sábado, 19 de octubre de 2013

Esencial: "Sustancial, principal…"




Esencial: "Sustancial, principal…"

De lo superfluo a lo esencial, cambio de aires, mudémonos. Habrá que  reconocer que, dentro del “desbarajuste de lo real”, ayuda mucho la cercanía de lo secundario, lo insustancial o lo superfluo a la hora de distinguir “lo esencial” o “la esencia” de y en las cosas, en los días y en los placeres. Supongo que ocurre como con los colores que son del mismo color, o sea el color propio, tanto cuando caminan solos como cuando lo hacen, en un contexto polícromo, acompañados pero… funcionan, es decir “devienen a ser, actúan y se comportan” según y como en cada determinado contexto, de forma muy distinta e incluso contradictoria.

Bueno, no sé si ha quedado muy legible este primer párrafo pero al menos hemos arrancado. Les aseguro que soy consciente de la cantidad de idioteces que puedo escribir pero de la misma manera también estoy convencido, y no es alarde ni pavoneo, de que algo de talento poseo y que por lo tanto y aunque sea discretamente entreverado en este abstruso  cuerpo de texto algún acierto alcanzaré a fijar. No nos dejemos agobiar por la llamada duda paralizadora, esa sí que es una lata, y sigamos pedaleando y evitemos así, circunstancia no infrecuente, la más que probable  caída y sus fastidiosos desperfectos.


Vamos por “partes”. Un determinado grado de “imperceptibilidad” forma “parte” tanto de “la parte esencial” como de “la parte superflua” de las cosas. Lo insustancial o lo primordial no siempre salta a los ojos. Tras los repetidos desmontajes y montajes -pluma a pluma, escama a escama- y una vez las distintas “partes” se encuentran por así decirlo integradas en el “Todo”: este determinado atributo, la imperceptibilidad, ensancha, se atocina y se hace aún más robusto y, consecuentemente,  acrecienta su presencia y visibilidad, valga la paradoja.

Comoquiera que sea, resulta evidente que lo esencial alimenta a lo superfluo y, en contrapartida, lo superfluo también se nutre de lo esencial. Ambas “partes” comparten además de su propia llamémosla “individualidad” -siempre dentro de la estructura del  “Todo” y de su funcionamiento- una cierta vocación parasitaria, tan contradictoria como complementaria. O sea, un tipo de cualidad que no desmiente a su contraria. Por otra parte nada insólito.

No se nos debe pasar por alto pues que tanto la “parte esencial” como la “parte superflua” son en cierta manera interdependientes y por lo tanto no pueden cobrar pleno sentido ni accionar con todo su potencial sino  a la luz del maridaje de ambas en el seno del “Todo”.

También puede ocurrir -me doy perfecta cuenta de que esta ocurrencia se está espesando en exceso y empieza  a marear así que  ya termino-  que nos encontremos, lo percibamos o no, en todos los casos  "lo superfluo" y "lo esencial" por partida doble; o sea, doble nudo. Lo cual tampoco solventa nada sino que más bien agudiza nuestro problema de percepción para un posterior análisis y reflexión  racional, y ya no digamos si penetramos en la turbia esfera de las emociones. En fin, vuelta a empezar de cero?
Por último, una cosita: “Lo esencial, independientemente de la pureza de su composición, resulta tal, ¿según o contra qué baremo?”

De voltereta en voltereta, a pesar del mareo,  seguiré dándole vueltas al asunto mientras me precipito hacia el centro del redondel oscuro del desagüe…


ELOTRO


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