Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 9 de mayo de 2013

Hopper en domingo





Este apunte es sólo para dar fe, como el Luisma, de que me he encontrado, casualmente, con el cuadro de Hopper que incluí en el blog “Escomberoides” (en la entrada de Bolaño sobre Fresan). Ha sido en las salas de la fundación Mapfre del Paseo de Recoletos. La exposición se titula Made in USA, arte americano de la Phillips Collection.

Los colores del cuadro (Domingo, 1926), os cuento, son más apagados que en las reproducciones, con menos contraste, muy armoniosos: nada chirría, nada de vocerío en el espacio Hopper. En las reproducciones que había visto no me había fijado que el tipo sentado en el poyete/acera está fumando un puro, me paro a pensarlo y me digo, joder, que postura más rara –poco naturalista- para estar fumando. Luego de dedicarle una mirada más atenta, lo pienso y creo poder afirmar que no está fumando; lo debe de tener apagado, en ese caso la (im)postura no me parece tan extraña aunque a la criatura no se le acaba de ver relajado, bien sentado ( Freud diría, recordando al Moisés de Miguel Ángel, que está a punto de levantarse para coger, me parece una suposición plausible, algo que ha visto).

Aunque esa manera de cruzar los brazos escondiendo la mano izquierda tampoco es muy naturalista, como por otra parte es habitual en Edward, y el color de las gomas elásticas que lleva en cada manga entre el codo y la parte baja del biceps, es el mismo que el de la piel de la mano derecha (o resulta que sólo lleva una goma en el brazo izquierdo y lo que parece su pareja del derecho es la mano izquierda semioculta en el pliegue de la camisa? Y, por cierto, alguien sabe para qué diablos, esos señores, llevaban esas gomas). Además en las reproducciones parece que el hombre está abismado en sus pensamientos más profundos, percepción errónea, presencialmente se puede observar con claridad que tiene una expresión un poco boba y la mirada fija en algo que debe de encontrarse tirado en el suelo, y que Hopper no ha estimado conveniente que el espectador pueda apreciarlo plásticamente. No sabemos tampoco nada sobre la naturaleza del comercio que hipotéticamente se ejerce, cierto que en los días laborables, a espaldas de nuestro tenso fumador que de momento no fuma, no hay rótulos ni carteles ni mercancías en lo que parecen unos escaparates tan despoblados como la propia calle, eso sí, geométricamente trazada por la cálida luz del domingo. Más vacío que llenar; o no. 
Giacometti decía que sus esculturas se iban haciendo cada día más diminutas para dejarle más espacio al vacío.
Hay pintores, quiero reseñar, que hurtan información en la obra con la intención de no limitar la imaginación del mirón (en caso de que esta exista y no vaya acompañada de la habitual pereza posmoderna). También suele darse como  recurso para hacerse el interesante, aunque este, creo, no es el caso.


Pasea, entre la calle de Hopper y el menda, sin percatarse o eso aparenta de mi presencia, una elegante y exageradamente entaconada moza que me recuerda, cuando tenía algunos años menos, a la novia de Benet, aquella poeta de provincias que se fue a vivir a un Chagall (leí en un blog que ahora se declara juancarlista: otra penapamicoño)… volviendo a nuestra  ficción asocio ideas y me digo que no, que a mí la obra de Hopper me gusta –más menos que más-  pero tanto como para irme a vivir a alguno de sus cuadros, pues no.
No voy a negar que nos ha legado una bonita y azucarada  obra localista y alguna que otra pieza más universal, pero en su cercanía siempre me falta algo “de sombra”, o sea, de falta de luz o también se podría decir de iluminación iluminadora, que no deslumbrante...
Y quizás por eso siempre me acuerdo de, cuídado, palabras mayores: Ben Shahn, sí, uno de los nuestros y su estricto contemporáneo, un estupendo pintor, fotógrafo y cartelista que, este sí, veía “las sombras”, y vivía y luchaba entre ellas… pero esto es de otra ópera… quizás, de a perra chica… Y MIS COJONES TREINTAYTRES!

ELOTRO

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1 comentario:

  1. Ya te dije en otra ocasión que este Hopper no me parece más que un ilustrador aficionado. Su obra es lamida, monjil, mohina, propia de un tacituno sin causa y formalmente anacrónica, satisfizo muy bien a los que se querían hacer pasar por modernillos arribistas y acercándose a Hopper, rechazaban toda modernidad revolucionaria.
    Salud
    Francesc Cornadó

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