Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 25 de febrero de 2014

Ocurrencias




Pintaba despacio. Pintaba con el cuerpo, con todo su cuerpo. Pintaba todo él. Y el hambre de pintura no parecía abandonarle nunca. Repetía que era eso lo que tenía que hacer. Y era eso lo que hacía. Tenía tarea por delante. Pintaba solo. La pintura le acompañaba. No estaba solo. Estaba en su sitio, decía, que suele ser para los otros ningún sitio, enunciaba. Estaba en pintar. Estaba en su obsesión. Pintaba y pintaba sin parar. Pintaba del tirón. No pintar era más que incómodo, se le hacía insoportable. Nunca las manos quietas. Nunca la mente vacía. No hay que guardarse nada para luego, afirmaba. No hay luego, hay ahora, ahora pintando. Luego puedes haber palmado. De hecho, fuera del ahora, estás doblado. Soy pintor, joder. No pienso, no necesito pensar en otra cosa que no sea la pintura; así soy, así estoy. Puesto que no hay pintura sino pintar: pintando, aunque se trate de un pintar delimitado,  es que el tiempo escasea. La pintura no tiene tiempo que perder, te agarra súbitamente y sin miramientos y a base de  empellones te empuja y te mete dentro de ella, te inspira, te motiva, te seduce, te atrapa. Y ya. Se vale de esa treta o de cualquier otra, tanto da, invariablemente resulta vano rebelarse y, en mi caso o el de cualquiera que haya perdido la chaveta, ni siquiera te lo planteas (y eso que no ignoro, manifestaba con tono de mofa cezaniana que, el atrapado, a base de buenos cuescos, si así lo desea acaba haciendo saltar el tapón). Pintar es vivir, declaraba, vivir es pintar por dentro y por fuera aunque no pueda alcanzar  a reflejar, ¿debido a su pescuezo corto?,  ciertos valores cognoscitivos; si acaso mostrar alguna de sus emborronadas máscaras, opinaba. En resumen no es más que  el sucesivo y dual punto de partida y de llegada del recorrido circular. Así que, mientras tanto: pinto. Nunca me he sentido harto de esta vida, esa es mi historia, concluía. Pero inesperadamente añadió que también era, al tiempo y no por coleccionismo, melómano: otra enfermiza ventana, mencionó, otro registro de entradas buscadas  y salidas casuales. La historia de un vivir contradictorio y sin historia(s) contrapuestas. Un vivir (es)cogido. Un pintar que libra batallas pero con el que no se ganan. Jamás. Cada vez una nueva mujer barbuda o un nuevo muro a franquear, cada vez más alto, y cada vez sin red… y así para siempre; ya puedas reventar.


ELOTRO



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