jueves, 17 de abril de 2014

Un traspié a cada paso.




“Una aventura posible: El encuentro de un signo y de una intención”
(Roland Barthes)



Me acuerdo de aquel tren de justificaciones que llegó antes –aún hoy no se puede precisar cuánto- que el Tabú que emperifollaba y sustentaba (O sea, que se adelantó la parte estética y la previa estructura básica).

La represión es instrumental o no será.

La Vanguardia, sin ningún reparo,  toma la inmensa mayoría de sus ingredientes de la Tradición. De tal modo que toda su aportación, fascinante o no, consiste sólo en alterar la heredada formulación clásica. (O sea, modificar el inacabamiento original).

A este paso, en este atrasado país, el pasado nos adelantará por la derecha, por donde las cunetas llenas de inexistentes fosas llenas.

Cómo será la “cosa” que ni la sapiencia a posteriori se demuestra infalible.

Veleta de mando: lo más corriente entre la gente corriente es dejarse llevar por la corriente. Y así desfilamos todos canalizados “en la buena dirección” y ¡pagando religiosamente el recibo de la corriente!

El gobierno ppatriótico ppeppero expulsa ilegalmente a siete inmigrantes después de compprobar que lo único que buscan es la “foto” con los “dudosos” cortes manando sangre posando encima de la valla. (¡Coño, dice el meapilas del ministro oputarra, un respeto que estamos en Semana Santa, por los clavos sangrantes de Cristo!!!)

La frontera que distingue a los pobres de los ricos es la línea del horizonte que separa lo prohibido a los pobres y lo permitido a los ricos y “donantes, aforados o chorizos indultables”.

Una ley fiscal que castiga una “nómina” de 1000 € con el 21% de impuestos y una “SICAV” de 2,5 millones de € con sólo el 1%, es una ley de clase; de clase criminal.

Ha cambiado el signo de los tiempos: ya no es “derecha” ni “izquierda”, ahora es “cercano al poder”. (Al alcance de la lengua, por precisar).

Los financiadores, controladores e instrumentalizadotes del “poder intelectual”, niegan la existencia de éste. Bueno, esa es también su potestad, y nunca dejan de ejercerla.

Se hacen llamar (quiero decir, los propagandistas) “revoluciones” pero el caso es que se limitan a enturbiar las “formas” (demostrando que ésta también tiene su valor de uso) pero, curiosamente “respetan y conservan” el fondo, o sea el contenido, o sea: la esencia ideológica.

Se pregunta “El País”, ¿quién teme a PODEMOS? Pero yo creo que la pregunta debería de ser: ¿Quién puede temer a PODEMOS? (Lumpen aparte, se entiende).


ELOTRO


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"No hay libro malo que no contenga algo bueno.
(Plinio el Viejo)


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