Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 3 de julio de 2013

Apuntaciones sueltas





¿Viajar?

¿Qué hay en el viaje, un disturbio de la inmovilidad? ¿Qué lo hace ineludible aunque no hayas leído nada de Marco Polo, Lawrence de Arabia, Durrell, o el viajero sedentario Verne o aquel que lo hacía alrededor de su cuarto? ¿Qué le empuja a uno, el viaje como aliviadero? Me pregunto si, en el fondo, todo viaje no será más que un metaviaje, o quizás un contraviaje; en cualquier caso parece comprobado que los viajes imaginarios solo te salvan de los desastres imaginarios.  ¿Nómadas en el pellejo de sedentarios? Cuestión de culo o asiento, el caso es irse, irse de uno mismo o de un espacio o de un tiempo; cualquier cosa antes de caer en esos silencios terribles e interminables, en el tóxico aburrimiento, aunque solo sea marcharse a hacer puñetas, sonoras y coloristas puñetas, por ahí. ¿Qué esconde el viaje, de qué apuros nos promete sacar? Cierto que el viaje puede romper o burlar reglas, puede ser transgresor,  pero también rinde obediencia a “sus” propias  normas reglamentarias. ¿Por qué no nos cansamos de picar el anzuelo de la partida, del prometedor soltar amarras? El no querer perder comba allí, ¿compensa de perder la comba de aquí? ¿Pero qué comba, qué allí, qué aquí? Todos los viajes, “pensar y hacer”, están empedrados de preguntas y de respuestas que te obligan a mirar al cielo, unas veces buscando ayuda en la Teología, aunque sea pagana, y otras el apoyo de la  Meteorología. Hay viajes, aunque nunca son un remedio infalible, que resultan un ortodoxo tratado de la inacción, del anquilosamiento, de la inmovilidad que te dejan perplejo y con esa carita que casi todos sabemos. El viaje, también el mental,  es un meneo extraño que va trazando caprichosamente su camino, que no para, de eso se trata, ni en situación de “reposo” o punto de avituallamiento, sobre todo en situación de reposo psíquico. Hay que probar a entrar a los viajes por la puerta que no figura en las guías, no confundir, porque suelen ser  de pega, con las autotituladas como “Emergencias”, hay que dar, y luego tomar por asalto, con el espejo/atajo, hay que poner al tiempo bocabajo y al espacio del revés y luego agitarlos y por fin lanzar los dados trucados de la baraja sobre los senderos del azar, no confundir con la muy bien anclada, en el lucro, nave “Travel Azar & Company”. Cuando viajamos, sean viajes incesantes o intermitentes o por capítulos más mentales que físicos, con las prisas y el ansia,  lo arrastramos todo, todo el barullo bien empanado, con nosotros, ¿porqué no dejamos o arrojamos, los prejuicios “locales”, los de nuestra “tribu”, los “propios”, ese pesado y aplastante  lastre, en casa o en la primera estación con parada, en “consigna” bajo siete ganzúas listas a despreciar, dispersar y olvidar?
Una cosa más, si todo viaje al que te llevan de la mano es ya previsible, entonces no le des más vueltas, libérate de la mochilita, el móvil y el cuaderno de notas y… ¡Salta!
Buen viaje.

ELOTRO


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