Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 28 de abril de 2014

Josef Albers




En la Fundación Juan March (El banquero que alentó y financió el criminal golpe militar de 1936) una gran exposición de Josef Albers titulada “medios mínimos, efecto máximo”.

La muestra se compone de un centenar de pinturas –óleos, dibujos, acuarelas, collages…- y de piezas de mobiliario, objetos, fotografías… los organizadores dicen que se trata de algo más que una retrospectiva (ya saben, hoy todo tiene que ser “algo más” o llegar “más allá” o cualquier otra expresión chorra mamada del “eficaz” argot publicitario con sus “novedad”, “nuevo”, etc. y que incluso ha llegado a los partidos políticos de laboratorio que también venden sus conceptos de más allá de la derecha, la izquierda, el centro, las ideologías o el arriba y abajo… ¡y los fans consumidores pican con gusto!).




Albers fue alumno y después maestro en la Bauhaus de Weimar y Dessau y más tarde en los USA, docente en Black Mountain College. Y profesor en la universidad de Yale. Ciertamente un tipo además de talentoso -teórico del arte, pedagogo, diseñador, poeta-, privilegiado. Participó de manera importante en las que posiblemente -desde luego la Bauhaus, y a mucha distancia, la que más- fueron dos de las más avanzadas y revolucionarias, además de influyentes, experiencias de enseñanza y práctica del arte en el siglo XX.





En el folleto se nos dice que: “…en sus textos Albers rentabiliza inteligentemente sus ideas, haciendo con ellas inversiones en campos tan diversos entre sí como la creación artística, la conciencia histórica o de lo contemporáneo, la tipografía, la enseñanza del arte, el arte abstracto, el color, el diseño, la arquitectura o el sentido de la existencia”. Leyendo este párrafo y su inequívoco “espíritu economicista” me he quedado anonadado, ¿estarán los de la March reciclando agresivos ex-jefes de sucursal en comisarios o curadores artísticos?



“Economía de medios”, “ganancia”, “economía de la forma”, “economía distributiva”, “amortización”… en fin, la criatura que ha redactado tan burdamente el folleto -me parece que confunde el afán de simplicidad, de síntesis, con lo que suelen llamar los modernos emprendedores: "optimización de costes productivos"-, con retales copiados y pegados de aquí y de allá, tiene claro el léxico que debe emplear -porque la base de argumentación sobre el concepto de "economía" en Albers es desde hace tiempo un clásico de la historiografía crítico-artística-, el “mensaje” que debe de transmitir y el “medio” que le da de comer… lo que no parece conocer, ni de lejos, es algo sobre el espíritu y la filosofía (enseñanza teórica/trabajo práctico,”aprender con la práctica”) y la “muy determinada y radical orientación “socialista” en el plano político y social” de su concepción del mundo –faceta esta omitida en el folleto, desconozco si también en el carísimo catálogo- y del nuevo papel que debían jugar el arte/artesanía y los artistas/artesanos -sus dos progenitores, su padre rotulista; procedían de humildes familias artesanas- en el seno de la sociedad (República de Weimar, 1919) que inspiró, financió y desarrolló la Bahaus durante sus, ciertamente desiguales, catorce años de existencia institucional a principios del siglo XX.





El hecho de que Albers no fuera precisamente uno de los miembros “inspiradores o fundadores” no es razón para pensar, y así creo que se insinúa implícitamente desde la tendenciosa y acentuada perspectiva “economicista” del redactor/contable, que no participara de aquellos “valores” originarios –auténtico sustento de la increíble y variadísima siembra y cosecha de ideas/prácticas y proyectos vanguardistas que bullían y tomaban cuerpo en las clases y talleres- , primero como alumno -de Johannes Itten- y luego como profesor, “valores”, repito, que son los que precisamente dan prestigio a su “curriculum”, y los que le abrieron posteriormente las puertas de la Black Mountain y Yale.



Traigo aquí un relato de una estudiante de la Bahaus sobre el estilo pedagógico, era el núcleo de su arte, de Albers:
“Entraba en la sala con un montón de periódicos bajo el brazo que mandaba repartir entre los estudiantes… Señoras y señores, somos pobres, no ricos. No podemos permitirnos malgastar material ni tiempo. Debemos convertir lo peor en lo mejor. Cada obra de arte cuenta con un determinado material de partida y, por tanto, primero debemos investigar cómo está hecho este material. Para ello, primero deberemos experimentar, sin confeccionar nada. En estos momentos preferimos la habilidad a la belleza’ (…)





Piensen que en general conseguirán más cuanto menos hagan. Nuestro estudio debe fomentar el pensamiento constructivo. ¿Me han entendido? Ahora quiero que tomen los periódicos que les he dado y los conviertan en algo más de lo que son ahora. También quiero que respeten el material, que lo configuren de forma razonable y que tomen en consideración sus propiedades. (…)




Horas después volvió y nos mandó que repartiéramos los resultados de nuestros esfuerzos por el suelo… Había máscaras, barcos, castillos, aviones, animales y distintas figurillas muy imaginativas. Las calificó de baratijas de parvulario… Entonces señaló una construcción de aspecto extremadamente simple que había confeccionado un joven arquitecto húngaro. Se había limitado a doblar el periódico a lo largo para que se sostuviera de pie en la forma de unas alas. Josef Albers nos explicó lo bien que había entendido el material, lo bien que lo había utilizado y lo natural que era el procedimiento de doblado en el papel, puesto que con él se conseguía dar rigidez a un material flexible, tanta que lograba quedarse de pie sobre su punto más estrecho, el borde. Además, aclaró que un periódico sobre una mesa sólo tenía una cara visualmente activa, que el resto resultaba invisible. Ahora el papel estaba de pie, resultaba activo visualmente por ambas caras.”

Bueno, a pesar de la extensión de la cita, creo que resulta enormemente ilustrativa sobre la metodología pedagógica de Albers, enfocada fundamentalmente a la formación de creadores para cometidos prácticos, y sobre “su concepción” del arte y el diseño aplicado. Y además me ahorra escribir un montón de tonterías que, en el mejor de los casos, poco o nada aportarían a lo que cada uno pueda “ver” o, por mejor decir, “percibir experiencias sensoriales” (de ahí quizá el "Prefiero mirar con los ojos cerrados" o ¿qué cosa querrá decir?), en la variadísima y siempre extraordinaria y no poco misteriosa obra que nos ha legado  el maestro conceptual, minimalista y abstracto, Josef Albers.

ELOTRO





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