Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 13 de marzo de 2014

Egon Schiele, otro que tal...







Egon Schiele

Schiele. El dibujo, la pintura como ejercicio de búsqueda, de conocimiento, de uno mismo y de los otros y de los bichitos y las cosas no pintadas. Pero, ¿por qué buscar caminos alternativos si ya existen bien trazados, señalizados e iluminados? ¿Qué empuja a cierta gente a despreciar la “seguridad” del camino sin sorpresas, ya cartografiado, bajo cubierto, detrás del abanderado, sin misterios, en línea recta tras el estandarte, sin riesgos? Quizá también para Egon fuese una manera de enfrentar (ante tanta cosa hostil, inescrutable, inmensurable e inaprensible, preguntas seguramente raras e innecesarias para los que “tienen los pies en el suelo” y la cabeza en lo que hace caja) los interrogantes que nos persiguen y acosan, introducirse en los pliegues que quedan “fuera de foco” de la realidad no contada, en sus entretelas y por ver que sale o por dónde suena o calla o escupe “aquello”;su silencio negro, su pus, su griterío sordo, sus porqués. Una variante del rascarse, hurgar en las costras y en los signos, a veces hasta el rojo sangre. Casi siempre hasta sangrar.





Si no, ¿para qué?, si no, más de lo mismo, seguir sobando el archimanido molde, satisfacer la expectativa, cobarde, previsible y bien enraizada, del que domina; abundar en lo bonito “sólo bonito”, en lo “diver”, en lo “entretenido”, en lo “no me hagas pensar”, en lo “decoroso decorativo”, en “lo sin sombra”, sólo luz en los escaparates, mucha luz, botijos, bañeras, caños, fuentes, ríos, mares de luz; de esa luz que deslumbra, que vela, que ciega, a base de continuos empellones de “sólo luz”. De esa luz bajo la que no pasa nada, que no permite, desea ni quiere que pase nada. Nada de herir “sus” sensibilidades. Nada de faltar a lo que han establecido y predican y legislan y nominan como decoro y buen gusto. Nada de nada. Pero, por el contrario, “esa luz”, permite generosamente la floritura inane, el énfasis hueco, el artificio deslumbrante. Luz sobre luz que ilumina luz. La luz blanca del vacío, plana, sin texturas, sin accidentes reseñables, sin nada reseñable, luz innombrable. El horror.





Hay ya demasiada oscuridad en el mundo para que yo añada más con mis obras. Dicen que dijo uno de los alegres abuelos, probablemente el que más, impresionista. Sabemos que este alegre y luminoso decorador de salones, antes de porcelanas, pintó una vista espléndida (atrevida perspectiva, pincelada ágil, colores imposibles…) de un baile popular en unos terrenos del extrarradio parisino donde, sombras de la historia, poco tiempo antes, mejor no recordar, no remover, olvidar, se había fusilado a miles de jóvenes “subversivos” (de esos que no encuentran cosa mejor que hacer que cuestionar el orden establecido, obsesivamente e incomprensiblemente generación tras generación) y que posteriormente fueron enterrados, allí mismo, en primorosas fosas comunes sobre las que ahora danzaban (antes colgadas en los salones ahora en los museos) los protagonistas del “alegre y luminoso” lienzo, en el que, por cierto, no aparece rastro (no caben, no pueden caber, no figuran en los ingredientes canónicos) de aquellos ni siquiera como espectros; pero estar, están, vaya si están, aunque no se les muestra, en la sombra se les intuye, eso sí, bajo la costra luminosa.





¿Pensaba Schiele, cuando decidía en las alegres e imperiales mañanas vienesas, “pintar retorcidas negruras” en, por ejemplo, quién podría ser el futuro comprador (su mercado) de su pintura preñada de lacerante oscuridad, opaca, desasosegante, hiriente, desafiante y agresiva, triste y atormentada además de obscena?
¿En qué, prohombres de la política o las finanzas o en qué “salones burgueses” estaba pensando cuando se autorretrató 150 veces, algunas de ellas, como lo oyen, con la polla encabritada?
¿Por qué asomarse, arrogantemente, a los negros y hediondos pozos de la miseria, la locura y el dolor tratando de hacer estallar en mil pedazos valores avalados por siglos de civilización?
¿Qué salida, comercial se entiende (¡hay que comer, dios santo!), tiene un retrato de un cadavérico prisionero ruso luciendo sus pestilentes harapos penitenciarios?
¿Y qué salida que no sea la cárcel: pintar niños y niñas desnudos, con miradas desafiantes, procaces y poses turbadores? ¿Para colgar, quizás, en el dormitorio junto al reglamentado crucifijo?
¿Por qué atacar, desconcertar e insultar la mano que “te daría”, a buen precio, de comer si aceptaras, aunque no fuera de buen grado, eso tanto daría, “el canon” del alegre rebaño oficial de pintamonas?





El abuelete alegre sabemos que con el importe conseguido tras la venta del alegre baile al ritmo de la alegre orquestina consiguió algunos alegres francos que le permitieron la alegre compra de una alegre casa lo suficientemente amplia y alegre como para alojar en ella su alegre estudio del que salieron sin parar alegres lienzos de distintos formatos pero de temáticas invariablemente alegres y generosamente retributivas. Todavía hoy, más de un siglo después, el lienzo no deja de supurar beneficios monetarios y entusiasmo, positivismo y alegría de vivir por todas las esquinas de su bastidor.
O tienes olfato para los negocios o no lo tienes. O sabes como funciona “este mundo” o no lo sabes. O dejas tus hermosos sueños y tus bienintencionados escrúpulos a un lado o muérete de asco. Y, a pesar de los innumerables e insistentes avisos, los hay tontos del culo, que no sordos ni ciegos, irracionalmente obstinados, estúpidamente románticos, irremediablemente ilusos, idealistas que se autodenominan “materialistas”, que se mueren de asco y fracaso, diga el certificado médico lo que diga: gripe española, vaya por dios, a los 28 años.


Eso sí, los pragmáticos “sin escrúpulos” de la posteridad también consiguen de estos “geniales muertos de hambre” el milagro de sacar tajadas muy pero que muy jugosas por medio de “reivindicar”, cuando ya ha pasado el peligro, al genio incomprendido por una “sociedad bienpensante” demasiado conservadora para poder apreciar “los valores” que aportaba el “arte” lamentablemente “adelantado a su tiempo” ("El arte no puede ser moderno, lo que tiene que ser es eterno" Egon dixit) del otrora pintamonas “arrogante e iluso”.
Y vuelta a empezar el ciclo eterno…del negocio.
Se entiende o…

ELOTRO (Alegre)


***



No hay comentarios:

Publicar un comentario