Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 30 de octubre de 2012

¿Peor que qué?





Demasiado cerca.

Por fin decidí aproximarme a ella. Y resultó que, de cerca, no era ella. Ni nunca lo había sido; por lo que pude ver. Y nunca lo sería, por lo que pude   oír. Aprendí que cerca siempre es demasiado cerca para un sueño garabateado en la lejanía.

ELOTRO

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domingo, 28 de octubre de 2012

Otras manzanas
















Al ansia de empezar por el final le sucede, en mi caso, el ansia de acabar por el principio.

ELOTRO


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jueves, 25 de octubre de 2012

Cartografías Imperiales, agujereables.






“Cuando al fin prescindí de las Cartografías Oficiales del Imperio, pude comprobar, tras numerosas marchas y frustradas caminatas, que, en el lado de la llamada “realidad”, no existía camino alguno de salida, o sea, con salida incluido, que no fuera finalmente: ficticio, amañado, fraudulento. Pacientemente, durante incontables años, seguí pululando, ojo avizor,  a todo lo largo de la raya fronteriza. Y, por fin, cuando ya las esperanzas habían mermado hasta casi sus últimas bocanadas, cayó a plomo, sobre mi pensamiento, la luz del día adecuado. Pude entonces, aprovechando un momento de descuido del gran vigía, en años el único, y la generosa oscuridad de aquella noche, lograr deslizarme inadvertidamente hasta el mismísimo lado de la llamada “ficción”. Y, una vez allí, pertrechado de lápiz y papel, me procuré un ventajoso agujero -del que luego si se tercia podremos ampliar detalles- que me permitió culminar con éxito la ansiada evasión. Es así como supe y pude llegar hasta aquí, a este para mí extraño, lugar o no-lugar. Perdonen pero  desconozco cómo suelen o prefieren nominarlo. Y este es, amables y acogedores nativos y nativas, el breve relato de mi fuga. Ahora, compréndanme, no preciso que me informen, tiempo habrá, de  qué territorio es éste ni cuál su bandera ni detalles sobre otros símbolos que adornen a la tribu que legítimamente  o no detente actualmente el poder.
Por mi parte solo espero y deseo de su amabilidad se sirvan detallar, a ser posible sin ahorrar dato o letra pequeña, todas las leyes y reglas “ficticias” y “reales” que rigen, sobre el papel o sobre el albero de la vida, en este su respetable lugar o no-lugar –y en los tres lados de “lo real”, si no es mucho pedir- para los extranjeros que, como un desdichado servidor, y carentes de las oportunas credenciales legales, provenimos de más allá o del otro lado del, desacertadamente tenido por infranqueable, Muro Oficial Fronterizo.
Ya saben, más vale un toma que dos te daré… no sé si…”


ELOTRO


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lunes, 22 de octubre de 2012

Nada; cosas mías…








El veneno dulce envuelto por una capa de chocolate amargo.


Si todo está en orden es que nada marcha ni bien ni mal ni regular que no marcha ni se marcha.
Todo era igual que antes ése antes que ya era igual que aquél antes que a su vez había sido igual que… tanta igualdad escama… qué eslabonamiento más cansino… cada vez más cansino… cada vez más igual.
En medio del desierto de Sonora… o era el de Mojave… he oído con odio más de una vez… era el de Sonora… seguro… es de cajón… cómo una gota tras otra de agua caían de un grifo en silencio.
Oí mi mirada jadeante dejé de respirar por fin recobré mi habitual sinsentido cada segundo temblaba hacia delante… literalmente de novela de miedo llevada al cine… el segundero… aparentemente todo estaba aparente en desorden pero me resultaba casi imposible hacer el pino asentar la cabeza y pisar tierra firme… se vislumbraba que aquello no era un simple juego… el otrora valiente grifo dejó de gotear alegando en su defensa  no sé qué luz mortecina que le deslumbraba o que ya era demasiado tarde o que el pasillo resultaba excesivamente largo y anticuado… y otras absurdas ocurrencias que no figuran aquí por risibles o verosímiles o descabelladas… por otro lado las malas lenguas callan no sin esfuerzo pero callan que según todas las fuentes más o menos secas de la comarca  todos los males del caprichoso goteador provienen de la ancestral y no por ello menos mezquina tacañería de las cañerías que a su vez se justifican y escudan en la escasez de mimos que reciben por parte del inconstante y malicioso regulador que éste sí que no da puntada sin hilo pretende hacer comulgar con ruedas de molino de agua a toda la seca y sedienta feligresía sacando a pasear la sequía… sí señores de orden… la sequía… como polivalente coartada para que todo marche y nada fluya.



ELOTRO


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viernes, 19 de octubre de 2012

Apuntaciones sueltas





“Lo que embellece al desierto es que, en alguna parte,
esconde un pozo de… ¡petróleo!”

Antoine de Saint-Exupery, levemente manipulado.



Hubo un tiempo en el que lo que una foto callaba era la verdad, ¡Visible!

La literatura distópica resulta más interesante –sin exagerar- cuando se desconoce su fecha de intencionalidad. (Y la del Editor)

Mis relaciones conflictivas se limitan a ciertos “sujetos” que se suelen encontrar, y al parecer la mar de conformes y contentos ellos, bajo la estricta obediencia  a ciertos “objetos”.

No afirmo que sea imposible, pero no es fácil solucionar un conflicto inexistente. (Mucho ojo, digo invisible, no inexistente.)

En las reglas ordinarias de funcionamiento suelen gestarse las programadas averías extraordinarias.

Hacer invisible lo visible viene a resultar prácticamente lo mismo que hacer visible lo invisible. En el fondo son solo ganas de aturullar la percepción del  personal que, chapoteando en ese imaginario charco, vegeta tan dichoso en su cómoda invidencia.

La extrema transparencia de la que merecidamente presumen nuestros abnegados gobernantes es igual de cegadora que la extrema luminosidad que ilumina todos sus actos de pillaje. Pero la sucia e irreductible –hasta ahora- corrupción parece que sigue ahí, no se ve, no se puede ver, no hay quién la vea; pero hiede, la cabrona.
(Nota: Me informan para que les informe de que los técnicos  del Ministerio de la Verdad y la Propaganda, los mismitos que consiguieron decantar la “apariencia limpia y transparente” de la convenida podredumbre y corrupción imperante -y que antes ya “elaboraron” la luz que impide ver-  están, como no podía ser menos tratándose de siervos con alto nivel de privilegios sexuales y muy bien retribuidos monetariamente, en ello. Pi, piii, piiiiiiiii…..)

ELOTRO


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martes, 16 de octubre de 2012

Nada; cosas mías…






Hoy mis cavilaciones, o mis desvaríos, no van principalmente dirigidas al campo de las “instituciones”, a las que tanto aprecio, que nos “pastorean”; que bien mirado también; sino al terreno llamémosle más personal y doméstico, al de los “asuntillos internos o externos”  que irremediablemente afectan a cada sujeto, incluidos los “don nadies”, en la confusa vorágine de sus avatares más prosaicos y cotidianos.
Es sabido que una persona  cualquiera tiene que enfrentarse cada día, si no te queda otra, claro está, a sus propios, engorrosos y peliagudos asuntos. Y, en línea con las “instituciones” que nos vigilan, lo primero que debe resolver, en mi modesta opinión, de cara a una  posible resolución, es determinar de qué tipo de asunto se trata: interno o externo. Ésta distinción, insistimos, es  “básica”, y debe ser realizada, sin excusa alguna, en primera instancia. Nos podrá ayudar, o no, pero sin duda nos informará de por dónde sopla. Y a partir de ahí, ya te digo yo, lo de barlovento y sotavento está tirao.
Como ya sabemos, o deberíamos saber, “lo exterior y lo interior”, mantienen, a pesar de sus evidentes diferencias de origen y calaña, innumerables conexiones y relaciones de carácter muy complejo y no menos conflictivo, aunque las más de las veces descifrables –afirman los listillos-, de índole antagónica o complementaria, o sincrónicamente, tanto en el tiempo como en el espacio.
¿Quién no ha oído hablar del “YO universal” (externo) –también denominados “los otros”- y el “Yo individual” (interno) -que en el caso de servidor, y del que desee apuntarse, se desdobla con ELOTRO-? Pues bien, tanto si la respuesta es positiva como negativa, la necesidad de saber de dónde proceden las hostias, sea del lado del enemigo externo o del ocupado por el enemigo interno, sigue siendo –desde un punto de vista defensivo- fundamental. Y esto no parece que tenga, que yo sepa, vuelta de hoja.







Para los que hayan tenido la santa paciencia de llegar hasta aquí, pongamos un ejemplo que puede ser clarificador:
El desprestigio social, el de uno mismo digo, ¿es un asunto calificable como exterior o interior? El desprestigio social que uno sufre, ¿nace o se origina dentro o fuera de uno? El desprestigio social que nos hemos ganado a pulso o que nos han adjudicado graciosamente  “los otros”, ¿es un asunto interno, externo o mixto? El desprestigio social que nos estigmatiza ante los demás, ¿tiene posible solución “interna”, “externa” o “mixta”? ¿O no la tiene externa ni interna ni mixta? ¿Existen vientos -¿mixtos?- que soplan las velas, simultáneamente, desde popa y desde proa? ¿Cuál es la posición de guardia correcta para bloquear un gancho propinado por un puño “interior” cuando estás en guardia, en paralelo, contra un derechazo “exterior”?
No es mi intención desmoralizar a nadie, que cada uno valore la cuenta que le trae, pero si el primer paso inexcusable es determinar “el lugar” (con relación al sujeto)  que ocupa el dichoso asunto en relación con el “lugar” (con respecto al asunto)  en el que se desenvuelve el sujeto en cuestión en estricta concordancia con el tiempo en que coinciden ambos, tengan, por lo que más quieran, mucho cuidado con los líos –no solo los de la picha-, con los nudos –que se auto-infligen los vientos- y con los hilos –y sus caóticas ilaciones- , tanto “internos” como “externos” – sin menospreciar los híbridos con huevo frito-. No sé si me explico.

ELOTRO


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viernes, 12 de octubre de 2012

Paul Gauguin y el viaje exótico






“La aventura, la gran aventura, es ver surgir algo desconocido cada día, en el mismo rostro: es algo más grande que todos los viajes alrededor del mundo.”

Alberto Giacometti


No, no es que en la exposición “Gauguin y el viaje exótico”, en el Thyssen se hayan incluido obras de Giacometti, no, no es eso. Se trata simplemente de traer aquí un punto de vista contrario y simultáneamente complementario a la tesis “del viaje”, como huida o como busca, que sostienen los organizadores de la muestra. Frente al dinámico “salto” viajero, Alberto Giacometti, apuesta por la atenta e indagadora actitud contemplativa, como el que pudiera ser el más “grande y revelador” de los viajes.




¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? 
Entre los grandes artistas y a lo largo de la historia encontramos de todo un poco. El artista emprendedor y viajero y el sedentario observador que viaja con su imaginación. Cruzaron fronteras: Durero, Rubens, Delacroix, Manet, Kandinsky, Klee, Matisse, Melville, Stevenson, London, Conrad, Bowles, Chatwin… y, por el contrario, se quedaron en casita: Rembrandt (¡Ni Roma ni Florencia ni Venecia ni hostias! Parece ser que dijo); Verne, Braque, Ensor, Morandi…
Y claro está los que son una mezcla más o menos “proporcionada” de ambas actitudes, que suelen ser los más numerosos.





Paul Gauguin fue un artista activo, vertiginoso y muy viajero: “Occidente está podrido”, proclamó; y permanente fugitivo, afirman algunos. Abróchense los cinturones y vean que trajín de vida llevó: Como anécdota inicial apuntemos que cuando solo tenía un año de edad viajó de Francia a Perú, donde pasó sus primeros años de infancia. (Gauguin era nieto de Flora Tristan, a la que no llegó a conocer, pionera del socialismo utópico y del feminismo, amiga de gente como Fourier, Proudhon o George Sand).
Cinco años después volvió a Francia, a Orleans, y en su juventud se enroló como marino mercante; ya casado trabajó en la Bolsa de París, vivió una temporada con su mujer y sus cinco hijos en Copenhague; Más tarde, durante un tiempo, tras abandonar (nunca del todo) a su familia en Dinamarca,  vivió en Normandía, junto a Pisarro, dedicándose por entero a la pintura; viajó a Panamá y trabajó en las obras del Canal donde “ fue hecho preso por la policía por el delito de haber orinado en una de sus calles” y también tuvo ocasión de sufrir algunas enfermedades tropicales: disentería, paludismo o fiebre amarilla;  De Panamá pasó a La Martinica, estancia esta de singular aportación a su pintura: la luz, la exuberante naturaleza, los colores, las gentes y la atmósfera del Caribe; una vez más volvió a Francia, a Bretaña, donde pintó unos años con el Grupo de los Nabis; en 1888 pasó dos meses con Van Gogh en Arlés, en el sur de Francia; y ya en 1991 se trasladó a la Polinesia francesa y se estableció en Tahití; nueva vuelta a Francia y en 1901 se trasladó a las Islas Marquesas donde en 1903, a los 51 años de edad, acabó su periplo vital. Mareante, ¿no? 




No cabe duda de la pertenencia de Gauguin a los artistas “físicamente” viajeros y de su irrefrenable deseo de ver, tocar, explorar, husmear y sentirlo todo materialmente, en primera persona, en la propia piel. Desde la experiencia de La Martinica, sus viajes dejan, de eso se trata, una profunda huella en su obra y son las nuevas “realidades” las que se apoderan de ella y le permiten “limpiar” su arte de todo resto de artificial “sentimentalismo”, incluido el “simbolista”.
La “mirada” de Paul Gauguin, el cómo y el desde dónde, no es la mirada “exterior”, rápida, predispuesta y superficial del turista (cómo en su caso acaba de reconocer recientemente Woody Allen de sus pelis “europeas”), sino la de aquel que se integra voluntaria y pacientemente, la de aquel que vive, disfruta y soporta, las mismas luces y los mismos frutos, los mismos paraísos o los mismos infiernos. Si se quiere comprobar hasta que punto esto se hizo realidad en sus obras no tienen más que mirar sus retratos de los “otros nativos” y sus autorretratos. Y juzguen ustedes mismos si por ahí respira o aparece algún “mirón guiri”. 




Al inicio de la expo han situado un magnífico cuadro, unas mujeres argelinas en interior de Delacroix, junto a la obra de Gauguin, “Para api” (¿Qué hay de nuevo?). Por supuesto que salvando las distancias creo que estas dos obras ejemplifican acertadamente lo que podríamos llamar una “mirada del visitante, exterior” y una “mirada del, prácticamente, cuasi-nativo, interior”. En la obra de Delacroix (el viaje al norte africano de Delacroix fue como acompañante de una Delegación Gubernamental francesa) los nativos “posan” y exhiben su exotismo al mirón intruso (y según sus “tradicionales” indicaciones), en la de Gauguin “están”, sumidas en la indolencia, tal cual, en su momento, se muestran de ordinario y aparecen sin más (ajenas a la existencia y coacción de cualquier extraño observador que las coloque según el canon) Las dos obras, unidas solo por el exotismo del tema, a ojos “civilizados”, están realizadas con sesenta años de diferencia, además.



El hilo conductor de esta exposición es sin duda Paul Gauguin, su obra y sus viajes. Pero como en el caso de Delacroix, las salas está llenas de obras “acompañantes”, contemporáneas o posteriores, de artistas que vivieron situaciones similares, viajes o huidas, exploradores o accidentales, o que en su caso fueron directamente influenciados, (como su amigo y compañero de viaje Charles Laval) por la obra “viajera y exótica” de Gauguin.
El colorido de Gauguin, y en parte su composición y pincelada, queda perfectamente señalado y confirmado como una de las grandes influencias del “fauvismo”, y así lo atestiguan las obras presentes de Matisse (del que han colgado un jarrón de flores con fondo azul que es una pintura sencillamente sublime), Derain (extraordinarios sus bajorrelieves en madera) y Maurice de Vlaminck. No olvidemos además que Henri Matisse también viajó a los Mares del Sur (y veinte años antes al norte de África) en los años treinta del siglo pasado y que aquel “deslumbramiento” dejó nítida huella en sus obras últimas y experimentales realizadas con papeles coloreados y recortados.



Las obras “primitivistas”, (¿una suerte de contracultura?) realizadas por Gauguin en Tahití y en las Islas Marquesas, causaron un gran impacto en los expresionistas alemanes. La existencia, en los márgenes del mundo civilizado, de “Diversas” (tildadas por Occidente de “inferiores”) costumbres, razas, creencias, rostros, lenguajes, mitos… llamó la atención como fuente de inspiración de todos los artistas de la vanguardia de principio de siglo. Las máscaras africanas que Derain coleccionaba y que Picasso admiró en el Louvre o las esculturas en madera que Kirchner y compañía pudieron contemplar en los Museos Etnográficos de Alemania, tuvieron un gran impacto sobre aquellos artistas que, por encima de todo, deseaban elegir “su propio viaje” o su manera de afrontar la permanente contradicción tradición/revolución y la más moderna subjetiva/objetiva, y romper “amarras” con el concepto de “arte”, burgués, adocenado, tradicional y académico (¿puede haber mayor deshumanización en un arte?), que predominaba en la Europa de finales del diecinueve y principios del veinte y que “triunfaba”, económicamente y socialmente se entiende, en los Salones Oficiales.
La presencia en esta exposición de las obras de Kichner, Heckel, Macke, Nolde, o Max Pechstein, confirman con rotundidad el magisterio ejercido por la obra y la “actitud vital” de Paul Gauguin en este extraordinario y vanguardista conjunto de artistas. Quisiera también destacar en concreto las xilografías coloreadas de Gauguin (otro paradójico retroceso técnico), escasas en la exposición pero de gran relevancia en el conjunto de su obra. Una técnica de grabado “primitiva” que, en manos de Gauguin, produjo extraordinarias obras de “vanguardia”, es lo que tiene el conflicto dialéctico. Lo que, evidentemente no pasó desapercibido para Kirchner y los suyos.




Kandinsky también viajó a Túnez en 1905, y en 1914 lo hicieron Macke y Klee (que, bajo la luz africana “descubrió el color” y escribió en su Diario: ¡Ya soy pintor!) En distinta medida, bien es verdad, pero en todos ellos resulta fácil encontrar la marca “formal y colorista” de Paul Gauguin.

En definitiva, la obra de Paul Gauguin, de cuya pervivencia él tenía serias dudas, (fue calificado como “el gran innovador” por el poeta simbolista Mallarmé) sigue vivita y dando guerra cien años después no solo en sus obras sino en la de muchos artistas que llegaron después y supieron ver los valores antiacadémicos y revolucionarios que se contenían en su obra (tampoco vamos a ignorar sus abundantes obras religiosas o puramente decorativistas de sus comienzos o su etapa bretona). 



Paul Gauguin fue un rebelde, un solitario individualista (anarquista de derechas lo califican otros), un insumiso, algo ególatra y un salvaje pendenciero, tanto en la Bolsa de París, (de dónde sí que huyó, es decir, de dónde huyó del Paul Gauguin acomodado, aburguesado y alienado en que se había convertido) con traje y corbata, como en los cafés y burdeles parisinos, bretones o arlesianos,  como frente a las tiránicas y racistas autoridades coloniales francesas de la Polinesia. Un heterodoxo incivilizado, inclinado a las depresiones en sus repetidos periodos de penurias económicas y creativas, difícil de doblegar e integrar, alguien que despreciaba furiosamente a aquella sociedad filistea que tanto lo había humillado, (alguien al que nunca habrían ofrecido un marquesado y que nunca habría aceptado un marquesado) alguien al que aún hoy se maquilla y se falsea (lo del libro de Vargas Llosa es solo una pequeña muestra) porque aún hoy sigue resultando, para la gente de orden, (al igual que su compañero Van Gogh) difícil de asimilar en su auténtica dimensión, claro está.
 Escribió Gauguin: “Si nuestra vida está enferma, nuestro arte también tiene que estarlo y solo podremos devolverle la salud empezando de nuevo, como niños o como salvajes (…) He huido de todo lo convencional, lo artificial, lo habitual (…) Vuestra civilización es vuestra enfermedad; mi barbarie es vuestro restablecimiento”

Escribió Manuel Vázquez Montalbán: “La grandeza ética de Gauguin consistió en militar dentro de lo que Peter Weiss ha llamado “la ética de la resistencia”, como estrategia de la conducta insumisa contra las sucesivas morales filisteas”


ELOTRO

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miércoles, 10 de octubre de 2012

Divertimento sobre "la nada" en particular






“La gente se divierte con unas cosas…”

Del libro: “El gato no-muerto; una visión realista de la realidad ficticia.”
Autor: desconocido dramática e  inexplicablemente.

“Me he vuelto un escritor realista. A mi manera, claro.”
Enrique Vila-Matas

¡Con dos cojones! ¡La metaaaa… esa, solo sirve para ciscarse en ella!– se escuchó vociferar y hasta gesticular, zafiamente, a su manera,  al académico  Arturo Pérez Reverte.

Como Corín Tellado. –apuntó Vargas Llosa. (provocando  las consabidas risas eunucas que acompañan al marqués)

Y eso qué diantres querrá decir.- exclamó, por exclamar,  JJMillás.

Enrique, que sepas que me gustas y te entiendo; pero no te leo. Yo es que a los contemporáneos… - sentenció un lector empedernido de textos “pre-socráticos” que citaba, sin nombrarlo y malévolamente, a Sebald, el amigo de Javi.

¿De dónde va a sacar el hígado y la sangre? – inquirió el crítico numantino.

En la esquina de su ¡nuevo domicilio! han abierto: “¡Un nuevo Mercadona!”, decorado con carteles de “Se Busca”, con la foto de un tal Sánchez Gordillo (y una mesa “petitoria” con recogida de firmas para exigir la democracia en Cuba, presidida por un busto (que no le hace justicia) de Rosa Montero). – aclaró una voz metálica con acento gaélico y tono de altavoz o megáfono “mu cascao”.


Lo que es evidente es que ya no veranea en Cadaqués. (los amigos, esos fracasados, le decían que solo hablaba tonterías) – señaló el concejal del ramo.

Entre “lo inglé” y “lo fransé” no hay “coló”, no comprendo “el salto” cavalcantiano. – afirmó un daltónico carente, también, de dudas.

A buenas horas mangas verdes, maeztro. – se lamentó un novillero visiblemente desencantado que pasaba por allí camino del tendido “7”.

El bistec “realista”, tira mucho.- reafirmó el doblador oficial de Woody, con su característico hilillo de voz.

Salvo el realismo, todo es ilusión. – aseguró un revisionista.

No politicemos el pasado. No politicemos el presente. No politicemos el futuro. No politicemos la política. Recomendó sensatamente Trapiello, muy recuperado de sus dolencias marxistas-leninistas-pensamiento maotsetung.

No politicemos a la “Señorita Pepis” susurró, autoparodiándose, Muñoz Molina, el neoyorquino.

Tócame la “vuvuzela”.- bramó un “hoolligan metaliterario”.

¡Que le den el Nobel! O, el Cervantes, o un marquesado…–profirió el desacreditador profesional que ese día cubría el turno de oficio.

Y ahora qué, ¿nos va a cambiar la banda sonora? Yo es que no doy crédito, (a lo Botín) vamos…vamos… vamos…- ¿Una que se va?


A mí la banda y la sonora me la suda, pero al “Joni Cach” que no me lo toque. – declamó el pinchadiscos del bar Manolo aprovechando la ocasión en el tempodel bocadillo: “Visite nuestro bar”.

Y ahora que vuelve a la realidad, ¿va a hablar de “lo mío”? – interrogó el solidario desprendido.

¿Qué dice Bergamín? –exclamó, algo desubicado, Picasso.

Ha elegido el camino más obstinadamente aburrido para llegar a la sabiduría, que por lo demás, y como todo el mundo sabe, no trata de ninguna otra cosa más que de sí misma. Pero, es cierto, no irá descalzo el peregrino. –concluyó un don nadie y muerto de hambre y bastante plasta. Para más señas consultar el diccionario de imposturas nimias.

¿Habrá funeral por la ambigüedad? O eso no toca. – quiso concretar el escéptico cajero de la Funeraria “No hay otra” recientemente y extrañamente privatizada.


Que se vaya, que se vaya y no vuelva. ¡Dios bendito! ¡Me ha dejado seco! ¡Qué saqueo!- masculló Kafka.
Y que lo digas…- respondieron a coro Walser y todos los demás damnificados.

(coro: aunque hay que reconocer que en este insufrible país nuestra cuota de pantalla ha aumentado exponencialmente, lo malo son los cobradores de royalties… ¿llamamos a Teddy?... planteó Max (sin “r”), el albacea de Franz.)


Rinn…rinn…rinnnnn…tin...tin...tin…
¡¡¿Cuánto dices?!!
¡¡¿Eso es “lo real”?!!
¡¡Belén de mi alma que razón tenías!!
Joder, ahora me lo explico todo… ¡vivimos bajo la “meta” de la “puta realidad” de la “ficción”!

(¡Joderos todos! “El Planeta”, que lo sepáis,  con “Independencia” o con “Pacto Fiscal”, es cosa hecha, Lara… La… Lara, ra…)


ELOTRO


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domingo, 7 de octubre de 2012

Aki Kaurismäki / “El Havre”







Pensar es reaccionar contra lo intolerable.
Gilles Deleuze

 

 

El Havre es una ciudad con puerto, desde el siglo XVI,  del noroeste francés, Normandía, en el estuario del río Sena, frente al Canal de la Mancha.

“El Havre” es una película, rodada en la ciudad portuaria del mismo nombre,  por el cineasta finlandés  Aki Kaurismäki. Es la segunda película que veo de este director, la primera se titula  “El hombre sin pasado” y también transcurre en un puerto, le deben de fascinar, éste en Finlandia. Lo subrayo porque, además de la actriz principal, en las dos pelis aparecen con cierto protagonismo los contenedores de mercancías almacenados o abandonados en las explanadas de carga de los puertos. No como paisaje de fondo sino como espacios que “contienen” vida. Sea la vida de los inmigrantes “sin papeles” o el refugio de los llamados “sin hogar” o sus vigilantes o trabajadores.

En “El Havre”, en la peli, un numeroso grupo de inmigrantes africanos clandestinos son descubiertos dentro de un gran contenedor que se había “traspapelado”. El llanto de un bebé los delata ante el guarda que hacía la ronda. 




Recuerdo la única vez que estuve en Roterdam. En el trayecto en coche, desde la autopista, frente al inmenso puerto, pude observar una imagen impactante, sobrecogedora, aquello parecía una enorme ciudad de lata, un impresionante enjambre de cajas metálicas, multicolores, señalizadas con vistosos logotipos y grandes números, apiladas en diferentes alturas, y “pastoreada” por colosales grúas móviles, con apariencia de gigantescos pajarracos, trasteando sin descanso como en un descomunal nido.
Recuerdo que en la serie “The Wire”, rodada en otra ciudad portuaria, Baltimore (USA), se hacía referencia al puerto de Roterdam como modelo de “funcionamiento eficaz”. Y en los capítulos dedicados al “puerto” también se “traspapelaba” un contenedor y también aparecían en su interior inmigrantes ilegales. En este caso se trataba de mujeres rusas introducidas ilegalmente en el país para ser obligadas por las mafias a prostituirse en los garitos que los mafiosos poseían en las ciudades americanas. Un pequeño accidente las dejó sin entrada de aire y al abrir el gran contenedor aparecieron muertas. Los contenedores, contienen vida o muerte, son un refugio o un ataúd.

Aki Kaurismäki es el director y el guionista de “El Havre”. Sus historias, sus personajes y sus diálogos me llevan a pensar, (casi me empujan) en otros artistas que, salvando ciertas distancias, comparten mirada (y, más o menos, intenciones). 





Por ejemplo en el noruego Kjell Askildsen y su estilo, tan frío y minimalista como “poético”, de “aprehender” la “horrorosa” realidad, esa que no vemos a pesar de tenerlas delante de nuestras narices, en sus relatos cortos.
Por ejemplo el italiano Erri De Luca, con su prosa austera, enfocada siempre a lo esencial, lo preciso, evitando el artificio, el adorno, la máscara de maquillaje y no olvidando nunca entre otros puntos  de vista, el de la conciencia de clase.
Por ejemplo, en el planteamiento plástico y en el refinadísimo humor que trasciende en algunas escenas y diálogos, es posible adivinar las referencias al gran Jacques Tati. Y, la lista de sus fuentes o referentes, a mi modo de ver, podría ser muy amplia…
“El Havre” es una mirada “optimista”, pero desde una posición infrecuente, sobre una realidad tan dura y tan espantosa como “real”. Es una película limpia y trasparente sobre una realidad sucia y “barrida” bajo la gruesa alfombra del “Estado del Bienestar”, en este caso francés.
“El Havre” es también una suerte de cuento mágico, con su carga explosiva bien estibada bajo su  seductora forma y contenido, (con milagro incluido, posible homenaje a Dreyer) pero sin rastro de sermón sensiblero. Es un canto a la solidaridad incondicional y desinteresada con el perseguido, con el marginado, con el don nadie, con el sin nombre, con el sin papeles, con el que no te podrá devolver el favor… frente a la ley y el orden establecidos, a la policía, a los delatores y colaboracionistas del Estado (de las cosas).







No parece que Aki Kaurismäki presuma, se aprecia claramente en su obra, de tener 
“las respuestas”, pero bien podría presumir del tipo de preguntas que nos plantea y sobre todo, desde que lugar nos las plantea,  y de la cautivadora forma en que lo plasma en su sencillo y elaboradísimo cine. No deja de sorprenderme que en 2012  alguien pueda llevar adelante un cine con estos arriesgados planteamientos y estas formas tan, aún bebiendo de los grandes maestros del cine, experimentales y tan a contramano, de los “Best Sellers” cinematográficos.
Aki Kaurismäki hace un cine que importa,  muy necesario, de una belleza extraordinaria (ese color, esa luz, esa fotografía, esa música), transgresora (esos encuadres o descuadres, esos movimientos "lentísimos" de cámara, ese montaje "seco y preciso", apretando las secuencias, sin transiciones  de relleno),  muy “ofensivo”, en su sustancia,  para la gente “bienpensante” y muy instructivo para los “inconscientes”, y diría que imprescindible para sus “desorientados” contemporáneos. No para los que prefieren “evadirse” con un cine inofensivo, “que no haga pensar”, claro, vaya a ser que les de una embolia cerebral, por la falta de costumbre, digo, a las criaturitas.


ELOTRO


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