Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 1 de enero de 2013

Diálogos sangrientos…





Diálogos sangrientos…

En mi opinión, señor juez, el tan cacareado “diálogo entre lo tradicional y lo nuevo”, o no hizo acto de presencia o no tuvo efecto. Cuando llegamos, la escena del presunto crimen, “si no existe cuerpo del delito…”, estaba completamente empantanada, encharcada de sangre azul y roja, llegaba hasta casi un palmo de altura, muy por encima del rodapié; las paredes y el techo salpicadas; la mesa, las dos sillas, el tablero y todas las piezas, las treinta y dos, irreconocibles, hechas añicos, minúsculos añicos flotantes… mucha, mucha astilla ensangrentada de azul y rojo… sin embargo, señoría, hicimos un hallazgo harto curioso: unos dados y un cubilete: estaban  intactos, flamantes, sin usar… e… ¡impolutos!… perdóneme señor magistrado, pero ni repajolera idea de cómo habían ido a parar allí, ni del porqué, el perfecto estado de revista en que se encontraban… ¿por puro azar?  ¿por cualquier otro motivo igualmente aleatorio o poético? Complicado averiguarlo, mucho… y además la guinda, apareció un librito, flotando majestuoso sobre la sangre… y pude comprobar que escrito a medias, a renglones cortos, quiero decir… obra firmada por un tal… Distefano… Di Stefano Mallarmé… creo recordar que dijo el nuevo forense, un tipo que presume mucho de lecturas... de esas.

ELOTRO


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