Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 1 de marzo de 2014

Por lo menos, así me parece…





“Donde está el peligro crece también lo que salva”
( Hölderlin)



Cualquier 23F: Aún en el improbable caso de que usted ya se atreviese con cualquier pregunta, solo recibiría una respuesta cualquiera… y esa debería ser una conexión que cualquiera que por fin se atreve a preguntar debería presuponer en quien por fin accede displicentemente a responder. Preguntas el porqué, no el cómo; y te responden con el hipotético cómo de un inexistente porqué. Pero se trataba de un tanque de la OTAN y Suárez no se apartó a tiempo. El perro del tricornio y el facha acorazado no frenaron a tiempo. Otro día hablamos de cómo como.

Da igual que sea gracias a Évole (estrella televisa de “izquierdas”) o a Marilo (estrella televisiva de “derechas”), lo importante es que el rebaño digital se de cuenta de que compone una bonita masa dúctil y fácilmente manipulable (por parte de las estrellas “invisibles” del Poder).

Hay preguntas que empujan de tal modo a su correspondiente respuesta (o respuestas) que la acaban sacando de quicio, del tema, del asunto, del debate, de la tertulia, de foco, de cámara… y hasta del plató. Y fuera de la programación ya se sabe, nada existe.

Dicen que incluso más allá de la gran frontera: “Ciencias o Letras”; la carrera universitaria que curses -horas lectivas en la cafetería incluidas- acaba estructurando tu mente de una muy determinada y diferenciada manera. En el lamentable caso de no haber estudiado ninguna ciencia ni letra, la mente desestructurada (quiero decir el cerebro carente de estructura diplomada) resultante pertenece sí o sí (o sea, impepinablemente) al  estereotipado tipo estándar. Tipo este muy demandado por la chusma –casi un monopolio- en el que  entre sus corrientuchos componentes suelen existir, por decirlo todo, pequeños matices diferenciales que, la verdad sea dicha, de puro irrelevantes resultan absolutamente indetectables para una mente superior, quiero decir: estructurada universitariamente por el Sistema. (Por ejemplo, véase si se quiere, si se puede, si se dispone de tiempo: el saber estar y el saber ser de unos y otros a la hora de poner en práctica -siempre dentro de las normas estructuradas y las reglas estructurales del sacrosanto Sistema- los modelos y modales  de los eructos electorales. Lo de los güevos es otro rascar).

“La verdad es el todo”, dicen que dijo Hegel. De lo que puede deducirse -por entretenernos un rato- que eso que llamamos verdad, dada su magnitud,  es algo para el común de los mortales más bien  inabarcable e inalcanzable. Imposible, en su totalidad, de probar y hasta de “comprender en sentido positivo”. ¿Estamos ante una afirmación que nos estimula a “conocer”, o por el contrario consigue desmotivar nuestro pequeño o gran interés cognoscitivo? Me inclino a pensar –por simplificar que no por trivializar más de lo imprescindible- que la afirmación de Hegel busca producir un inspirador efecto de  acicate, de incentivador impulso. Bien leída no veo que marque ni excluya a priori ningún método, ni siquiera elige, favorece o descarta camino alguno. Sólo fija la meta, la verdad: el todo.  De tal manera que cada uno podría probar fortuna en abordar, -escoger la herramienta de análisis y la naturaleza de sus puntos de salida y de llegada- la tarea de conocer y comprender delimitando todas las partes y todas las partes de las partes… las partes concretas -las que, en su conflictiva peripecia, lo integran y las que lo desintegran-  de ese  todo que sería la suma de todos los todos “concretos” de todas las partes “concretas”, de su espíritu y de su materia. Amigos, hay tajo.

Hay preguntas que tienen cara de haber leído demasiado y visto poca o ninguna televisión. Y eso son ganas de buscarse identificaciones selectivas calificadas de arbitrarias, sanciones, criminalizaciones y problemas sin visos de encontrar respuesta. ¡¡Caballeros!! ¿Hay más putas preguntas de esas?


ELOTRO


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“Arrojar la cara importa, que el espejo no hay de qué”
(Quevedo)


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