéctica tal y cómo vemos, o deberíamos ver, que se dan en la praxis cotidiana; y, en fin, de mostrar y “registrar las contradictorias dimensiones morales, éticas y sociales de la realidad en contextos determinados”. Cómo era aquello de que el autor escribe lo que puede y el crítico lee lo que quiere?

Termino diciendo que escribir este tipo de notas me pone de buen humor. Me alegra comprobar que cierto cine puede ser, además de alegre entretenimiento, alegre conocimiento. 


ELOTRO


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En la medida de que las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son seguras, y en la medida en que son seguras, no se refieren a la realidad.
(Einstein)


“Hay que dudar de todo”
(Matemáticas, prejuicios y realidad incluidas)

Carlos Marx


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