Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 27 de enero de 2013

Apuntaciones sueltas






Un soberbio imbécil. ¿Un imbécil inyectado de soberbia?

Él, el sublime. Él ejercía sobre él una fascinación irresistible, eso decía, para él.

Aunque estaba, ya no era. Prácticamente clavado, rígido como una estatua, sin hacer nada ni deshacer nada desde hace la friolera  de quince años y sin abandonar el mismo punto en el que, víctima de insistentes y sutiles presiones procedentes tanto de su entorno familiar como del profesional, decidió sin más refrenar drásticamente su impetuosidad creativa. Y no da el menor síntoma de querer volver a la “vida”.

A destiempo. Los precedentes habitan invariablemente en el futuro. Y allí  presumen de resultar poco o nada útiles de cara al pasado. Mientras tanto, la comunidad científica a lo suyo.

La envidia nos sana. Envidiar, envidiar, envidio a los afortunados portadores de molleras despreocupadas. Y un poco menos a sus acompañantes.

A sabiendas. Cuando se afirma que todo parecido con la realidad es voluntario y no casual, casualmente se complica esa realidad.

Los años no machacan en balde. Ya no nos quedan maneras de hacer el ridículo.

En caso de que importe. Los brotes verdes son bledos.

…venga, nos llamamos. En principio alegó no haber sido  en ningún momento consciente de que la defensa de sus privilegios llevaba fatalmente aparejada la aceptación implícita de la desigualdad imperante. Luego, tras la “revelación”, balbuceó… desde luego algo habrá que hacer, es lacerante… por supuesto algo que esté en nuestras manos… nosotros, en cierto modo, hemos sido verdugos involuntarios… pero también víctimas… algo habrá que hacer… sin duda… ya quedamos, lo pensamos y eso… fácil no es…ya veremos…venga, lo dicho, nos llamamos…


ELOTRO

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