jueves, 7 de noviembre de 2013

De lo cual infiero que…





El primer problema que debe sortear un escritor:
 no aburrir demasiado al que se arriesga y lo lee.
Paul Léautaud

Aunque aún “no lo sabía”, ya actuaba en ese sentido, y es que entonces vivía en ese desorden que “no sabe” de cronologías.

¿Qué sería del prestigioso silencio sin sus ruidosos voceros… y qué de la mítica soledad sin sus incontables cofrades?

Todo empujaba hacia aquella palabra aterradora, palabra que ni que decir tiene me niego a escribir aquí, espero comprendan que me guarde muy mucho de ir más allá de lo absolutamente necesario. No escribo más.

No puedo negar que mis escritos están cuajados de frases torpemente formuladas… sólo espero que pocas de ellas sean además, inanes…


Que las mentiras, tan mal intencionadas como aniquiladoras, son autoengaño: propalan los farfulleros.

El hambre insaciable no me parece tal; o es gazuza ridícula o, en su caso, patológica.

Primero dejaron de rebelarse, de defenderse, de resistir… y una vez doblegados acabaron aceptando los hechos impuestos para terminar obrando, cual sumisos vasallos, en consecuencia.

Parece que para la clase media España empieza a convertirse en un país caro, sucio e incómodo; por su parte para la clase baja es ya un establecimiento penitenciario, eso sí, sin derecho a techo ni rancho.

La gran mentira existe y contiene en su interior, además, todas las mentiras: la suelen llamar “VERDAD”, ASÍ EN LETRAS GRANDES Y CON VOZ ENGOLADA.

Pretender que lógica no hay más que una, se entiende que la propia, no deja de ser además de una patraña abochornante, un desesperado intento lógico de atacar, bien que  ilógicamente, la lógica opuesta.

ELOTRO


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