Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Apuntaciones sueltas






Las huellas no son sólo lo que queda cuando algo ha

desaparecido, sino que también pueden ser las marcas de

un proyecto, de algo que va a revelarse.

JOHN BERGER



El futuro no llega nunca porque no hay presente que sobreviva al pasado que le pisa los talones. Sin embargo siempre tiene que haber alguno que lo ha pasado en el futuro peor que los demás. Siempre, no falla.

Me pasaba el día con el dedo insertado en el ojete, pero, a pesar de ello, no logré nunca ver la posible desconexión entre los que nos vigilan y los que nos castigan.

El sistema capitalista se asienta sobre todo tipo de injusticias con un gran nivel de productividad (lamentables, inevitables como efecto colateral y, con tiempo, subsanables en buena medida según sus defensores) perfectamente “visibles” pero, ¡asombrosamente! consigue que para el conjunto que conforma  la mayoría social “esto”, signifique lo que signifique “esto”, sea imperceptible o, lo que es lo mismo, “prácticamente inexistente”.

A veces, lo intolerable resulta “invisible” para el ojo, pero, por  contra, muy lacerante para el ojete ciego (Algo que no a todo el mundo le resulta fácil de gestionar).

Me gusta la respuesta que complica la parte inaudible de la pregunta matriz.

De callar, callar lo decible de lo indecible.

Puedes obstinarte en mantenerte obstinadamente en esa obstinación solo por pura obstinación. O, en último caso, por racional tozudez.

Cuando pasamos, el pasado todavía estaba allí, se ve que pasar no había pasado del TODO. El tren del pasado, dicen, engancha constantemente nuevos vagones…

Mi cabeza es un torbellino de certezas y orden, necesito un poco de pausa, quietud y una buena dosis de confusión.


ELOTRO

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La raya que me raya






“Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo que somos sino más bien, aquello en que nos convertimos, aquello en que nos estamos convirtiendo, es decir, el Otro, nuestro devenir-otro.”
Gilles Deleuze

“Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo “sucio” que fuimos sino más bien, aquello en que nos convertimos, aquello en que nos estamos convirtiendo, es decir, lo “limpio” que aparecemos, nuestro devenir-limpio y externo.”
Gilles Deleuze, levemente manipulado por ELOTRO


De vez en cuando me pongo a cavilar sobre algún asunto que, sin saber cómo ni por qué, aparece, se instala, arraiga y se adueña de mis pensamientos. A ustedes, ¿no les pasa? Ahora me ha dado con el temita de los  “asuntos internos”. Sabrán que el cine y las series de televisión, más que la prensa, se ocupan en muchas ocasiones de un departamento así llamado: “Asuntos internos”, casi siempre en el seno de la Policía, aunque parece que existe y actúa frecuentemente en otras instituciones: militares, judiciales, religiosas… que nos vigilan, nos controlan, nos cuidan, nos tutelan, nos ponen deberes, nos dan coscorrones, nos sermonean, nos mandan callar, nos castigan y, en definitiva, nos gobiernan. Parece ser que el tal departamento tiene la función de “lavar, escamondar, coser y planchar” los trapos sucios “internos”. Ya saben, restos de: orina rancia, sangre, caquita, flujo vaginal, pensamientos pecaminosos y subversivos, manchas resecas de semen, mocos petrificados o carmín… o el tizne delator del dinero negro en el “guante blanco”. Y supongo que lo llevarán a cabo “en casa”, siguiendo la expresión popular. 





Los trapos “externos” de estas beneméritas instituciones , por el contrario, deben de estar todos muy limpitos si nos atenemos a la realmente existente (digo visible para los súbditos) estructura policial, ya que un tal departamento de “Asuntos externos” sencillamente no aparece por ningún lado, no existe, no se declara, no figura  en el organigrama. ¿Se tratará, su manifiesta inexistencia, de un asunto interno y por tanto “invisible”, o sea inexistente, para los de fuera? ¿O es que “se trata” del “resto” de la institución?
También podríamos suponer que los altos mandos (más, más altos: los de la cúspide) lo consideran innecesario, inútil o inadecuado. Y así debe de ser conociendo la afición y el cariño que le tienen a la creación indiscriminada de aparatos (muros, fosos, laberintos) burocráticos. Hay periodos en que todo consiste en “engordar” el aparato del Estado. Y épocas en que, los mismos vitalicios burócratas, defienden un drástico adelgazamiento, recorte, del mismo. Cosas del sistema capitalista y sus crisis sistémicas… 







Por muy peregrino e inane que pueda ser el asunto de mis cavilaciones siempre procuro, para estirar, o plegar, el tiempo del pasatiempo, complicarlo un poquito: enmarañarlo, hacerlo más complejo, oscurecerlo; semejante a lo que hacía, aunque por motivos algo distintos, aquel despreciable plumilla franquista con sus columnas periodísticas, tras ponderar el nivel de legibilidad con su “inculta fregona” (¿Debemos colegir que  el hijoputa no pudo conocer a sus progenitores o, si los conocía, estos  no sabían leer?).
También elucubro sobre variantes como la línea que, policial y judicialmente, divide o separa los asuntos que se podrían archivar como internos o, en su caso, (también podrían ser asuntos de naturaleza dual o fronteriza, pero no quiero embrollar y eternizar demasiado las cosas) externos.
Me acuerdo de Sócrates y me pregunto, a mí mismo porque no tengo, ¡ay!, a nadie cerca, ¿Un “trapo sucio” se basa en el conocimiento o en la creencia? Quiero decir, en el “conocimiento” objetivo de que “es” sucio o en la “creencia”,  mayoritariamente aceptada por la audiencia, de que lo está. Parece un asunto baladí, y lo es. Y lo es precisamente porque no he conocido audiencia capaz de distinguir aquello que  sabe de aquello que cree y al revés. Incluidos sus componentes sabihondos o legos y los creyentes o ateos.









Y me pregunto, otra vez y otra, ¿Quién determina (sujeto, sujetos o instancia) lo que es “interno” y lo que es “externo”? No me preocupa el binomio endógeno/exógeno sino el más determinante: sucio/limpio. Pensemos simplemente que la etiqueta externo/limpio convierte (al sujeto u objeto) en un trapo ejemplar, por encima de toda sospecha; mientras que su contrario, la marca interno/sucio los cubre de ignominia y los condena, en el mejor de los casos, al tormento del agua hirviendo en los sótanos de “la inquisitorial lavandería”.
Y me pregunto, ¿Se producen vaivenes, mutaciones, de trapo sucio a trapo limpio, y viceversa? Y, una vez “limpio” el trapo sucio interno, tras su  feliz reincorporación a su puesto, (se entiende que limpio y externo aunque con cicatrices) ¿Conserva en su curriculum los antecedentes internos y sucios? Por ejemplo: Tomemos una institución como la Santa Iglesia Católica y a un obispo de vocación inmoderadamente pederasta (Claro está que todo sucedió en unas décadas de debilidad que supo aprovechar el pérfido oportunista Satanás). No perdamos el hilo: si el infame, (una vez descubierto y masivamente demandado en los tribunales civiles) ha confesado sus pecados y ha sido inmediatamente perdonado por su colega confesor, otro obispo o arcipreste o el mismísimo Papa (o sea, alguien con poderes en el departamento de asuntos internos), ¿queda entonces en situación de volver al escenario del crimen en su mismo puesto de mando y con los mismos poderes extra terrenales y las mismas prerrogativas celestiales o, es por el contrario enviado a impartir “cursos prácticos orientativos” en campos infantiles de reeducación sexual interactiva? 






Y me pregunto, siguiendo con las juguetonas dualidades, ¿Qué es interior o exterior y verdadero o falso en el dúo: Batallón Vasco Español/ GAL? ¿Y en la parejita de hecho PP/PSOE? ¿Es un trapo “fronterizo” (ahora interno ahora externo) un General que ha combatido, como y desde donde le salía de los cojones, el terrorismo sucio con el terrorismo limpio, bajo el mando de gobiernos de derecha y de izquierda (Bono dixit)? Y, por motivos similares (propagandísticamente hablando), ¿Son  trapos “fronterizos”: Savater, Vestrynge, Moa, Azúa, Boadella, Trapiello, García Montero, Vargas Llosa, Cercas, Leguina, Muñoz Molina…?
En el “territorio limpio”, exterior, así lo veo, ya no parece contar  lo verdadero o lo falso, sino únicamente lo que aparece enfocado, “iluminado” como producto “relevante” (que ocurre dentro y  llega, porque así interesa, a saberse fuera), de máxima audiencia, en todas las redes sociales, (¿O son jaulas?). En las redes en que cae la audiencia (que, ¡A mí no me la dan!, cree que sabe de anzuelos).

Y en esas… me pongo a cavilar sobre algún asunto que, sin saber cómo ni por qué, aparece, se instala, arraiga y se adueña de mis pensamientos.


ELOTRO


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domingo, 23 de septiembre de 2012

Apuntaciones sueltas






“Buscamos siempre el absoluto y
no encontramos sino cosas.”
NOVALIS


Los disparos de la memoria comienzan por perforarnos a nosotros mismos.

Ver claramente qué es lo originario y qué es lo derivado puede causar daños irreversibles en ambos ojos. Y en los ilegítimos herederos.

Lo aberrante, tanto por roce, presencia e insistencia, acaba por normalizarse. Una vez normalizado acaba por ser adoptado. A continuación, arraiga fuertemente en el seno familiar y la espiral acaba por conducirnos ante la gran certeza: aberrantes son los otros, los extraños.

Primero reflexiono, luego contemplo. Y  la reflexión no me impide contemplar la necesidad de invertir el desorden. Todo orden resulta inofensivo, incluyendo sus variantes previamente contempladas.

Dice Chéjov: “Si teméis a la soledad, no os caséis.”

La irrealidad y las prisas nos permiten captar desordenes inéditos: “Mi herida existía antes que yo…”

1. Lo transcendental, ¿por qué no es trascendente? 2. Lo trascendente, ¿por qué no es trascendental? 3. ¿Puede ser trascendental si no transciende? 4. ¿Puede transcender sin ser trascendental? 5. En la realidad psicótica, lo trascendente y lo trascendental, ¿cómo se aparean, transversal o jerárquicamente? 6. Si el equilibrio es solo un punto de reposo, ¿por qué buscamos siempre el inestable delirio de la simetría?

Por nada del mundo quisiera estar en otra parte o en otro ser. Y eso que a mi máscara le pesa el disfraz. Y que ignoro quién soy y dónde estoy. Buscamos siempre el pasado y no encontramos más que astillas de recuerdos deslavazados. Hay “pasados” que son como grilletes, con su correspondiente nombre y domicilio grabado, además. Si lo que se desea es volar, ¿por qué llenar de lastre ese vacío? ¿Quiénes somos nosotros para alterar el curso ciego de los astros?

Reducir una vida a un relato y saltearla de silencios reprochones. Para que se vayan enterando. (Sin tratarles mal de palabra)

ELOTRO


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jueves, 20 de septiembre de 2012

Auguste Rodin (París, 1840-Meudon, 1917)







"Para cualquier artista digno del nombre, todo lo que hay en la naturaleza es bello, porque sus ojos, aceptando intrépidamente toda verdad exterior, leen allí, como en un libro abierto, toda la verdad interior"
(Auguste Rodin)

Dicen de Rodin que en el campo de la escultura fue el primer moderno. Su estricta formación tradicional y académica ( y sobre todo “decorativa”) no le impidió cuestionar y combatir “la coacción academicista” que impedía tanto el nacimiento como el  desarrollo de propuestas “originales” fruto a su vez de búsquedas, indagaciones y experimentaciones “arriesgadas”, llevadas a cabo en tierras inexploradas, más allá  del conocido, fiable y muy trillado campo del indigesto neoclasicismo que dominaba entonces el panorama escultórico. Como su maestro y referente, Miguel Ángel, Rodin era un gran conocedor de la anatomía humana. Y fue a través de los cuerpos, (en reposo, tensos, retorcidos, grotescamente desproporcionados incluso con respecto a las reglas de la anatomía biológica) como nos “relató” (con susurros, gritos, tartamudeos y aullidos) su visión de la belleza y crueldad de la vida, de la dicha y la tristeza, de la rabia desbordada o contenida, de la dulzura, del amor y del sexo, del miedo, de la violencia, de la soledad… para que sus contemporáneos pudiesen leerlo “…como en un libro abierto”. 





La modernidad de Rodin queda patente en el fondo y en la forma transgresora de su obra (esculturas, dibujos, grabados, acuarelas…). No solo supo empaparse de las lecciones del gran Miguel Ángel, (como por las mismas fechas hacía cada tarde Cézanne en El Louvre) sino que fue capaz de  “ver” (a pesar de su miopía, que por cierto sí le libró de la “guerra franco-prusiana) la extraordinaria “modernidad plástica” (por ejemplo los collages matéricos de las bailarinas) y la delicadísima expresividad que poseían las pequeñas (solo en tamaño) esculturas del ya “cegato” Edgar Degas.
“El pensador”, la figura más simbólica de la escultura de Rodin, fue en origen un retrato de Dante Alighieri, destinado en principio a su gran obra inacabada, “Las Puertas del Infierno”. 





Y la exposición que nos ocupa, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, reúne 140 grabados, para ser precisos “fotograbados”, inspirados en la obra de Dante. Efectivamente se trata de 140 dibujos a lápiz, tinta y aguadas (conocidos como los dibujos negros), pasados por medio de proceso fotográfico a plancha y estampados en tórculo (En cierta forma, la invención del “fotograbado” permitió la “democratización” de la obra gráfica, permitiendo las grandes tiradas y la serialización de obras “únicas”). Una muestra extraordinaria de la maestría de Rodin como dibujante e ilustrador.




Algunas obras, auténticas miniaturas, no son más que unos pequeños trazos de lápiz que siluetean una diminuta figurilla, quizás un centauro, que dada la “violenta expresión” que revela, parece albergar una fuerza colosal dispuesta a estallar sobre el papel estampado.
En otras obras no observamos ni rastro de lápiz. Parece que al artista le han bastado cuatro brochazos cargados de aguadas y tintas para crear cuatro manchas que nos ofrecen de manera fiel la figura de un hombre que, encorvado por el peso, carga con un cadáver destripado entre las amenazantes llamas de los círculos infernales.
Rodin demuestra un dominio absoluto del lápiz y del pincel, de la línea de tinta y de la mancha de aguada, del detalle preciso y de los “valores” sutilmente sugeridos, implícitos, de la composición “cerrada” y de las obras “abiertas” en su fondo y en su forma (El influjo de los grabados de Goya también es fácilmente apreciable). Rodin crea poesía de la línea, poesía de la mancha, poesía de la luz. Hay dibujos que no ocultan la influencia de Miguel Ángel y los hay donde se puede ver con claridad meridiana que Picasso pasó por allí con el cucharón y rebañó todo lo que pudo. Los grandes artistas ya se sabe, no pierden el tiempo copiando, roban.
La obra de Dante es el motivo central de estas obras de encargo,(El Limbo en la Divina Comedia está situado en el “primer círculo” del Infierno. Dante le dedica un solo canto, mientras que Rodin le consagra 31 planchas.), pero resulta más que evidente que “los infiernos interiores” del propio Rodin impregnan todos y cada uno de estos “dibujos negros”; por aquí asoman las blasfemias, los desgarros, las huidas, las traiciones, la locura, la alargada sombra de Camille Claudel…






Los dibujos de Rodin, al margen claro está de sus numerosas obras “alimenticias”, son algo más que los típicos bocetos-guía al uso entre los escultores académicos. Son grandes obras en sí mismas. Iba a escribir que empiezan y acaban en sí mismas, pero no, estos extraordinarios “fotograbados” no parecen acabar, tienen muchísimo que mostrar (como si fuesen una de esas "máquinas de hacer ver" de Raymond Roussel)… en su insondable interior. Una de esas extraordinarias exposiciones, nada que ver con los “eventos” mediáticos, de las que sales deseando llegar a casa y ponerte a dibujar…
(contemplar y reflexionar está bien, pero, ¡hay que crear!)


ELOTRO

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lunes, 17 de septiembre de 2012

No ni ná.







He visto…

* He visto atracar pateras en llamas en las playas de Barbate, más allá de Orión.
* He visto rayos C brillar en la oscuridad de los quirófanos cerrados por el PP cerca de la Puerta de Tanhäuser.
* He visto al PSOE sacar los soldados de Irak (2.6oo militares y 300 millones de euros.) y llevarlos a Afganistán (1509 militares y 1550 millones de euros, y subiendo.) Y al PP mantenerlos a pesar de los recortes en todo lo que no sea Ministerio de Defensa y Fuerzas y cuerpos de la Seguridad del Estado.
* He visto y oído a Mariano Rajoy decir, entre otras mamarruchas, que el PP es el partido de los trabajadores. (Y aportó pruebas: Camps, Matas, Fabra, Pizarro, Rato, Cobo, la pobre de pedir Esperanza Aguirre…) Y ganó las elecciones.
* He visto a la ministra de la Hacienda que administraba el PSOE, avisar a los evasores de impuestos de que los inspectores saben donde tienen guardado una pequeña parte de su dinerillo negro. (100.000 millones de eurillos en cuentas suizas). He visto al muñeco llamado Montoro amnistiar a todos los defraudadores alegando que no sabe dónde tienen escondido el botín.
* He visto como se privatiza todo el negocio que da beneficios: Telefónica, Repsol, el sector financiero, la energía… y como se está derribando con auténtica saña lo público: la educación, la sanidad, la justicia…
* He visto al Borbón abrazar al Apóstol Santiago por la espalda.
* He visto el gol de Iniesta. ¿Qué pasa?
* Todos son momentos que se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. (Por lo menos eso he oído, aunque a mi el gol de Iniesta no se me borra tan fácil. Y la imperdonable inmoralidad de los terroristas económicos, menos.)


ELOTRO

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jueves, 13 de septiembre de 2012

John Fante (1909 – 1983)






John Fante es uno más de esos numerosos escritores que solo reciben el reconocimiento después de su muerte. Por mi parte, y tras la recomendación de un amigo, acabo de leer un par de obras suyas: “La hermandad de la uva” (Leo que Francis Ford Coppola se enamoró de esta novela y quiso llevarla al cine. Por desgracia, el fracaso financiero de Apocalipse Now hizo inviable el proyecto de ver una “novela” de Fante adaptada al cine.) y “Llenos de vida”. Me las he bebido. Me parece que Fante es un extraordinario novelista. Su prosa es concisa, limpia, sobria, directa, precisa, irónica y corrosiva. La antítesis del escritor propagandista del “sueño americano”, no me extraña que no fuese líder en popularidad y ventas. Mézclese con la vida y los recuerdos de un hijo de humildes emigrantes italianos en los USA, agítese y el resultado es la “poética Fante”. Etiquetada por los críticos, a toro pasado, como pionera del “realismo sucio” (¡Realismo Sucio!, ¿qué se piensan? Que la realidad es una gasita blanca, suave y esterilizada?). Se ve que la tanda de elogios que Bukowski dedicó a Fante ayudó a esos genios con la etiquetadora.
Por lo que a mí respecta “Llenos de vida” me ha recordado en cierta forma al gran Richard Yates y su Revolutionary Road: parecidos “sueños”, parecidas “decepciones”, parecidas “integraciones”. Sin embargo, parece ser, el componente autobiográfico en sus novelas es muy importante, que fue la lectura de la obra de Dostoievski la que le impactó de tal manera que le empujó a la literatura.
Opinaba que  Sabía más de padres e hijos que ningún hombre en el mundo, y de hermanos, de curas, de delincuentes, de la culpa y la inocencia. Dostoievski me transformó.” Y en cada una de sus obras nos habla machaconamente, a través de su álter ego, de su padre, el albañil, de su madre y su catolicismo “a la italiana”, de sus variopintos hermanos y cuñadas y de sus encuentros y desencuentros, de sus sueños, rotos, de juventud, de sus fracasos, innumerables, y de sus claudicaciones y de su miedo a la miseria primigenia y, finalmente, de su irremisible acatamiento de la “vida a la americana”.





En vista de que la literatura no le daba para comer, Fante se pasó veinte años trabajando de guionista en Hollywood: Al dedicar un libro suyo a una amiga, en 1944, escribió en las guardas: “De esta puta de Hollywood, de este artista vendido (…) de este lameculos de la Paramount al que pagan por las perfumadas vomitonas que susurra Dorothy Lamour…”
Es lo que tiene la “vida a la americana”, uno puede hacerse rico escribiendo “perfumadas vomitonas” para mayor gloria de la estrella de turno, pero se muere de hambre “desvelando” la trastienda, las sórdidas tripas del “sueño americano”. Este asunto del escritor que tiene que humillarse, venderse y traicionarse, por la pasta, ante los “estudios”, no deja de ser por repetido menos interesante. Recuerden la obra maestra de Billy Wilder, Sunset Boulevard, estrenada en 1950 justo cuando Fante colgó la literatura y pasó al cine. Recuerden Barton Fink de los hermanos Cohen y sus claras alusiones a William Faulkner, otro que también echaba pestes de su “experiencia” en Hollywood. También W. Allen reflejó a su manera el asunto, en el teatro, en su divertida “Balas sobre Broadway”. En fin, supongo que habrá muchos más ejemplos…
El caso es que la lectura de estas dos obras de John Fante me ha resultado muy placentera, “Di un sorbo y caí en un éxtasis tan beatífico que habría podido levitar hasta el techo”, y muy instructiva. Los asuntos que trata resultan cercanos, la emigración, la familia “escandalosa y numerosa”, la sempiterna falta de dinero y de glamour, las ineludibles penurias y dificultades, las estruendosas broncas familiares siempre, sureñas y mediterráneas, entre la comedia italiana y la tragedia griega, los trabajos mal pagados, alienantes y embrutecedores… ¡una felicidad demoledora!
Y por lo visto lo mejor de la obra de Fante es una tetralogía compuesta por las novelas: “Espera a la primavera”, “Badini”, “Pregúntale al polvo” y  “Camino de los Ángeles”. Habrá que leerlas, dentro de mí ha nacido un imperioso deseo de beber “Fante”; menudo atracón que me espera. Si gustan…

ELOTRO


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lunes, 10 de septiembre de 2012

viernes, 7 de septiembre de 2012

No soy “yo”






En este momento, mientras escribo estas notas, estoy en casa sentado delante del ordenador mirando y remirando las fotos que le he tomado. Han pasado unas horas y todavía continúo trastornado por el encuentro con esa mujer. Es ridículo. No lo comprendo. Es algo muy raro lo que me ocurre. Pero así están las cosas. Tropecé con ella en el paso de peatones del Paseo del Prado, cruzábamos desde el Botánico hasta el Hotel. Estaba, esperando la luz verde, a mi lado. Llevaba la protocolaria botella de agua mineral. Me miró. Sus ojos tenían un brillo húmedo, su cara, sus brazos, sus largas piernas eran muy blancas, un blanco pálido, de yeso. Sus cabellos de un rubio de autenticidad muy dudosa. Mi mirada respondió incondicionalmente a su mirada. Y fue como si me hubiese colocado un collarín. O como si mi paladar hubiese sido atravesado por un potente anzuelo. Desde ese momento, esclavo feliz,  no veía a nadie más y creía que nadie me veía a mí, salvo, eso pensaba entonces, ella, mi nueva ama. Cruzamos el Paseo del Prado y nos abrimos camino, ella siempre en vanguardia tirando del sedal o del collarín, entre el hormiguero de Atocha. Como si hubiese perdido conciencia de mí mismo me dejé conducir tras sus pasos. Sentía la imperiosa necesidad de hacerlo. Mientras la seguía, procuraba que mis pasos pareciesen firmes y viriles. Sigo sus pisadas ignorando adónde va, me dije. Si acaso se vuelve a mirarme quiero darle la impresión de que camino a mi aire, que mis pasos no “persiguen” los suyos. Mientras tanto, mantengo una prudente distancia y la someto a una minuciosa inspección ocular. ¡Me había creado una ocupación placentera! Desde tan cerca, y favorecido por la empinada calle, dominaba un agradabilísimo y sereno panorama. Andaba de una manera que yo no había visto nunca andar. Serena, su orgulloso paso resplandecía inalterable con un extraordinario dominio de cada uno de sus movimientos.




A cada paso, parecía trazar, con los brazos, las caderas, las piernas el cabello, dibujos invisibles en el aire. Llevaba unos simpáticos pantaloncitos cortos, sin duda cortados a mano, de tela vaquera, que generosamente dejaban al aire un tercio de cada una de sus gloriosas nalgas. La imagen de su culo en movimiento era más fuerte que todo lo que tenía delante de los ojos. Es un culo precioso, me digo, verdaderamente precioso. No puedo dejar de mirarlo. Rebosaba de felicidad de sentirme tan cerca de ella y, eso intuía, algo menos lejos de mí. Al alcanzar cada bocacalle el sol entraba de soslayo e iluminaba de forma lateral su incendiaria figura. Jamás olvidaré la gracia de sus codos, el vaivén de sus senos, la leve sombra que proyectaban sus pezones. La contemplaba como un animal hermoso y diabólico, como una extraña, una mujer cualquiera de singular belleza. Sobre el asfalto, el estruendo espantoso de los motores enmudecía a su paso. Nos cruzábamos con gente que yo no veía. En la acera, los peatones zumbaban alrededor, impotentes, como si existiera un campo magnético que les impidiera acercarse, es como si estuviésemos solos, aislados en un espacio lleno de vida, nuestra vida. Y como si el tiempo se suspendiese en un guiño y dejase de respirar. Podía oír el silencio de sus pasos. Se detuvo junto a la boca de Metro de Antón Martín, miraba un plano de Madrid y se llevaba el dedo a la boca como una colegiala en apuros. Dicen que cuando estás soñando, sabes que sueñas. Yo, en medio de aquella realidad soñada, no lo supe. Creía tenerla al alcance de mi mano pero en realidad no había nadie más lejos de mí que aquella mujer. ¿En qué estado me encontraría que aquel “seguimiento” me parecía algo natural? Decidí robarle fotos. Estaba convencido de que aquella apariencia fría y distante escondía sin duda un interior inflamable. Consiguió hacerme sentir en condiciones de poder salir de quien era, de quien había sido hasta ese momento, y pasar a ser quien deseaba, o soñaba, ser. Hablaba constantemente conmigo mismo, pero tenía la impresión de que ella me escuchaba. En mi pensamiento le decía “Dime alguna cosa, es igual lo que digas, pero dime algo”. El caso es que siempre me digo lo mismo, “debes estar preparado”, con los ojos abiertos, con la guardia alta. Luego llega el momento y no estoy preparado. Suelo excluirme de antemano. Nunca he sabido mantenerme en mi sitio.




Es para volverse loco. Y sin embargo siempre tuve la secreta esperanza de un encuentro maravilloso al volver cualquier esquina, o en el autobús, o en la cola del paro. Hasta ahora el encuentro ha sido siempre con mi proverbial impotencia y mi recurrente nulidad. No me decidía a abordarla. Llevaba un buen rato siguiéndola, ¿ella lo sabía?, y me pregunté, ¿Qué más espera de mí? Y no me pareció una pregunta estúpida y ridícula, a pesar de que aquello no se sostenía en nada verosímil. Tal es mi insubstancialidad. Perdido en mis propios pensamientos esperaba una señal, una palabra, una petición de ayuda, una ayuda. Mi deseo no encontraba ningún punto de apoyo tangible.
El seguimiento se hace insostenible. Mi corazón late a baja intensidad. No puedo avanzar ni retroceder. Saboreo la fatiga del paseo. Siento que las piernas me pesan. Ella interrumpió bruscamente sus pasos, se volvió y nuestras miradas se cruzaron de nuevo, la de ella, como una bala de hielo, me atraviesa. Parece que no tenía nada que decirme. Pude entender la extensión que me separaba de aquella mujer. Siempre hubo, en la realidad o la ficción, “una mujer” que me permitió engañarme, bien que durante un breve tiempo. Una mujer/promesa que no hubiera amado a nadie y que no hubiese sido amada por nadie. Y  que me ayudara a huir de la soledad. ¿Me habré vuelto a extraviar como tantas otras veces? Durante toda la travesía deseaba desesperadamente hablarle, pero no tenía voz, supe que no lo lograría. Jamás he estado a la altura de estas situaciones. Tenía la intención de expresarle algo que se pareciera al agradecimiento, pero no pude hacerlo. Por añadidura tampoco suelo encontrar las palabras, en cuanto trato de explicarme, se esfuman. Me sujetaba, me frenaba en seco, el miedo a su desaprobación o desdén. Pensé que no la vería más. Fue una despedida poco afectuosa, la culpa debe ser mía. Antes de irse me tendió una mano en lo que creí que era un ademán de despedida. Pero no, señaló un libro que llevaba en el bolsillo de mi mochila, recien comprado en la Cuesta de Moyano. Se lo alcancé, lo tomó en sus manos, lo abrió, me pidió que me diese la vuelta y que me inclinase un poco hacia delante y por fin, en la tercera de portada escribió: No soy Stiller. Y una firma ilegible.


P.S.- Dicen que no hay nadie que escriba sin la idea de que alguien lo lea. Dicen que el que escribe, cuando escribe, representa el personaje de escritor. Y que para ello se sale del “yo” real y desde su “personaje” trata de expresar lo inexpresable. Dicen que algunos, muy pocos, lo consiguen.


ELOTRO


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martes, 4 de septiembre de 2012

No ni ná.







No ni ná.


“…soy la incorrección misma, un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones, de arrepentimientos.”
Antonio Machado



Hay “finales” que ponen en entredicho los planteamientos, los nudos, los desenlaces, la tapa dura, los criterios editoriales, el catering promocional, la composición del jurado, la versión rústica, el importe del adelanto y la importancia de los atrasos, las estrategias de cama y mesa camilla y el  marketing a pincho, corto y cambio…


Mi oficio consiste en saber “captar” la realidad y saber “transformarla” en palabras, en “letras”. Y, tener mucho ojo con los morosos…


Contigo no juego a intercambiar ideas porque no tienes nada que hipotecar.


-Proverbio pre-cristiano: “No te enfrentes a un hambriento”.
-Proverbio post-cristiano: “No te fíes de los inapetentes”.


Escuchar puede desorientar; lo que orienta es callar. Son caras de la misma brújula.


En cada encuentro la llenaba; también de contento.


“En una palabra: no podemos continuar de esta manera.” ¿Acaso no existen otras miles de palabras? Lo que les sobra a las palabras son maneras, cari.


Me he pasado la vida preguntándome qué quería y qué no quería. Siempre en ese mismo orden, lamentablemente.


Me confesó, entre sollozos, que no estaba dotada para el flirt y que por eso nunca usaba bragas.


Nunca supe si se trató de un círculo fracasado o de un triángulo imperfecto. No soy geómetra. Me gusta el café hirviendo aunque siempre lo tomo tibio. No soy ningún héroe.


ELOTRO


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lunes, 3 de septiembre de 2012

Apuntaciones sueltas







La idea de que la ley tiene el poder de reparar injusticias es omnipresente.

(Carol Smart)


¡Sobre todo en los medios inoculadores de formación y desinformación!

(ELOTRO)


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