jueves, 26 de septiembre de 2013

De lo cual infiero que…




“Dar testimonio,
luchar contra la nada que nos barrerá”
(Julio Cortázar).

Pienso que si lo que deseamos es que algo cambie para que nada cambie vamos por buen camino. Muy mal se nos tienen que dar las cosas, me refiero a las que no están enteramente en nuestra mano, para no conseguir una vez más (¿y van?) que nada cambie. Y también, aprovechando el tirón, me da por pensar en esa curiosa necesidad que históricamente tienen acreditadas las clases dominantes e instruidas de cambiar, ya me entienden, cada cierto tiempo “algo” irrelevante para justificar “literariamente” (los más avispados lectores u “hojeadores” ya habrán reparado en el elíptico hilo intelectual que nos remite a ese cada día más tópico lugar común, Giuseppe Tomasi di Lampedusa y “El gatopardo”)  la permanencia de las esencias o, redicho de otro modo, del “modus operandi capitalista”; ya saben, ese concepto estupendamente explicitado en el viejo aforismo aristocrático que reza: “Los lacayos siembran, cultivan, cosechan, guisan, nos lo sirven y… nosotros, los propietarios, los amos, los nobles, a mesa puesta: nos lo comemos: hasta con los dedos si así nos peta y, a los sumisos y sucios gorrinos que les aprovecha todo,  les  regalamos, ¡qué carajo!, las migas… que además por prescripción propagandística las bautizamos del bienestar”. (Porque, suelen añadir las pequeñas cabezas pensantes de la oligarquía, en letra pequeña antes de las firmas de las partes contratantes… que en Ejpaña se aprieta pero no se ahoga, ¡no señores! Diga lo que diga la leyenda negra urdida por los subversivos de siempre… salvo en ciertos casos, toda regla ha de tener su “roja” excepción, siempre la puñetera excepción de la regla,  y en concordancia con  nuestro infalible “Manual franquista… franquista… franquista”, de cabezonería marxista mayor o el crimen de adhesión o auxilio a la rebelión del gobierno legítimo de la República perpetrada por parte -muy minoritaria pero muy enquistada- de rojos piojosos que no ceden en su empeño, “nipadiós nipalavigen”.  

ELOTRO

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