martes, 15 de octubre de 2013

El sueño tenía tus ojos.





El sueño tenía tus ojos.

Hay obras que te meten la vida en el cuerpo. La suya. Y ahí comienza o termina todo. Hay afinidades y hay divergencias: hay discusión. Hay almas que huyen de los sueños…

Comienza, muy despacio, a pedalear el afilador de cuchillos, navajas, tijeras… los ojos glaucos, cuando miran hacia dentro, cuando miran hacia fuera, no acaban de distinguir bien… y no, no es la distancia.

Cae la nieve y techa el suelo renegrido y sobre ella se precipitan miles de agujas enhebradas con hilos de colores que la van cubriendo de picaduras brillantes…

Súbitamente, en medio del abatimiento y la postración,  percibes una música nunca antes conocida, de misterioso origen  subterráneo, pero acogedora, benevolente… que acaba resultando candela. Y dejas de ser por un rato… el hombre que miraba pasar los sueños.

Débiles y con sus tiriteras y tembleques como de borrachos, inciertas, pero aún así con carga de luces, no se apagan, no, las llamitas no le hacen puto caso a la oscuridad… resisten. Bien agarradas están, fuera del alcance del jodido soplón.

No se hacen ni caso. Cada cual más mierda y todos cacareando desiguales consignas asimismo innegociables. Camino del infierno, atravesando jardines y pavimentos que ya queman, siguen enredando. Gente de poca frente y culo de mucho fondo. Y como de costumbre meando, el caso es joder, pa’arriba. (No por vicio, les gusta dañar al semejante.)


Mujeres de boca angosta en el sentido entrada. Otro cantar la salida. Muy voraces, caprichosas, lujuriosas, hastiadas e iracundas. Extraviadas en los fangales de allí o de acá, aéreas, no dejan huella mientras hacen sus habituales trabajitos en el mundo de los ingenuos. Sospechas que confirman copiosamente los deleznables hechos que están por llegar.


La anchoa melancólica ocultaba sus muslos entre mustias hojas de escarola escasamente regadas con oscuro aceite marcadamente impuro acompañado de un pétreo bistec tan cartilaginoso como una oreja de gato que teñía el plato de un tono sombrío e inhospitalario.



ELOTRO


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