Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 30 de noviembre de 2012

Apuntaciones sueltas







Nada mas “valioso” para ti que lo que no les "sirve” a ellos.

Un signo significativo del sinsentido es que también puede contener su sentido y su significado, aunque solo sea en un plano simbólico. Ya sé que la frase es un galimatías pero en este caso el narrador no tiene toda la culpa, amigo lector.

Lo deforme y lo informe sirven para ensalzar la forma conforme.

Cualquier palabra puede tener, si se descoloca en el contexto inadecuado: doble o triple sinsentido; eso como poco.

No pensar también es una actividad creadora; no-pensamiento es lo que viene creando.

Abundan las mentes abiertas con cerrojos echados, desde dentro.

No pensar podría ser una manera de viajar: clase turista, sin moverse del sillón y venciendo la constante tentación de salir por piernas o cualquier otro pensamiento viajero.

Echen un vistazo a su alrededor y díganme: no pensar, ¿es de sentido común?

Los poderosos aceptan la desigualdad en defensa propia; la de sus privilegios.

¿Por qué todo el mundo subestima la importancia de los rábanos, los cominos, los pepinos o los bledos? Y no me dirijo solo a los forofos carnívoros.

En estos tiempos que corren -marcha atrás- resulta imprescindible aprender  "el paso del cangrejo": claro que solo si quieres  salir adelante.

ELOTRO


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jueves, 29 de noviembre de 2012

Otrerías






“Paseo y cavilo, y sigo andando y sigo cavilando. Y acabo rabiando. Nunca falla”.
ELOTRO

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lunes, 26 de noviembre de 2012

“El desprecio” / J. L. Godard









La obra de Godard “El desprecio”, que he visto por primera vez, me ha dejado tres “imágenes” que, probablemente cuando ya no recuerde nada de la película, dentro de unos días, seguirán grabadas en mi memoria visual.





Una, la desmesurada barbilla, prominente y cortada como a hachazos, parece un dibujo de comic, de Jack Palance, que se perfila a contraluz mientras se dispone en la escena a besar a Brigitte Bardot. Dos, el chocante torso peludo, negro y muy concentrado, del genial  Michel Piccoli. Y tres el espléndido culo de BB. La hermosa fotografía, los geniales encuadres y movimientos de cámara mucho me temo que se desvanecerán como…
Lamentablemente también acabaré olvidando el personaje que ¿interpreta? Fritz Lang y sus citas de Brecht, Dante o Hölderlin… y sus análisis y “traducciones” de la Odisea y la significación, que el quiere subrayar en “su” película, de sus personajes, su visión de Penélope, de Ulises… o de las relaciones con “el que paga”, el excéntrico productor yanqui  y sus “innegociables” exigencias “comerciales”, las “estrellas” en el cartel, las tórridas escenas con el culo de BB, y el “buen final” con Ulises volviendo al hogar… y la impecable “factura del producto acabado” listo para su acrítico consumo por las masas…
Godard, como siempre autobiográfico, nos cuenta los avatares del rodaje –del paraíso/infierno de la realidad- de la firma del contrato y su letra pequeña, de las coartadas que cada personaje utiliza para justificar lo injustificable de las renuncias y abdicaciones y del sometimiento “condicional” a las leyes del dinero… “hay que escribir al dictado porque eso pagará las letras del apartamento, cariño…” asume Piccolí / Godard, lo que le lleva a perder a su cariño, la estrella, en brazos del “despreciable” señor del dinero… y claro, al desprecio de todo y al auto desprecio…
Comienza Godard con una hermosa cita de Andre Bazin: “El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos”, pero la película se acaba y hay que salir, a satisfacer las necesidades vitales, a la despreciable realidad…

ELOTRO

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viernes, 23 de noviembre de 2012

Apuntaciones sueltas





 "Ningún laberinto conduce a ningún lado salvo al laberinto exterior de sí mismo".

Harry Mathews  (levemente modificado)

 

¿Impunidad del poder? Es muy fácil “no” someterse a las leyes: basta con pertenecer a la cuadrilla, caterva, pandilla o camarilla más o menos  mafiosa que las elabora, aprueba e implementa. Bueno lo de implementar, es decir el trabajo sucio de campo, se lo dejan, como las sobras de la merienda, a los perros…  



Los datos no significan nada si no se construye una hipótesis. (Umberto Eco) ¿El significado de la hipótesis, si lo tiene, dependerá de la “nada” de los datos?  ¿Cuántos datos se requieren para evitar que la hipótesis caiga en el abismo de la sinécdoque? ¿Es un problema de cantidad o de calidad de datos lo que proporciona caché intelectual a la “significativa” hipótesis? ¿Una acumulación desordenada de datos insignificantes podría obedecer a algún “significativo” orden oculto? ¿Qué opinaría Giacometti de Lenin, en el “hipotético” caso de que contara con datos “leninistas”? ¿Era Baroja un pedante que se quejaba “pedantescamente” de los pedantes? ¿De qué coño hablamos cuando hablamos sin datos significativos? No doy más datos porque no quiero “significarme”. Que entienda quien quiera.



Se llama leer. Es la forma en que la gente instala nuevo software en su cerebro.

No seré yo quien no defienda la lectura. Pero cuidado con bajar la guardia.
Eso de “software nuevo”, puede ser mucho decir. Lo de nuevo digo. También lo hay añejo, muy tradicional, muy rancio… Y no siempre, más bien casi nunca, “la gente instala”, sino que más bien la inoculan… No seré yo quien no defienda la lectura… pero sé de gente muy leída y muy burra y muy canalla y muy despreciable… que no tienen nada que envidiar a aquellos que se llevaban, y se llevan, la mano a la pistola cuando escuchaban la palabra cultura y gritan ¡Muera la inteligencia!… yo lo que digo es que mejor no confiarse, no “tragar” indiscriminadamente y no bajar la guardia… ni siquiera ante un libro, aunque sea gordo y lleve atractiva fajilla…



El colmo de la manipulación. Pienso en el colmo de los colmos, que es como el partido del siglo, aparece uno cada semana: “ser manipulado por la marioneta”. Esa marioneta a la que te unen hilos muy visibles. Esa marioneta de la que sospechas, menos habitualmente de lo que debieras, que oculta hilos, otros hilos. Y no estoy pensando en unos hilos cualquiera. Cualquier hilo nunca es cualquier hilo. Hay que pasar por el hilo del error para llegar a la verdad. Es precisa la búsqueda. Aunque no encuentres las palabras exactas no debes callar. Sigue hilando.

 

ELOTRO

 

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martes, 20 de noviembre de 2012

A veces las cosas salen de otro modo.







“Orestes, mató ante el altar a Clitemnestra,
nombre difícil de pronunciar,
pero al fin y al cabo era su madre.”

Alfred Döblin



-¿Acaso se ha propuesto sacar los pies del tiesto?
-No, no puedo volver a separarme, de ella no…
 -¿Se pasa mucha gazuza?
-Antes, mientras tuvo dinero, hablo de pasta larga,  su mágica presencia –sí, no exagero, mágica- me iluminaba, me financiaba, me abría puertas y cuentas corrientes… me estremecía de gustirrinín… también de felicidad, de grandes y picantes placeres…
-A veces las cosas salen de otro modo.
-¿He tenido mucha potra entonces?
-Hombre, si vives solo, bebes solo; no tienes que escuchar a otra rajar; se está bien en tu propio, austero y solitario cuchitril…
-¿A usted le gusta el sexo?
-Si no hay más remedio.
-Ya.
-No, no soy un ejemplo, tampoco lo he pretendido nunca.
-De mujeres, a pesar de todas, no entiendo ni jota. Quizás por eso me siento irresistiblemente atraídos por ellas…
-¿Incorregible?
-Hasta ahora. Pero quién sabe…
- Ciertamente no es fácil rebelarse, no digo imposible, contra la propia constitución; está uno muy condicionado por las leyes del físico y de la física, y de la inercia y de la resistencia o su falta… y las de la barriga…
- Es la esclavitud más abominable e indigna que imaginarse pueda… hay días que, preso de la desesperación, solo aspiro a arrollarme al cuello la goma del gas y, muy despacio, aspirar por aquí, aspirar por allá, aspirar muy profundo y ya está…
- ¿Y no se estará usted arrullando con su propia y soporífera charlatanería? Le oigo hablar y desbarrar como un decimonónico mocoso romántico, y eso, a nuestra edad y a estas alturas del siglo resulta escandaloso y patético… no, sus lastimeros e interminables gimoteos no son de recibo… todo su discurso es una engañifa, no me apetece oír sus estomagantes cacareos lacrimosos… no pico… ya no pico más… es usted un pelma, un rollo, un…
Y tomando un doble y vigoroso impulso, puso en contacto el batidor de crema, con su espiral de alambre, con la caja torácica de su interlocutor. En cualquier caso, la caja torácica no estaba preparada para colisionar con batidores de nata… como posteriormente reconoció el kilométrico parte médico…
Alguien tiene que cobrar, por qué, no se sabe muy bien.

ELOTRO

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Por qué, no se sabe muy bien.






Me quieren quieto, luego existo.
ELOTRO

Pude observar un inconfundible brillo en su mirada. Lo más importante en los hombres son ojos y pies. Hay que saber ver el mundo y entrar, o salir, de él. Aquello bufaba por los cuatro costaos que no daba más de sí: las posturas, por abstrusas e incongruentes, no solo eran idénticas y opuestas sino también y por encima de todo, antagónicas. Le ofrecí pues dejarlo en tablas, de momento. “Perdone, le dije, ya lo retomaremos en otra oportunidad, ahora tengo que despedirme; vengan esos cinco.” La jeta se le arrugó, se le pobló de profundos pliegues petrificados y por las mismas le cambió la coló: de rosadito porcino a amarillo pálido de yeso salpicado de orines; la sangre había huido de su rostro y al botarate se le  ponía cara de belicoso impertinente. Así es, me dije, como se echa uno a perder. Por supuesto no me chocó la mano. Se me puso delante. Me gritó algunos improperios. Me levantó la mano. No me tocó, ni siquiera me rozó. Me injurió salpicándome de salivilla muchísimas veces. Esperé a que se vaciara de aquella basura, pacientemente –no es por nada pero mi trabajito me costó- con las manos, es decir los puños cargados, en los bolsillos, la cabeza gacha y la boca cerrada. Seguí esperando, cada vez más impaciente, a que me diera pie; al fin y al cabo estábamos en su casa. Cuando me cansé de esperar, le di en los morros. Cayó al suelo tan largo era. Quedó inconsciente, digo que aún más, y sangraba abundantemente, a chorros, por las fosas nasales y por la boca sobre la que era pulcra moqueta. La expresión del rostro, sin embargo, se había relajado, se había desplegado, alisado y ablandado: tenía una expresión, salvo por el exceso de rojo, como de serena beatitud; y, además, había recuperado la coló, el tonito rosáceo que se tiene por vital. ¡Lástima de inconsciencia!
Y cómo no, puse pies en polvorosa. Alguien tiene que cobrar, por qué, no se sabe muy bien.

ELOTRO

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miércoles, 14 de noviembre de 2012

La inhibición






“La literatura como una defensa contra las ofensas de la vida”.
(Pavese)


La inhibición psíquica acostumbra, la noche que menos se la espera,  a entrar sin llamar, recorre el pasillo sin hacer el menor ruido, se cuela imperceptiblemente en el dormitorio y, ya en el catre, saluda frígidamente  y, con flemático protocolo, presenta credenciales cómo inhibición física. A resultas de lo cual, al menos a uno de los dos cónyuges le echa a perder el tórrido negociete…
- Y qué, ¿Esperar a que escampe?
- Hay otras cosas además…
-¿Y qué son esas pamplinas?
-Pamplinas o no, cualquier cosa menos dejarse acoquinar… Anudar, sí señor, se trata de reanudar, se trata de restablecer la conexión, de volver a unir el hilo que va desde la corteza cerebral a los genitales… y aprovechar el tiempo como está mandado.
- El tipo ha recibido un gancho en la mandíbula, queda colgao, queda sonao, queda de narices contra la lona… o el colchón…
-Sin duda una situación difícil, desesperada, de acuerdo, pero, ¿el derrotismo, en cualquier orden de la vida, da de comer? No, no y no, eso es tan seguro como un amén en la iglesia. Así que a levantarse, a espabilar, a pelear y… aprisita…
-Se expresa usted como un iluso, ya no quedan de esos, la gente ahora prefiere ser sumisa, dócil, acomodaticia, conformista… en todos los órdenes, también en el sexo…
-Quizá no se haya fijado, pero los hay…
Se mordió el labio de arriba, se mordió el labio de abajo, se mordió los nudillos del puño izquierdo primero y luego los de la otra mano, se mordió la lengua, por qué, no se sabe muy bien.

ELOTRO

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HUELGA GENERAL














ELOTRO


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lunes, 12 de noviembre de 2012

Nada; cosas mías...






La salida del laberinto de signos resulta ser la entrada del laberinto de significados que a su vez desemboca en el laberinto de símbolos que inexorablemente nos arrastra a…

ELOTRO


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martes, 6 de noviembre de 2012

Marcos Ana





El martes 30 de octubre asistí en la biblioteca Marqués de Valdecilla de Madrid a un homenaje al poeta comunista Marcos Ana en el que se proyectó el documental “Marcos con M de Memoria”, de Javi Larrauri.

Marcos (el nombre de su padre) Ana (el nombre de su madre) tiene 92 años y “parece un niño”. Parece un niño, por su enorme y constante curiosidad (“me pasé muchos días, entusiasmado y aprendiendo, hasta las dos de la mañana con los jóvenes del 15M en la Puerta del Sol), por la trasparencia y bondad de su mirada (Ni tan siquiera cuando habla de los peores momentos pasados en las celdas de tortura se le nota el más mínimo odio o rencor), parece un niño porque “lo pregunta todo”, según relató el Rector de la UCM, el hijo de Carrillo, presente en el acto y que lo conoce desde hace cincuenta años. Parece un niño porque dice exactamente lo que piensa y punto.

Dice Marcos Ana que le incomodan los homenajes, que por supuesto los agradece, pero que no le gusta que le rindan honores a él, a Marcos Ana, porque al fin y al cabo, dice, yo solo soy uno más de los que lucharon por la libertad contra los que atacaron la libertad; uno más de los que sufrieron la cárcel, la tortura y el exilio, y además, dice, uno de los pocos  privilegiados que me libré de “la Pepa”, la pena de muerte, que salí de la prisión, y que pude contarlo fuera de la España franquista.

El “privilegiado” Marcos Ana, pasó en las cárceles franquistas 23 años, fue torturado 42 días seguidos, tuvo dos condenas a muerte y pasó dos años “en capilla” esperando que el guardia pronunciara su nombre y despidiendo, cada noche, menos los sábados que debido a la misa del domingo no se fusilaba, a cientos de compañeros que caían acribillados a balazos en el paredón. Ni relatando estas atrocidades es posible escucharle a Marcos Ana una palabra inadecuada o más alta que otra. Si acaso se le humedecen los ojos y deja traslucir cierta  crispación, casi imperceptible, en los labios. Pero él sabe que su labor consiste en “contar” lo que ocurrió, en narrarlo todo, en no hurtar dato o detalle, en nombrarlo todo y en no abusar de los adjetivos, en mostrar los acontecimientos tal y como sus ojos los vieron, su piel los sintió y su memoria los guarda. Y una vez “todo” sobre la mesa, dejar que cada uno, indiferentes incluidos, se “retrate”.
Cuenta Marcos Ana que, en la celda especial desde la que los presos eran llevados  hacia el paredón de fusilamiento, se habían hecho algunas discretas incisiones en la pared, para que los que en las siguientes horas iban a ser fusilados pudiesen introducir en ellas sus pequeñas notas de despedida  dirigidas a sus familiares y amigos. Él se presentaba voluntario para limpiar la celda y hacía de correo.


Al salir de la cárcel la policía franquista le seguía los pasos. El “Partido” le comunicó que sería sacado clandestinamente de España y que, mientras tanto, no cometiese ninguna imprudencia.  “Durante un tiempo hice vida de tonto, pasear, mirar escaparates, ir al cine…” Había entrado en prisión con diecinueve años y salía con cuarenta y dos. Casi no recordaba cómo era un árbol y no conocía mujer… hoy tiene 92 años y dice que sigue teniendo muchos proyectos y que sigue enamorándose… acaba de estar en Palestina y en el Sahara… es presidente de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales… no para de dar charlas por los institutos y las universidades y dice con toda claridad que “la Transición no movió ni una sola hoja, no cambió nada de las instituciones del Estado heredadas del franquismo… y por eso pasa lo que pasa…” –al lado mismo del hijo de Carrillo, el Rector de la Complutense-.

Hay quien dice que es porque no se llama Mandela, y quien apunta que es porque no es negro, y quien afirma, un servidor, que todo se debe a que fue y sigue siendo comunista, revolucionario e insobornable… y por lo tanto que el Príncipe de Asturias de Humanidades se lo pueden meter por donde les… (no sigo vaya a ser que el camarada Marcos me llame la atención).


ELOTRO


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viernes, 2 de noviembre de 2012

Me acuerdo...





Sirviéndome de la original formula de navegar por la memoria del pintor y escritor Joe Brainard (1942 – 1994) os contaré que:


Me acuerdo de un día -hace ya un montón de años, allá por los primeros ochenta del siglo pasado- soleado de primavera, recuerdo que iba buscando la sombrita de los árboles, a primera hora de la tarde, caminando solo y más bien tristón y meditabundo por la calle Almagro (Madrid), por la acera de la derecha en dirección norte, creo recordar que me dirigía a ver alguna exposición de grabados en la galería Estiarte.
En la misma acera, en la terraza de un bar, una mesa ocupada por dos hombres, según me voy acercando reconozco a uno de ellos, es mi viejo amigo el poeta Julio Vélez, casi al mismo tiempo él me ve y como impulsado por algún resorte se levanta   de su silla; sorprendidos y alegres, llevábamos años sin vernos, nos abrazamos: “Luí, me dice, coño que alegría ¡Cuánto tiempo! ¿Adónde vas?... mira, te voy a presentá a este amigo: Eduardo Galeano. Y éste, Eduardo, es mi amigo Luí, un antiguo camarada, es pintor (lo dijo así, con todas las letras)”.
En fin, para mí fue mucho más que un gratísimo encuentro. Con Julio siempre resultaba así, era como un chute de alegría, de ánimos, de fuerzas para continuar, producía y regalaba poesía constantemente. Pude experimentar que, aparte del legendario idiota con el que te tropiezas e ineluctablemente te estropea el día, también puede ser que aparezca el viejo amigo, el compañero de luchas y de alegrías y de fatigas y te haga un sitito a la sombra protectora de la amistad.







- Me acuerdo de habérmelo cruzado en numerosas ocasiones, él siempre solo y yo siempre solo, por el Paseo del Prado (en concreto en el cruce del semáforo que parte justo de esa tienda que hace esquina, hortera a más no poder, y que vende a los turistas “objetos de arte toledano” y figurillas de LLadró, bueno y no te lo pierdas, ahora tienen soldaditos de plomo en el escaparate entre los que destacan Franco y Tejero.) en dirección al Museo del Prado; se trataba de un tipo más bajo que alto, de aspecto robusto, la nariz achatada de boxeador, la cabeza como una brillante bola de billar… La última vez que coincidí con él, ya sabía de quién se trataba: el poeta Pepe Hierro (amigo de mi amigo Julio Vélez). Parece ser que en una callecita a espaldas del Museo, (por ahí por donde vivió sus últimos años don Pío Baroja y en donde celebraba las tertulias sobre las que escribió su librito “costumbrista” don Juan Benet…pero bueno eso es de otra ópera) estaba su bar habitual, donde solía escribir, fumar y tomar sus copitas de anís.






Me acuerdo de haber visto a Rafael Azcona, andando, o más bien paseando despacio pero con paso firme por la calle de Alcalá a la altura del caballo de Esparteros, (creo que ese es el famoso caballo, del que Marías escribió no entender la fama, a su juicio inmerecida, del tamaño de sus atributos, tan glosados popularmente) en la bifurcación de Alcalá con O’Donnell. Me hubiese gustado estrecharle la mano, y agradecerle los buenos, buenísimos  ratos - y un sinfín de razones y luminosos descubrimientos- pasados a la lumbre de sus extraordinarias obras literarias y cinematográficas. Pero me dio corte, me pudo el miedo a importunar, y no me atreví. Me impresionó el buen aspecto físico, la impecable tiesura al andar, a pesar de que ya era octogenario, de aquel indomable, orgulloso e impenitente  “rojo republicano”.


ELOTRO


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