martes, 4 de junio de 2013

Camille Pissarro




Camille Pissarro

Camille Pissarro (1833-1903) el maestro brillante, el amigo paciente, el camarada solidario.
Era el de más edad, del grupo, de los sucesivos grupos, pero aprendió de todos, viejos y jóvenes, empezando por Corot y Turner, otros adelantados, y a su vez de él tomaron o chuparon  todos: Monet, Cézanne, Renoir, Seurat…

“Todos se dirigieron por lo que él hacía… Fue uno de mis maestros y no reniego de él” (Paul Gauguin).



¿Padre del impresionismo? Chorradas de los profesionales etiquetadores, Pisarro solo fue uno más -cierto que visto desde ahora de los mejores, precursor y aglutinante- pintando, atreviéndose a ir más allá de lo establecido, a cuestionar radicalmente la tradición en los campos del estilo y del asunto, a investigar nuevas vías, a experimentar nuevas maneras de entender el arte y ¡la vida!… ¡Humilde y colosal! Lo calificó Cézanne.

¿Por qué será que se habla tan poco, por no decir nada, de sus ideas socialistas coloreadas con pinceladas anarquistas? ¿Acaso no viene de ahí, de su punto de vista sobre la convulsa sociedad en la que le tocó vivir, “el asunto” principal de sus obras, el trabajo de los campesinos, la durísima vida en el “paradisíaco” mundo rural? Al menos  así fue hasta que ya mayor y enfermo de la vista se tuvo que marchar a vivir a la ciudad.



“Como usted es un artista, no necesita ningún consejo, excepto este: hay que estudiar los valores de los tonos. No todos vemos igual: usted ve verde y yo lo veo gris”. (Camille Corot)

De Camille a Camille, de verde a gris… nada que añadir.




“Usted es muy torpe, Monsieur Pissarro… usted es un artista según mi gusto” (Émile Zola).
En Zola tenemos el ejemplo del genial escritor que no es capaz de reconocer a un genial pintor aunque lo tenga delante de las narices durante años, desde su infancia. Pobre Cézanne. En fin, así son las cosas. ¿Qué tendrá que ver el arte de la pintura con el arte de la escritura? Bonito asunto a debatir, ¿no? Sobre todo ahora que vivimos en la grandiosa época de los “todólogos”, yo el primero.




A Pissarro lo tenían en gran estima sus compañeros, era eso que suele decirse, un pintor de pintores… pero la crítica y el público contemporáneo le daban la espalda o le atacaban con la mayor vileza. Pero no era hombre fácil de tumbar, sabía perfectamente que el núcleo de la sociedad conservadora y tradicional tardaría años en poder “digerir” su arte, y como se ha podido demostrar no andaba muy descaminado. En cualquier caso él no tiró nunca la toalla, un dato ilustrativo es que no faltó a ninguna de las grandes exposiciones “impresionistas” que se celebraron entre 1874 y 1886. Su lema no deja lugar a dudas: “Me aferro a mi deseo de seguir libremente mi camino”.

ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario