Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 24 de marzo de 2014

La grande belleza?




La grande belleza?


En “La gran belleza” todo es grande – menos la editora enana- pero yo no veo “la belleza”, ni siquiera chica, por ningún lado. Para troncharse de risa si no fuera porque....
-Tú siempre llevando la contraria al personal,¡qué vicio!. Pues de obra maestra está ya catalogada… lo dice “todo” el mundo.
Si tú lo dices. Me la he zampado enterita, más que miope debo de ser ciego. ¿Dónde la gran belleza? Me hago un lío cuando Sorrentino admite la “ineludible” influencia de Fellini y su “La dolce vita” o “Roma”. Será que no era mi día, que no he saboreado adecuadamente la “peli”, y  que sólo la he engullido, como los pavos, sin más. No sería la primera vez.
Pero como que no. Y mira que me había gustado “Il divo”, del mismo director y con el mismo actor prota, allí hacía de un Giulio Andreotti inmenso,  Toni Servillo.
Pero, pero, “La grande belleza” me parece una gran cagada. Lo digo como lo sentí al verla y como lo siento ahora que días después escribo esta nota. De verdad, no es por llevar la contraria a tanta gente a la que  respeto y con la que comparto muchas afinades… y que habla, ohhhh!, maravillas de esta “peli”.
Si acaso, salvo la escena de las divertidas acrobacias balompédicas del futbolista retaco en calzoncillos. Esta sí, digna de Fellini. Y algunos momentos fugaces…
Sin embargo, el tratamiento “sarcástico”, que ni cosquillas les hace, de la CuriaVaticana, no admite ningún parangón con el maestro. Corramos un tupido velo sobre el cardenal de Sorrentino y sus recetitas gastronómicas… ni crítica ni belleza ni puta gracia. Y tampoco me creo que el turista japonés se haya desvanecido bajo el influjo de “tanta belleza”. Para mí que estaba “cocido” de sake o sencillamente cae víctima del conocido síncope nipón del estrés “turístico”. “Exceso visual”, sí, pero de síndrome Stendhal, ni mijita. Así lo veo yo… en la “peli” de Paolo.
La “peli”, de larguísima –e irritante- duración –y no precisamente porque nos muestre cómo crece la hierba- no fluye, va a empujones. Y mira que me jode decirlo pero qué necesidad había de tantos paseos nocturnos con esa  estética e iluminación “de anuncio publicitario”… y tantos trajes “a medida” conjuntados con pañolito en el bolsillito del pobre “observador” Jep Gambardella… incluso los que califican la “peli” de obra maestra hablan de 30 minutos de más… a mí, me sobra casi completa… y de verdad, no es por llevar la contraria a la peña entusiasta de no sé qué…
El personaje del maletín con las llaves palaciegas, ¿No les parece una burda copia degradada del clochard de “Los amantes del Pont Neuf”? ...y sin movernos de la película de Leos Carax, sólo recordar la visita nocturna al Louvre de Juliette Binoche…  en fin.
El personaje de la monja centenaria la verdad es que no creo que nadie sepa por dónde cogerlo… este momio que por un lado recuerda muy lejanamente a la llamada Madre Teresa y que por otro aparece como otro triste estereotipo de cartón fallero del que la “peli” de Paolo anda sobrada… acaso el inmoral/contraste entre las “señoras ricas” y la “santa pobre”, ¿no quedó mil veces mejor contrastado/desvelado en la “Alice” del señor Allen? …y esa escena de la lujosa terraza frente al Coliseo romano, con todas esas aves zancudas esperando el soplo/silbato de la centenaria monja… no les recuerda aquella escena de Spielberg, con supuestas serpientes igual de artificiosas, en uno de los tebeos para adolescentes de la serie Indiana Jones…
Y, por terminar, la mirada de repaso retrospectiva y supuestamente autocrítica que constantemente explicita, o eso trata, el cínico, desmotivado y desorientado “observador” Jep Gambardella en su “viaje personal”, me parece de una indigencia extrema, en sí misma y más si la comparamos –comparo porque la “peli” está abarrotada de citas cinematográficas y aplico la misma medicina- aún salvando las distancias, con el profundo, valiente y doloroso proceso autocrítico en el que se aventura el anciano protagonista de “Fresas Salvajes” en la película de Bergman.
Bergman admiraba “La dolce vita”, de Fellini. Allen admira “Fresas Salvajes” de Bergman. “La grande belleza” me parece una obra fallida -¿cuál es su aportación? ¿qué nos descubre? ¿qué nos permite conocer y comprender? Y no me digan que puro y bello entretenimiento porque no recuerdo haber cambiado más veces de nalgada en una butaca en toda mi vida- que empeora sustancialmente cuando se la compara con cualquiera de las obras en las que se ha inspirado o, lo que resulta más penoso, con las que ha tratado, torpe y pretenciosamente en mi opinión, de “dialogar”, digámoslo así, de tú a tú.
En fin, como dice el prota, a cierta edad uno ya sabe que no debe de perder más tiempo haciendo cosas que no le interesan, ni le apetecen ni le  gustan…

ELOTRO




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