Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 3 de marzo de 2014

Por lo menos, así me parece…






DANTE SOBRE LA TROIKA:
“Son tiranos,
Y sangre y robo fueron su consejo”
(Canto XII del Infierno)



Piarla por los codos de lo que no existe más que como fruto de la desinformación de los medios del Régimen y callar como un puta sobre lo que existe realmente, ¿eso es cretinismo parlamentario o ficción electoralista? Y digo más: La política criminal que dicta la Troika tiene una presencia constante en el debate del estado de la nación: DEN; aunque disfrazada: una vez de azul PPSOE y otra de rojo PPSOE.


Erráticas elucubraciones sobre el que parte y reparte: De la evidente usurpación que hace la “parte” (que reparte) del “todo” (a repartir). ¿Quién ha dado o da parte? Y ya que  vamos por partes, otra cosita: ¿Es eso “todo”?
Moderato cantabile en las formas de las “partes” y radical en el fondo del “todo”. Un dechado de sensatez en el “todo” y algo locuelo en las “partes”. Quizá por eso dicen que el territorio del “todo” se explica en sus “partes”. Ya se sabe, el relativismo no tiene dueño. Si acaso: dueños relativos.
Sin embargo, a lo largo de la “historia” la parte siempre ha tomado partido por el “todo”; y por el contrario el “todo”, a la hora de la verdad minuto arriba minuto abajo, siempre ha basculado entre el  ir demasiado lejos o el quedarse demasiado corto. O quizá víctima propiciatoria de la comedida duda hamletiana entre el “no te metas” o  el “nunca haces lo bastante”.  El caso es que el “todo”, sea  por uno u otro motivo, siempre anda “con el “todo” partío”, o sea: hecho unas partes.
Si destapamos la olla podrida del “todo” emanan los fétidos aromas del caldo de cultivo en el que se mezclan, debaten y sudan todas las “partes” que conforman el “todo”. Su inhalación tiene consecuencias inmediatas: atonta. Imposible ante tal desaguisado delimitar responsabilidades o aislar culpabilidades de las “partes” o del “todo”. Es un puto flipe, vemos cómo la propia búsqueda de conocimiento queda fuera de nuestro alcance, no hay manera, no se nos permite saber. Ya se sabe que cuando se sale a la busca es mejor no saber de qué. Lo contrario puede llegar a ser apestosamente frustrante.
Cierto que en la olla nos enfrentamos a todas las “partes” del “todo” reunidas. Me pregunto si siempre será así, es decir, si la existencia de un “todo” requiere de la unida y permanente presencia de todas las “partes” que lo constituyen como tal.  Pienso que si pudiésemos coger desprevenida a una o varias de las “partes” en un momento de holganza o esparcimiento alejadas de sus iguales, quizás sería una buena oportunidad de conocer a la “parte” más allá del límite del contexto del “todo”. ¿Con qué motivo? Pues para empezar podría ofrecernos  una trocha alternativa a la ya conocida por su tufo y por no llevar a lugar alguno. Claro está que la hipótesis formulada sobre la libertad de movimientos, digámoslo así, de las “partes” que componen el “todo” no deja de ser un supuesto que se encabalga sobre otros supuestos igual de hipotéticos sobre por ejemplo la naturaleza de los lazos (o leyes, o reglas, o eslabones, o intereses) que unen, sueldan, atan o asocian a cada una de las partes entre sí y a cada una de ellas con el “todo”. 
Y otro enigma, entre muchos, que me inquieta: ¿Poseerán las "partes", solas o en compañía de otras, el poder de hacer fracasar el "todo"? 

Eso, de momento, es todo. (de mi parte).

ELOTRO

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“Odio esa clase de cosa que se yergue y se admira a sí misma”.
(Raymond Chandler)


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