sábado, 1 de febrero de 2014

Por lo menos, así me parece…






La foto está tomada en el ambulatorio de Moratalaz, ahí están mis médicos, enfermeras, auxiliares y algunos pacientes que quisimos celebrar esta pequeña victoria de la dignidad del público frente a los chorizos de lo público…


“No creo que se pueda convivir de buena gana con gente corrupta sin ser un poco corrupto uno mismo.”
(Raymond Chandler).


Al PPSOE se le puso en el “ojo” del culo (Y también en la “rajita” de la hucha) privatizar cuanto antes el jugoso pastel de la sanidad pública y era tanto el estremecedor gustirrinín que les penetraba y las babas que por el "body" les chorreaba que, en loca y desmelenada carrera, "emprendieron" de súbito el supremo acto apandador, (ya sabemos cómo se las gastan estos  mafiosos "emprendedores") mucho antes de tener siquiera despejado el necesario camino “legal”, -ya saben, unos cuantos amaños, tejemanejes y triquiñuelas más una pequeña y selectiva untada  de parneses- para así poder robar, sin molestas trabas “legales”, tan suculento pastel de dinero público.
Cómo sería la cosa, que llegaron a los hospitales arrasando como auténticos bárbaros o más bien gamberros salvajes, y, sin encomendarse a Dios ni al Diablo –ya se sabe que estos devotos meapilas adorar, lo que se dice adorar, solo adoran verdaderamente  al becerro de oro- la emprendieron como buenas bestias envalentonadas a repartir coces a diestra y siniestra: el personal, una parte a la puta calle y otra bajo amenaza de lo mismo en caso de insumisión, y al mobiliario clínico o instrumental, a los sótanos. Mandaron, a dedo como es su costumbre,  desalojar plantas enteras dedicadas a enfermos y convertirlas en despachos de lujo para uso y disfrute de los nuevos gestores. Ordenaron, a dedo erizado o de punta, a los facultativos y empleados administrativos, bajo explícita amenaza de expedientes, destituciones, degradaciones de escalafón o recortes salariales, a “externalizar de forma masiva servicios y pacientes” hacía clínicas privadas "amigas", casi todas del OPUS, utilizando, para conseguir solapadamente el beneplácito de los pacientes o familiares, coacciones y argucias veladas de todo tipo, además de   falsas y tendenciosas informaciones sobre tiempos de espera y calidad en la atención… todo ello encaminado a desprestigiar y destruir, hacer inviable o insostenible en su argot, el sistema público de salud y a privilegiar y fortalecer y ampliar el ya jugoso y muy rodado negocio privado de la sanidad: “para el que pueda pagársela”. 

Y ensanchando de tal manera la amplia brecha social y el escalonamiento de las desigualdades, en obediente línea con el “Nuevo Orden” rigurosamente programado y dictado por ese gobierno en la sombra al que llamamos “Club Bilderberg” -antes Trilateral-  y que en España se sirve, hasta ahora con provecho, de sus partidos lacayos PPSOE.

El caso es que por una vez, sorpresa poco previsible… los muy "domesticados", aunque quizás no todos,  jueces del Tribunal Supremo de Madrid, digámoslo groseramente: le han parado los pies a esta banda de chulescos mafiosos. Que no, que así no, le han venido a decir a los fulleros. Que era demasiado descarado y desvergozado, que aquello se pasaba de indecente y que no han hallado manera ni asidero, y probablemente no porque no la hayan rebuscado, de mirar para otro lado ante tamaño latrocinio. Y, pues eso, que en esta ocasión y con esas maneras, no hay tu tia. (Que digo que también puede haber sido que el amo supremo haya decidido un giro táctico en la pelea, un regalo envenenado que consiga desconvocarnos, desmovilizarnos, desactivar las mareas y nos haga bajar la guardia o nos desarme. O un, "Espera, Mariano, embrídame a esas fieles hienas de primera línea que vamos a hacer inventario, de las bajas y del "botín", no nos precipitemos y reagrupemos fuerzas, las prisas para los malos toreros"... hombre, extraño no sería, ¿verdad? No hay más que palparse las cicatrices que arrastramos. En fin, cuidadín con los campos minados...)
Sigamos. Digo yo que las camas, articuladas, ortopédicas o geriátricas que es de suponer estaban, tras ser arrojadas a las tinieblas, muertas de risa en los sótanos hospitalarios, ahora que los amigotes del infame lacayo llamado Lasquetty ppiden, aunque más bien exigen tan ricamente, indemnización (sí señores, esos corruptos siempre blindan sus oscuros y abusivos acuerdos "entre sinvergüenzas" y, ya les ha faltado tiempo para reclamar ¡pérdidas!… ¿qué? pasta, por supuesto, mucha pasta que han dejado de ganar), se descojonan. 

Las “itinerantes” camas, digo, se descojonan, porque lo que es nosotros, la plebe paganini y copaganini, después de celebrar, eso sí, como se merece este pequeño pero transcendental triunfo en la lucha por no dejarnos arrebatar la sanidad pública... no tenemos otra que seguir peleando cada día, a ser posible con más fuerza y con más unidad, porque como se ha demostrado una vez más: SÍ SE PUEDE.

Y no me cabe duda de que lo seguiremos haciendo frente a esta banda de maleantes embaucadores que quieren convertir en SU EXCLUSIVO NEGOCIO derechos ya conquistados por los trabajadores que vienen de antiguo, como lo que hasta hace bien poco era nuestra sanidad pública, nuestra educación pública, nuestras pensiones públicas o el agua de todos y  el sol de todos…"permítanme que me ponga ridículo" pero se trata de  nuestra vida y la de nuestros hijos... y con eso poquitas bromas, ¿no?


Aviso a navagantes: "Mis comentarios sólo pueden resultar ofensivos a aquellos que tengo el placer, el derecho e incluso el deber de ofender" (Es de Raymond Chandler, pero lo suscribo porque, sinceramente, no creo poder formularlo mejor).

ELOTRO


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