Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Múltiplo, ¿de tres? / Relato




Múltiplo, ¿de tres?

Desde que ennoviamos  saltaba a la vista que para ella, por mucho y bien que se afanaba en disimularlo y la verdad es que la muy cabrona lo bordaba, nuestro asunto sólo podía ser cuestión de plazo breve. Y conste que, a pesar de su notoria habilidad para aparentar cada día sin excepción y sobre todo “en materia práctica” justo lo contrario, así continuó pareciéndome -y es que uno no se chupa el dedo, a pesar de haberle cogido el gusto, desde recién abandonados los pantalones cortos- a lo largo de los años siguientes.
Ella, que como ya se ha dicho de tonta ni un pelo, por cierto muy tupido, negro zaino y rizado tanto en la cabeza como en el coño y los sobacos, debió de darse cuenta desde muy al principio de que a mí no me la daba tan fácilmente y, de hecho, ya les señalo que nunca logró engañarme, ni con sus mimos ni con sofisticadas tretas -las turgentes tetas que portaba no lo eran menos- ni en ningún momento. De tal modo que, cabezota y porfiada como era, como todas sus iguales la tenía como el marmolillo, sostuvo sin fisuras ni desmayo alguno, de eso doy fe, y a lo largo y ancho de los cuarenta y nueve años, tres meses y seis días -los múltiplos de tres, tras la lectura de no sé qué autor francés, siempre le chiflaron a la muy brujona- que duró nuestra relación, ese prolongado y pérfido simulacro de mujercita inocente, casta, obediente y algo tontona, fiel, entregada, hacendosa y austera.  Y, sólo, y digo bien porque pude, o mejor dicho pudimos los cuatro constatarlo –más adelante  ya les aclaro la cifra-, sólo, repito,  en nuestro catre matrimonial, o sea, en el seno sagrado,  se mostró tal cual era y, no sin cierta arrogancia, ni apocada ni melindrosa sino invariablemente libidinosa, volcánica y cachondona, aprovechando cada ocasión para experimentar y ampliar su ciencia, ya saben, eso tan típico e irresistible en la hembra viciosa y ninfómana que, seamos justos,  sólo suele ejercer de tal guisa bajo la cúpula-cópula protectora del “Santo Sacramento del M.”.
Aunque ya les he dicho que a mí nunca logró engañarme, no en vano uno es un “López” de la estirpe de los “López de Nabogordo” y, ciertamente  algo terco aunque eso sí, si es por las buenas: dialéctico. Por otro lado debo de reconocer, ya puestos a decirlo todo, que aún no he encontrado una explicación satisfactoria a sus últimas palabras que fueron pronunciadas a duras penas, casi susurrando y entre extraños gemidos y muecas torpemente lujuriosas de los labios, los  de la boca digo, en el mismo lecho donde tristemente acaeció su muerte: “Pena… que …Múltiplo(*) no ser… pene(¿)  tuyo… ser… de tres”. Eso creemos, los cinco testigos presentes, que dijo.

(*) “Múltiplo”, por si algun@ no se cosca, es el caprichoso nombre que ella –ya ven que en el fondo soy un blando- decidió para nuestro único hijo, por cierto adoptado. (Bueno, sí, no he dicho que estuve unos doscientos setenta días, día arriba día abajo, “dentro”, pero eso, ya comprenderán que no altera el resultado, vamos, que  no viene al caso, como repetidamente me dijo uno de los  tres detectives, eran tres turnos, de la “Agencia Triángulo” que tuve contratada, “fultaim”, para vigilarla estrechamente, lo más posible les insistí desde el primer momento, durante   los últimos cuarenta y nueve años, tres meses y seis días... buena gente ese trío, miren lo que les digo, aunque me consta que se las curraron igual, las doscientas y pico jornadas del “trullo” nunca quisieron cobrármelas… y con Múltiplo ni les cuento… como de la familia se comportan… en fin.)

ELOTRO


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