sábado, 23 de noviembre de 2013

Okupas en el Prado...




El Museo del Prado ha sido “okupado” por una multitud de fósiles, esqueletos, toros, lagartos, insectos, gorriones albinos, minerales, espejos, sonidos… tal y como lo leen… y según los panfletos estratégicamente distribuidos por las salas, la okupación se llevará acabo desde el 19 de noviembre hasta el 27 de abril próximo. Parece ser que los okupantes obedecen órdenes de un tal Miguel Ángel Blanco que se hace llamar “comisario” de la operación.
El tipo en cuestión se ha buscado como coartada el hecho, por otro lado cierto, de que el edificio que acoge las colecciones de pintura y escultura diseñado por Juan de Villanueva fue, en primera instancia, Real Gabinete de Historia Natural.
Y ciertamente el visitante inadvertido, y la tranquilidad de los bedeles de sala hace pensar en su alto grado de complicidad,  cuando por ejemplo tropieza de sopetón con el imponente “Toro de Veragua” situado junto a “El rapto de Europa” de Rubens, puede ser víctima propiciatoria de algún tipo de shock o, cuando menos, sufrir alguna conmoción tan alucinante como demencial. Cierto que la calma vuelve pronto porque la cartela te cuenta que el de la cornamenta, bajo la piel auténtica,  es de yeso.
Y en cuanto recuperas el resuello y reemprendes la visita acabas incluso un poco decepcionado cuando en alguna sala no encuentras el espíritu disecado o fosilizado  de algún elemento del antiguo “Gabinete de Historia Natural”.
Por ejemplo: Junto al impresionante “Bodegón de caza, hortalizas y frutas” de Sánchez Cotán; Un delicado esqueleto de pichón.
Acompañando al “Carlos II” de Carreño de Miranda, un inquietante espejo azteca de obsidiana pulida.
A cada lado del esplendido “San Miguel Arcángel” del Maestro de Zafra, un Varano acuático jaspeado y un Tagú, lagarto overo.
Escoltando desde las alturas al “Carlos V y el Furor” de Leone y Pompeo Leoni, un Águila Real, de Hornachuelos, Córdoba.
Y bajo “El paso de la Laguna Estigia” de Patinir, una impresionante Azurita gigante, de Coquimbo, Chile.
También llama poderosamente tu atención, desde la distancia, el canto basado en las dieciséis especies representadas en la obra de Frans Snyders, “Concierto de aves”, de 1630.
En fin, por no cansar al más que improbable lector, la okupación la nutren también cráneos de tortugas, Aves del Paraíso, meteoritos, huellas de pisadas y gotas de agua fosilizadas, esqueletos de serpientes, Cajas entomológicas de insectos, Cuarzos, Corales Zafiros…

Pues sí queridos lectores, lo que les cuento y más…  o sea, la fantástica colección de pintura y escultura del Museo del Prado.

ELOTRO


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