Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 8 de octubre de 2013

De lo cual infiero que…




Me siento muy fascistidiado.
(Perich)

En contra de lo que pretenden hacernos creer, es la luz la que socava el fundamento de la sombra.

"¡Cuántos sinsabores, chascos, desencantos o viles traiciones no habré padecido ya, para ahora verlas desaparecer, aunque sólo de la vista de los otros, como si de intrascendentes bagatelas se tratara y, confundidos con otros prodigios en las oscuras profundidades del atiborrado saco que, como cada cual,  arrastro penosamente con el propio bagaje!”

Pensar no está prohibido; en cambio sí hacen todo lo necesario para que tomes en cuenta que no te trae cuenta hacerlo por tu cuenta.

Todas las líneas de texto desembocan en la autobiografía.

Callar de uno mismo, ese es el fin último de todo relato pretendidamente autobiográfico.

Desde una determinada perspectiva, no lo olvidemos, sólo se nos permite ver esa perspectiva. Es de Perogrullo pero percibo que en la mayoría de los casos no lo parece. Y tampoco olvidemos que la perspectiva es solo una herramienta de la mentira. Una ilusión con perspectiva y todo.

Lo viejo no acaba de nacer y lo nuevo no termina de largarse, pero la plebe enfadosa sigue sin dar pie con culo.

Hace unos días leí lo siguiente:
“El 43% de los brasileros no se reconoce en la programación televisiva”.
Y ahora bien, ¿Qué me dicen de esa mayoría absoluta del 57% en la que dicen es la mayor reserva de oxígeno del planeta?
A mí, estas estadísticas, aquí inmerso y desarmado en pleno Moratalaz, la verdad es que me asfixian… y yo que pensaba que no me concernían…

El escritor peruano José María Arguedas ha sido para mí un gran descubrimiento. He llegado a saber de él gracias a Eduardo Galeano, a quien tantos hallazgos debo. Lo cita en un vídeo precioso sobre Juan Carlos Onetti que se puede ver en “TVE a la Carta/ Documentales/ Imprescindibles”. Si tienen ocasión, no se lo pierdan.
Pues eso, que el tal Arguedas ha sido toda una revelación del que en principio solo tengo a mano una edición de su obra: “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, y que me tiene gozosamente cautivado en su lectura, saboreando cada palabra, cada frase, cada expresión o descripción… y con ese miedo que causan a los lectores felizmente atrapados las grandes obras literarias… se acerca inexorable la última línea.  Que, en este caso, lo fue desdichadamente. “Cada quien toma veneno, a sabiendas, de vez en cuando” (JMA).

ELOTRO


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