Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 29 de septiembre de 2013

Ocurrencias...







Por fin lanzado a la aventura personal de escribir. Supongo que una exigencia actual, aunque viene empujando de lejos, pero nada que ver con sentirme escritor. Tal como lo veo, es como encararse a un reto largamente aplazado, y como un trazo más  en ese delirante universo mental habitado  por caprichosas ensoñaciones que llevo tiempo grabando en el interior de las combadas paredes de mi cerebro. (Una nueva pelea o más bien una nueva etapa, una prolongación  del mismo combate por otros medios. De naturaleza, como todos los tanteos o ensayos, tan inocentemente engañosa como probablemente efímera. Una lucha en todo caso que me tomo muy en serio, aunque espero que no demasiado.) Un lugar “mental” por donde, entretejidos, circulan a la deriva y  anidan y se consumen multitud de vagos fragmentos de sueños descabalados; evocaciones de antaño ya muy echadas a perder; recuerdos supuestamente propios o ciertamente adquiridos pero igualmente deteriorados a ojos vistas; y presuntas y caducas invenciones de los más variados pelajes y  cataduras. Y todo este conglomerado de materiales mezclados y amontonados al abrigo de sombras cavernarias húmedas y esquinadas; fielmente escoltadas por luces, huidizas y borrosas que acaban fatalmente rebotando contra los imprecisos relieves de los muros y sus perfiles y crestas,  sombreando así los escurridizos márgenes de todas las formas intermedias.

Una obra que ya puestos me atrevo a llamar  ejemplarmente cubista, (lo de ejemplar está por determinar, todo se andará) porque así figura en la idea originaria del novato autor y en algunos de sus numerosos cuadernos malamente garrapateados. Se trataría de mostrar y mostrarse a sí mismo un cacho, un pedazo, una tajada de lo vivido/conocido/imaginado: cosas, caras, hechos, olores y sonidos y colores, sitios, gentes desconocidas cercanas o lejanas y otros materiales igualmente multiformes y tornadizos, allí donde las luces desaparecen detrás de otras luces, de tal manera que el nunca mejor llamado improbable lector (o ese visitante accidental que se limita a hojear) tras internarse, pueda encontrar el camino despejado de obstáculos hasta ese receptáculo  plano/contenedor/múltiple o, dicho más plásticamente, “lugar cubista”. Y una vez allí, disponer de la posibilidad de bucear en las más insólitas u oscuras superficies, recovecos viscosos poco frecuentados o sordas y cegadoras profundidades abisales y si lo desea, penetrar imprudentemente y extraviarse por cada una de las densas capas, o las abiertas y soleadas, que despreocupadamente la conforman. Y explorar las posibilidades de los distintos ángulos, líneas o curvas y pasear a ambos lados de las dudosas periferias, acercar o alejar la mirada, a capricho,  y prestar oído y palpar cada una de las diversas caras nombradas y, tantear también, las no-mostradas, es decir: no menoscabar lo desestimado a priori. Un territorio este repetidamente subestimado sobre el que suele acontecer precisamente y  bajo la apariencia más anodina, la presencia/ausencia de esas sombras distorsionadoras que, justo ahí, fecundan y se vuelven sospechosas.

Y, siguiendo con las primigenias y quizás ingenuas y ambiguas intenciones del autor, colocar todas las partes del necesariamente incompleto “Todo cubista” (es decir, “lo real” con lo que se pretende dialogar), bajo las nocivas combinaciones de las luces y sombras que las decantan: los cuerpos, los objetos, el dolor, lo imperceptible y lo escandalosamente nítido, el viaje, los asombros, la política, las rutinas, las palabras, las nubes, los nombres, los adentros y los alrededores, el azar, los límites, la muerte, los orificios, las fotos, las canciones, los cuentos …
Y sin soslayar en todo ese mare mágnum ningún “casus belli” o, con mayor motivo, cualquiera de los vínculos o relaciones que mantienen o se abstienen de mantener, consigo mismo y con el resto…

ELOTRO



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