Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 17 de octubre de 2013

Superfluo: “No necesario, que está de más”.





Superfluo:No necesario, que está de más”.

Toda mi vida ha estado marcada y ha girado, lo sospechaba desde hacía mucho pero ahora puedo afirmarlo de forma concluyente, alrededor de “lo superfluo”. En el hogar familiar, en la escuela, en la facultad, en el trabajo… y en cierto modo en mi matrimonio, en este caso sobre todo a partir del nacimiento de, eso supongo, mi primer y único hijo. Total, un sinfín de conflictos íntimos, familiares, profesionales y conyugales...
Dicho esto comprenderán que se trate, de lejos,  del asunto, ¡vital!, que más me ocupa y obsesivamente le preocupa a mi “YO”. Parece evidente que me muevo, que estoy empantanado por mejor decir,  en un terreno a medias psicopatológico y a medias psicosociológico, ciencias ambas tenidas y que se tienen por “lógicas” –viene a cuento en mi opinión el pleonasmo- , y bien abonado, el terreno decía, para conductas y comportamientos absurdos, ilógicos, contradictorios, incoherentes… y sobre todo, tóxicos.
He decidido pues convertir “lo superfluo” en “lo esencial”, en el leitmotiv  de mi futura obra literaria. He leído a alguno de los más exitosos autores afirmar que la escritura es sobre todo un estupendo medio para “conocer, además de a uno mismo,  a los  demás”.
Bien, pues voy a tratar de conocer y si eso aprehender, en la medida de lo posible, con minuciosidad, profundidad y desde los más diversos puntos de vista, todas las caras de “lo superfluo”. O sea, el por qué y el para qué.
Quiero poder interpretar sus caprichosas razones existenciales y electivas y desmenuzar y desglosar sus partes, sus engranajes y sus mecanismos de relación y funcionamiento. Quiero saber hasta qué punto “lo superfluo” es, en mi triste caso, nato  o aprendido o qué porcentajes o qué otros componentes y en qué grado lo conforman. Quiero ajustar cuentas, quiero cambiar mi “superfluo lugar en el mundo”.
Sí, la sensación de no ser necesario, ni en el más minúsculo grado y para nadie, para ninguno de mis cercanos -mis padres, mis hermanos- o lejanos –tíos casposos, tías cochinas u otros  indecorosos congéneres-, de estar de más para todos ellos, me ha “escoltado” lacerantemente toda la vida.
Pero el caso es que tenía ya elaborado, muy elaborado además, un preciso, y creía que certero y precioso, esquema de la terapéutica novela en cuestión. Y la primera en la frente. Nada más “superfluo”, por artificioso e ineficaz -lo he verificado- que trazar de antemano un “esquema” y pretender introducir en ese “envase esquemático” toda la complejidad de la paradójica, absurda, incomprensible y contradictoria realidad. Volvemos a las andadas me he dicho, ¿será debido a algo superior a mis fuerzas?. A las andadas “superfluas”… a esas que nos llevan a atracar en el usual puerto de una escritura “sobrealimentada” artificiosamente y de antemano, pero vacía de literatura; una escritura conservadora o más bien cobarde, como gusten;  arropada en “la moda”, acomodaticia, recargada de “paja y pajas” y de “datos” que halagan el gusto y los deseos del “escritor/lector convencional”; una escritura en fin, lisa, sin aristas, inofensiva, repleta de “adornos”, “afeites” y “perifollos”  y que, por el contrario, carece de la más mínima ambición creativa, indagatoria  o experimental. Del mismo modo también adolece de la imprescindible aportación de un inexcusable proceso crítico y de tanteo que someta, toda la concepción y realización del artefacto literario, a un tratamiento constante  de destilación, tanto dentro del proceso constructivo de la escritura como, y ahí se requieren accesos abiertos,  en su culminación con “la lectura del otro”. De tal manera que se hiciese posible, que se estimulase,  el surgimiento y la revelación de esos “ingredientes esenciales”, que no nimios ni sobrantes, de la realidad que permanecen ocultos y aplastados bajo la bruñida, deslumbrante y gruesa costra de “lo superfluo”… ya si eso, en cuanto recobre el sosiego, les cuento el cuento destilado de “lo…


ELOTRO


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2 comentarios:

  1. Creo que "el escribir" puede ser algo interesante si se trata de reflexionar o analizar lo superfluo, incluso podemos llegar a descubrir que, lo que creemos superfluo puede ser algo esencial; pero pienso que "el escribir" nos puede traicionar si sirve para descubrir de qué materia está hecho el escribiente, lo digo en mi caso particular, me horrorizaría si llegara a conocerme a mi mismo, probablemente me retiraría el saludo. Prefiero ironizar y reírme de mi pinta y sobre todo prefiero sentarme a la orilla del río de Babilonia y ver cómo fluye, probablemente el rumor de las aguas me hará llorar.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. El combate es tristemente desigual, mejor reírse en retirada. A partir de cierta edad todo se complica a velocidad galopante y cada nuevo día se anuncia delicado... que si hoy duele la espalda, que si esta mancha, que si creo que estoy malgastando mi vida con cosas superfluas o esenciales... total, qué mas da... Ocurrencias...

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