Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 7 de febrero de 2014

Por lo menos, así me parece…





“No culpes al espejo si tienes el morro torcido”.
(Nikoái Gógol)


Martes 4 de febrero. Había recibido el día anterior enviado por  la Oficina del INEM un mensaje SMS para que hiciese acto de presencia pertrechado de curriculum e historia laboral. Se trataba de una “Bolsa de empleo”, para cubrir eventuales bajas, suplencias, etc…, solicita un organismo estatal; 12 plazas para tropecientos aspirantes. En el mismo mensaje te amenazan poco sutilmente con retirarte la prestación, según artículo nosecuantos,  si no acudes puntualmente a la convocatoria; les consta, a los rufianes corruptos que nos gobiernan, que en esto de las ayudas sociales hay mucho fraude: 426 euros, durante once meses, es una innegable bicoca después de haber cotizado, en mi caso, durante más de 20 años un mínimo del 20%, por ejemplo en el año 1991 me descontaban de nómina 170.000 pts. al mes o sea, más de mil euros, rascados de tus ingresos.

Llegas a las inmediaciones con demasiada antelación y decides esperar a cubierto -fuera hacía un frío de los mil demonios- en una sala de la estación. Gente de lo más variopinta desperdigada estratégicamente por las butacas más esquinadas. Aparte de los atareados viajeros fetén, observo que casi la mitad parecen jubilados o desocupados de clase más baja que el líder pugilista de PODEMOS y que ya no cumplen los sesentay… la mayoría está sobando, resoplando o roncando y otros leyendo con aparente interés diarios gratuitos… tenemos al invariable curda que se inclina, se inclina,  pero no cae; dos o tres estudiantes inmersos en sus tabletas o móviles y taponados con los cascos… un ejecutivo muy atildado con su portátil de manzanita mordida… enciendo el e-book y me voy con Galdós, el garbancero, al siglo XIX, es “Fortunata y Jacinta” en PDF gratis en la red, muy recomendada por Rafael Reig que, además del güisqui también es devoto de los platos literarios  de cuchara…



En esto llega a la sala un tipo que esparce un fortísimo olor, “que apesta hasta el cielo”, para mí indescifrable. Me llama la atención que desprecie asientos más equidistantes y venga a sentarse a solo una butaca de distancia de mí. Instintivamente con la mano que me deja libre el libro  palpo mis propiedades: la bolsa bandolera con los abalorios, el paraguas, de señora pero que yo creo que da el pego, y la carpeta con la documentación de presunto parásito. Noto que el tipo se da cuenta de mi ridícula reacción y de que a tal gesto no le da ninguna importancia. Él está a otra cosa. Primero echa una somera mirada a toda la sala, luego deposita en el asiento que nos separa su enorme y recargada mochila; saca un móvil y un cargador. Se levanta y se dirige con mucha tranquilidad a una enorme papelera “de diseño” colocada junto a la cercana pared. Con mucha calma y disimulo la separa un poquitín de la pared y aparece lo que debe de ser un enchufe para uso de los servicios de limpieza que tienen el suelo brillante y limpio como una patena, e introduce el enchufe del cargador del que bien atado cuelga el móvil. Nueva guipadita alrededor, en la que ostentosamente me incluye junto a su mochila, y retorno igual de garboso al asiento. Saca de la mochila un diario gratuito y del bolsillo interior de su costrosa cazadora unas gafas del cerca. Hace que lee el periódico pero en realidad no para de mirar por encima del borde superior en dirección a su móvil en estado de carga. Cada vez que alguien se acerca a la dichosa papelera de diseño, baja el diario y adopta la típica actitud del atleta en los tacos de salida a la espera del disparo…

Así que todo por un enchufe. Menuda metáfora, ¿no les parece?

En e-Galdós leo: “Hay en la naturaleza humana un vicio de mendicidad… pide gente a la que Dios no le debe nada…”, dice la señorita, recientemente señora, Jacinta.
La bolsa de empleo no era para mí, resulta que era requisito indispensable haber trabajado para la Administración durante al menos seis meses -ellos sabían, coño que si lo sabían,  no sólo tienen mi curriculum sino que han colaborado sustancialmente en su conveniente  “confección”- que yo no reunía dicho requerimiento pero… “pero no se preocupe Luis, esto no siempre es así, esté atento a su teléfono que le seguiremos convocando… otra vez será, no se desanime. Y no nos falle, no se falle.” Tras la promesa de la dulce cáscara siempre descubres la amarga realidad, esa que nunca se acaba… ¿O se le puede imponer fecha de caducidad?

ELOTRO (Con la batería baja).

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“He conocido a muy poca gente que no estuviera a medio cocinar de un modo u otro”
(Raymond Chandler)


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