Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 2 de febrero de 2013

Apuntaciones sueltas





Querencias. Le preguntabas la edad y se quedaba un buen rato como en abstracción mística. Ciento y pico años cumple su excelencia, susurraba por fin con un hilillo de voz. Se ve que ni la muerte me quiere, concluía guasón y con voz estentórea.

El “tonito” te marca. Si te preguntasen de qué “color” eres, la respuesta correcta debe ser: “Si su señoría no tiene a bien sugerir ninguno en concreto… me permito declarar que de cualquiera… siempre y cuando no desentone bajo el señor”.

Sobria o inmodesta pedantería. Todo un año de casado y, aquí donde me ves, aún disfruto cada cierto tiempo  de orgasmos modestamente conyugales. Y no puedo alargarme más.

Intermitencia involuntaria. En contadas ocasiones, ni que decir tiene que por razones ajenas tanto a mi voluntad como a la de RTVE, pude comprobar que era una mujer, sana, fuerte, que lucía además lucía unos colores que daban envidia a las flores y como guinda, obsequiaba con un intenso y constante lagrimeo… vaginal. Lo que se dice un auténtico portento de generosidad (Para los que sabemos de cuentas).

Alcornoque. ¿Cómo cojones quieres que eche raíces si todavía no me ha encontrado mi lugar en el mundo?

La ficción, una salida de la realidad. Era un callejón sin salida, por razones que aunque vengan al caso es preferible no contar, que tenía un manojo de ellas en superficie junto con un centenar de pasadizos subterráneos moderadamente secretos. Pero empantanados en  materia de eufemismos ya se sabe.

Un pequeño deseo inaudible. De mayor quiero ser sordo al dolor ajeno desde que era chiquitito.

La resta multiplica. Si a mis recuerdos le restase mis olvidos sobrarían naipes de las dos barajas. Es la memoria la que, en mi caso, sufre desde siempre una profunda vocación de desmemoria. Y es la desmemoria la que, imaginando el pasado, está haciendo amnesia, para no abrumarse con los olvidos de la  memoria.

Abismado en el abismo. Los hombres libres trazaron una línea dividiendo, es un decir, cuidadosamente el territorio que, según sus propias leyes, les pertenecía. Después ordenaron a sus esclavos abrir una profunda zanja que acabó convirtiéndose, y cada día un poco más, en un abismo absolutamente insalvable entre los hombres libres y sus esclavos. Y en esas.

ELOTRO


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