sábado, 30 de marzo de 2013

El gran Tete





Ciertos enamoramientos, según me cuentan, pueden solucionar ciertas crisis. El gran músico catalán, prestigioso, ciego, entrado en años… recalaba durante tres días, periodo habitual, en aquel local –café, restaurant, música en directo- conocido internacionalmente por los buenos aficionados y dedicado en exclusiva al jazz.
No corrían buenos tiempos para el negocio, mucho prestigio, mucho local de culto, algunos premios… pero las cuentas no salían. “Pagas a los músicos, a los camareros y los gastos del local y… o no llega o no queda un céntimo”. Se masca el cierre. Algún socio se pira. En los que se quedan cunde el desánimo. Y en esas surge la chispa. El gran Tete calienta el ambiente, completa el aforo durante sus tres actuaciones. Y lo mejor, se siente muy a gusto en la ciudad. Y sobre todo, dice, se encuentra, en el café, muy bien acompañado. Alega, por alegar, fundados e infundados motivos y sueños e ilusiones para hacer un alto en su intenso y permanente peregrinar. Propone generosamente prorrogar sus actuaciones por un tiempo… indefinido. Un nuevo contrato, entre amigos, para vivir y dejar vivir…
Y, claro, un innegociable enamoramiento…
y así, de crisis en crisis, hasta la nota final.

ELOTRO

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