Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 27 de febrero de 2014

Por lo menos, así me parece…






La inteligencia no tiene remedio.
(Max Aub)


A ratos tejen, y nos dejan opinar;  y a ratos destejen, y nos dejan opinar. ¿Eso es no hacer nada? Ellos deciden y hacen, para eso se les paga. Nosotros no nos podemos quejar, opinamos (¡sin rechistar!). ¿Por eso les votamos?


Los mediáticos debates políticos se venden como formulas de encuentro para exponer ideas o, lo que suele ser más habitual, “envoltorios de”, y posiciones inamovibles salvo casos de fuerza de “interés mayor”, de cada una de las diferentes partes. De tal forma que todos (figurantes y rebaño de espectadores) puedan conocer y contrastar mediante la “arreglada” controversia  tanto el posicionamiento como la base de argumentación -excusen la petulancia- que sostiene cada supuesto postulante.  Además suelen resultar en todos los casos tremendamente eficaces a la hora de que cada cual (figurantes y rebaño de espectadores en su caso) consolide su posición inicial. Y, lo que es primordial,  el preestablecido “statu quo” realmente existente, ese que dicta el juego y marca sus reglas y que es el auténtico patrocinador de estos eventos, también sale, como no podía ser de otra manera, fortalecido. Y diría más, hinchado, crecido, agrandado, ensoberbecido. En número y fidelidad, -más o menos perruna de collarín rojigualdo- de votos. En eso consiste la pantomima. Ellos siempre jodiendo(nos), y de paso no dejan de luchar en defensa de sus privilegios e intereses ni un solo día. Pienso que deberían de ser, en este aspecto, nuestro gran ejemplo a seguir (¡En la buena dirección!). ¿No derrocaron  ellos, los emergentes burgueses, el régimen feudal y tomaron violenta y revolucionariamente el poder?


Han conseguido que tengamos la mente petada de desinformación, es decir, a todos los efectos: vacía; y, a falta de otra cosa, la nada que ellos nos inoculan, ocupa ese vacío.


Primero devalúan la palabra: obrero. Y no sólo surte efecto, como si fuese un estacazo de racimo, en la cabeza del obrero. Después rebajan el valor del trabajo realizado y aumentan el porcentaje no pagado, el que se apropian porque sí: la plusvalía. Robo este que es considerado por los chorizos que lo realizan, y así lo legitiman sus propias  leyes, como una apropiación “merecida”. Después hacen como que desprecian (en la práctica la deprecian absolutamente)  la mano de obra que han decretado calificar de sobrante; que por cierto es la que consigue -simplemente por estar ahí –realizando sin siquiera intuirlo otro tipo de trabajo no remunerado y altamente rentable- como sonámbula, mostrando su miseria sobrevenida y sus estómagos encogidos y derrotados y sus mentes humilladas-   intimidar aún más con su sola existencia, a los ya acoquinados semi-esclavos que, “felizmente”, pueden disfrutar de la generosa explotación a que les somete su dadivoso amo capitalista. Y, aprietan pero no ahogan, los fines de semana incluso les sueltan la correa. Y que gasten los animalitos lo que no tienen.


ELOTRO

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“Ortega, presuntuoso de su inteligencia de veras superior, siempre dispuesto a confundir el mundo, con su mundillo”
(Max Aub)


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