martes, 27 de agosto de 2013

Apuntaciones sueltas




Me gusta mucho mirar las caras de las jóvenes. Me divierte imaginar cómo serán cuando sean viejas.
Jules Renard  (Diario)


Leído por ahí:
-Hay dos razones para actuar: O por convencimiento ó por obligación.
-Hay dos razones por las que no actuamos: por miedo y por imposición.
Dos comentarios, dos razones en cada uno, dos partidos “de gobierno”, dos caras de la misma moneda, dos filos en la misma lengua… y un poco de Santísima Trinidad, o sea, tres en uno: y todo va y así nos va.


Mi trabajo consistía en ejercer de creyente sin saber de qué, ni para qué, ni hasta cuándo. Suponía, aunque tampoco me quejaba, que desde la “Dirección” enviarían, un día de estos, las consignas, las órdenes, en fin,  el santo y seña completo. De todos modos tenía bien aprendido lo que era costumbre arraigada de la casa: Primero el fondo, luego, ya si eso sí o si eso no, la forma que lo viste, que lo ciñe, que lo enmascara. El caso fue, aunque cueste creerlo,  que lo que llegó fue el boleto, sí, me despidieron: sin explicar por qué, ni para qué, ni hasta cuándo… claro que viniendo de esta gente, de no creer…

Son unas perdidas, aparentan una inseguridad que no tienen.

En mi tierna y lejana juventud ya pensaba que la estupidez común era un mal incurable. Y eso que por aquel entonces, todo hay que decirlo y más a mi favor,   servidora era tan idiota cómo el que más.

¿Agnóstico? ¿Incrédulo? ¿Nihilista? No fui lo suficientemente rico para creerme nada; ni lo bastante pobre para creer en nada.

-Cari, te veo raro, inquieto, como desubicado…
-No te preocupes cielo, no es nada… sólo que… no recuerdo bien si hoy toca discordia o reconciliación…
-Y qué más te da… y qué más me da… y qué más les da…
-Y entonces, el pie, ¿quién lo da?
-Discordia, toca discordia.

ELOTRO


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