Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 31 de agosto de 2012

El pianista. Manuel Vázquez Montalbán






“El caso es que nunca le pregunté a mis camaradas qué querían ser de mayor.” (MVM)



Releer ciertos libros puede llegar a ser un placer, una auténtica gozada que, en ocasiones, supera con creces el de su “primera” lectura. He pasado unas horas de este caluroso mes de agosto en los terrados (terrazas) de Barcelona y de la mano de Manuel Vázquez Montalbán y su obra “El pianista”. Con MVM ya me ocurrió lo mismo, el placentero reencuentro, digo, cuando casi treinta años después releí su “Crónica sentimental de España”. Pienso que la obra de MVM no solo resiste bien el paso del tiempo sino que incluso se consolida y destaca ante la inevitable evaporación de lo que fueron en su momento los “productos y autores de éxito” del momento, repito. Y que, a esos  autores y obras me remito, no han dejado la más mínima huella en la historia reciente de nuestra literatura (salvo en las listas de ventas y, se supone, en el patrimonio de sus autores y editores).

MVM nos pasea por los terrados de la Barcelona de posguerra, años cuarenta. Entre sábanas, calzoncillos largos, bragones y camisetas “imperio” anti-lujuria y algún que otro palomar. Los de abajo, los vencidos, soñando arriba, en las azoteas. Acodados en los antepechos, siguiendo con la mirada el vuelo de alguna cometa y charlando distraídamente de la cal y de las chinches y de las pulgas y los curas chivatos y de Manolo Caracol y Lola Flores y de las cárceles por las que han peregrinado, ellos o sus familiares, y de las penas de muerte conmutadas o no, y del hambre y las humillaciones soportadas en los campos de concentración… y, de vez en cuando, no faltaba quien se arrancaba a cantar:

Mi jaca galopa y corta el viento
Cuando pasa por los puertos
Camini…to de Jerez







Ha estructurado MVM su novela en tres periodos, en primer lugar la Barcelona de los ochenta con el PSOE ya en el poder; a continuación, la ciudad en plena posguerra, años cuarenta, y por fin, París en Julio de 1936. Y el personaje del pianista (“Me interesa esa apertura a una música comunicacional que sirva de soporte a ideas de crítica y de cambio, sin perder rigor musical, incluso sin abandonar la exigencia de la novedad específicamente musical”) como hilo conductor, como testigo y sujeto activo y sufriente de los distintos periodos y acontecimientos históricos.

Sabemos que MVM, además de gastrónomo, era un cocinillas. En la “olla” del pianista introduce tal cantidad de ingredientes, salpicados de metáforas y analogías, que sería abrumador listárselos. Pero no quisiera pasar por alto lo que me parece un detalle genial. En el capítulo de la Barcelona de los ochenta, y tras un paseo por las Ramblas, los personajes acaban recalando en el local de moda, una sala de fiestas dedicada en exclusiva a espectáculos de travestismos. Y es allí donde Manolo reúne a los extroscos, a los nuevos socialistas, a los exchinos, a los ex del PSUC, a la “vieja gloria megalómana republicana-franquista-democrática y lo que venga”, al ministro Solana (El de la OTAN)… toda una congregación de travestis (No confundir con los “cabestris” de MSO).
Y al piano, en la discreta penumbra, el vencido, el viejo pianista que en los entreactos cuela, por darse el gusto y ante la indiferencia de la concurrencia,  unas pinceladas de Mompou…






La aventura parisina de nuestro pianista le permite a MVM relatarnos cómo se puede “trepar” y a costa de quienes y a qué precio, en el escalafón artístico de la capital mundial del arte. La importancia de lamer el culo adecuado en el lugar adecuado y en el momento adecuado. La visión que desde la Francia (¡No intervencionista!) del Frente Popular se tenía de la España (aldeana o africana) del Frente Popular. La vida que llevaban los refugiados políticos españoles, los mineros asturianos (Refugiados desde 1934), los sindicalistas de la CNT, los troscos (Que habían fundado su propio partido (POUM) contra el parecer y el deseo del propio Trotski), los estalinistas (cualquiera que fuese comunista según el baremo de los victimistas troscos), los apolíticos en lista de espera, los indiferentes… la noticia del golpe de estado de Franco y la actitud de cada “elemento”: los que vuelven a apoyar a la República y los que se quedan en París (¿Será por ver las cosas con distanciamiento, con perspectiva?). Hasta ver quién gana y eso. Y luego regresan a la España del Caudillo, a ver que pueden rascar de la Victoria (de los suyos, ahora sí).




Como decía aquel eslogan publicitario, “disfrutar aprendiendo”. Pues bien, es lo que a mí me pasa, así de ordinario es uno,  cada vez que leo algo de MVM. Su literatura trata de la vida, de la vida de la gente de la calle, no exclusivamente, claro, también tienen su papel los pisadores de alfombras o crujientes tarimas de nogal, que resultan imprescindibles para no escamotear “elementos o componentes” que hagan del puzzle un borrón ilegible. Pero no nos confundamos, no es solo “información”, es sobre todo, una manera (estilo si lo prefieren) de hacer literatura desde el punto de vista de los perdedores natos, de los explotados, de los humillados, de los marginados y de los ignorados. De los que pierden incluso cuando ganan (eso suelen creer) los suyos. Y todo contado con una prosa luminosa, no digo “brillante o iluminada”, inteligente, plena de guiños “populares” y referencias paródicas de “alta gama”, socarrona, sarcástica y cargada siempre de un finísimo humor vitriólico. Lamento defraudar a los que suelen utilizar la calculadora para hallar las relaciones cuantitativas entre los adjetivos y los sustantivos o el número de comas o la carencia o excesiva abundancia de metáforas o analogías. Esta novela se paladea, no se traga. No digo yo que no se le atragante a más de un hijo de puta, sobre todo a día de hoy, pero… para el “ornamento vacuo” hay que llamar a otras puertas.
   
En esta novela aparecen recetas culinarias de alto nivel y de casa de toda la vida, coplas, canciones de autocar, alpargaterías, carburo, candiles, músicos (Wagner, Berlioz, Satie, Bartok…), victorias de unos y derrotas de muchos, travestis políticos, hienas recién duchadas, sebosos estraperlistas, corderos, “razones (coartadas) de estado”, antifranquistas de opereta, putas, maricones, hispanistas suecos, catalanes españolistas, bufones borrachos antes de cornudos, triunfadores natos… todo ello regado con unas cucharadas de humor negro y rojo, por más señas.

Repito, una gozada de relectura.


ELOTRO


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martes, 28 de agosto de 2012

Robert Graves “Adiós a todo eso”








En una caseta de la Cuesta de Moyano encontré la obra de Robert Graves “Adiós a todo eso”, editada en 1971, es primera edición,  por Seix Barral en traducción de Sergio Pitol. Una joya en perfecto estado de conservación a cambio de 1 euro. La obra original se editó en 1929, cuando el autor cumplía 34 años de edad y se trata, al menos así me lo ha parecido, de un interesantísimo relato autobiográfico.
Robert Graves, como oficial del ejército de su Majestad se pasó en el frente, en Francia, toda la Primera Guerra Mundial. Nos cuenta con pelos y señales cómo se desarrolló aquella guerra de trincheras. Describe con detalle el barro, la muerte, el frío, los suicidios, el hambre, los consejos de guerra, la falta de sueño, la disciplina, la indisciplina, el odio al enemigo alemán, el odio al aliado francés, las condiciones de vida en el frente de los altos oficiales, con mansiones y palacios incautados y campos de polo incluidos y, por otro lado, los soldados rasos, por ejemplo: 56 soldados en una casa de tres habitaciones, la generosidad, las heridas, las amputaciones, la locura, la cobardía, el heroísmo inútil… de las primeras bombas de gas, de las inútiles máscaras antigas, de los nidos de ametralladoras, de las granadas de mano, de las pastillas de morfina, de los oficiales que ganan medallas sin pisar el frente…
Detrás de las líneas la exquisita organización de la imprescindible prostitución. Exclusivamente para la oficialidad, un acogedor establecimiento, señalado, en el exterior, reglamentariamente con su correspondiente bombilla azul (¡Como la sangre!) y equipado con todas las comodidades “de la retaguardia” y abundantes manjares y bebidas y putas jóvenes y sanas, además. Para la tropa, una casa, señalada con bombilla roja, con tres camastros y tres putas escuálidas y exhaustas que se tiraban a unos 150 soldaditos por noche. A pelo y a palo seco. Estas esforzadas putas “rasas” solían resistir, es una forma de decir, unos tres meses de “carrera”.





Transcribo un curioso párrafo:
“Una tarde, Bertrand Russell, demasiado viejo para el servicio militar y un ardiente pacifista (una combinación nada frecuente), se volvió hacia mí y me preguntó:
-Dígame, si enviaran a una de sus compañías a disolver una huelga de obreros en una fábrica de municiones y éstos se negaran a volver al trabajo, ¿les daría a sus soldados la orden de disparar contra los obreros?
-Sí, si todos los otros métodos hubieran fracasado. En realidad no sería peor que disparar contra los alemanes.
Me preguntó, muy sorprendido:
-¿Y los soldados, le obedecerían?
-Ellos detestan a los obreros de las fábricas de armamentos, y se sentirían realmente felices si pudieran matar a unos cuantos. A sus ojos no son sino gente que se aprovecha de la situación.
-Pero, ¿se dan cuenta ellos de que la guerra no es sino una imbecilidad perversa?
-Sí, tan bien como yo.
No pudo comprender mi actitud.”

Conviene anotar que no todo el libro versa sobre su espeluznante experiencia militar. Graves nos cuenta anécdotas y acontecimientos sucedidos desde su mas tierna infancia, nos habla de sus raíces familiares, irlandesas, inglesas, alemanas; de sus viajes a Suiza, Austria, Alemania y de su afición al esquí y a la escalada (hizo alpinismo con George Mallory); de su periplo colegial y de su estancia en Oxford; de su descubrimiento de la sexualidad en clave homosexual; de su matrimonio con Nancy Nicholson (Robert cuenta que llegaron los dos vírgenes a la noche de bodas). Casualmente descubro que esta Nancy Nicholson, feminista y socialista, era hermana del gran Ben Nicholson, para mí el mejor pintor abstracto inglés del siglo XX; de su relación con el coronel T. E. Lawrence; de Thomas Hardy, vecino suyo…





En fin, aquí dejo esta reseña. Me gustaría despertarles la curiosidad y motivarles a la lectura de esta estupenda obra y de paso, conocer su, dicen, extraordinaria obra poética (Para Graves la más importante “Era lo único que me sostenía cuando la situación se hacía insoportable”).
“Yo, Claudio” y su saga lo conoce casi todo el mundo, pero Graves es mucho más. Él decía que siempre había seguido al escribir un viejo consejo de oficio que le dieron en su juventud: “Recuerda que tu mejor amigo es el cesto de los papeles”.
Disfrutemos pues de lo que el poeta salvó de la quema.


ELOTRO


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jueves, 16 de agosto de 2012

Kafka cansa a Kafka.





Sobre Kafka se ha escrito “demasiado”, afirmó Sebald. Y lo dijo en un ensayo en el que estudia los diarios de Kafka, las opiniones del influyente escritor checo sobre las cuestiones más variadas: cine, fotografía o sus visitas a los burdeles parisinos. La paradoja del alemán es la demostración de  que al “demasiado”, al suyo, se le podía apretar, por su mano, algún escrito más. Otra asunto que también atufa a “demasiado” son las innumerables y atosigantes “citas” de los textos de Kafka. La criatura murió joven pero escribió mucho (según él mismo “demasiado”) y por lo visto muy citable todo, novelas, cuentos, diarios, cartas.

Le cita todo el mundo (ya me entienden) y no solo Vila-Matas (si no lo entienden eso que se ahorran), como pensábamos algunos malpensados poco “metaliterariamente” leídos. De hecho parece ser que dada la autoridad en la “materia-K.” de don Enrique, y según él mismo confiesa, hay por esos mundos de Dios gente ilusa que cree citar a Kafka por intermedio de Vila-Matas, cuando en realidad a quien cita es a Vila-Matas apostado, ocultado o camuflado  detrás de Kafka. Pequeños (aunque bien retribuidos) divertimentos vilamatianos, se dice. Es lo que pasa cuando se lee, aunque sea involuntariamente, por (perezosa) delegación. Ocurre que el Kafka que lee EVM en Kafka es uno y el Kafka que lee Fulano de tal vía EVM es el mismo uno. Puede ser otro, el del Fulano de tal, a condición de que prescinda del cómodo atajo de los  intermediarios comisionistas. Sumando el uno y el otro, Fulano de tal amplía, ni mejor ni peor, su campo de visión sobre el Kafka escritor. Y de camino sobre el EVM, o cualquier otro “atajador”, lector, que ciertamente tampoco es moco de pavo en ciertos casos. Esta ha sido la experiencia, de este tardío y poco instruido fulano que esto teclea con: Kafka, Hemingway, Walser, Beckett, Banville, Pierre Michon…

Viene a cuento ahora el chiste de un cáustico-chistoso bloguero (Juan Malherido / Alberto Olmos):
Seguro que Kafka se está revolviendo en su tumba. Tras leer a EVM, he llegado a pensar que Kafka no le dijo a Max Brod: “Quema mis escritos” sino “Quema mis escritos, que los va a leer Enrique Vila-Matas.”
Prescindamos del “insoslayable” intermediario y sigamos con Kafka que, la verdad, no deja nunca de sorprender; en mi caso, todas las veces, gratamente.

Desde “la incurable vanidad de los poquita cosa” K. se plantea preguntas del tipo: “¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?” Y su respuesta empírica consiste en escribir copiosamente a su amada Felice: dos, tres y hasta cuatro cartas… ¡por día! En 1912, el primer año de relación epistolar, Kafka le escribe casi 300 cartas. La primera vez que vio a Felice anotó en su diario: “Mientras me sentaba la miré por primera vez con más detenimiento; cuando estuve sentado ya tenía un juicio inquebrantable.” Sí, atónitos lectores, han leído bien, un juicio elaborado en solo unas décimas de segundo, puede llegar a ser, si eres Kafka o posees un cerebrito comparable, inquebrantable. ¿Tiene guasa o no tiene guasa “el orejas checo”?

En mi opinión, que la tengo, es precisamente en sus diarios donde se demuestra que Kafka tenía también, o por encima de todo, su vertiente bufa, jocosa, guasona. Si uno lee, en sus Diarios,  su conciso relato de la visita al burdel parisino, uno está leyendo casi un guion de alta comedia cinematográfica y aunque se nos dice que el protagonista es el propio Kafka, lo que vemos en la escena es la expresionista máscara de Buster Keaton.

“Nunca puede estar uno lo bastante solo cuando escribe…nunca puede uno rodearse de bastante silencio…la noche resulta poco nocturna, incluso”.
Lo dicho, inagotable en su cachondez.

ELOTRO

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jueves, 9 de agosto de 2012

Apuntaciones sueltas





¿No será que el homosexual no es aquel que apunta al mismo sexo, sino el que descubre innumerables sexos de los que no teníamos ni idea?
Gilles Deleuze




Luego de un rato el planeta quedó desierto.

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La irrealidad, bien podada, puede acabar convirtiéndose en realidad.

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“Años juntos y no ocupó mi vida ni un solo momento” escribió Henry James.

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Tanto su notoria falta de reparos y escrúpulos como su erudición e instrucción práctica en ciertas materias represivas eran asombrosas: a veces me daba la impresión de estar hablando con un soberbio carnicero, y otras con un consumado matarife.  Quizás por ello, si bien me consideraba un superior, jamás me creyó calificado para ser su igual. Menospreciaba  sin ningún disimulo a los que él calificaba de “atildados y exangües estilistas de salón”, por mucha estrellada chatarra brillante que, en la mayoría de los casos, éstos luciesen en la pechera. Sostenía el muy cabrón.

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No se puede negar la alquimia de lo sublime con la alquimia de lo detestable. Explicarla a voleo tampoco.

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Esas novelas de las que te hablé son ya suficientemente malas en la imaginación sin que yo las escriba.

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-“Hay que atar algunos cabos”.    
-¿Cabos? ¿Seguro que dijeron cabos?
-Sí señor, eso dijeron.
-¿Oíste bien zoquete? ¿No dirían sargentos… o tenientes?
-No, mi cabo, dijeron cabos… así… en muchos…

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(Rodchenko / París) A Rodchenko (según se deduce del contenido de  sus epístolas parisinas enviadas a Moscú a su amada Stepánova) no le gustó París. Asunto que, paradójicamente, no pareció inquietar a nadie en París (Texas). Claro que estamos hablando del año 1925 y todavía no había caído el muro del otro lado de  Berlín.


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“Mi vida” no es ni ha sido para nada “vivir”; he podido comprobar que ni siquiera se lo parece a los de afuera de "vivir".


ELOTRO

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lunes, 6 de agosto de 2012

Apuntaciones sueltas






“El amor a los libros ha sido un faro que ha iluminado la senda en nuestra hora más oscura”.
Flann O’Brien




Excelencia: Deseamos hacerle saber que, por nuestra parte y por la de los que ya suben excitados y ansiosos las escaleras de palacio, no hay ninguna necesidad de que retrase usted el momento de suicidarse.


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Todo hacía pensar que se trataba de un tipo con una gran sangre fría pero, aunque no del todo, errábamos el tiro y el juicio: llevaba muerto la tira.

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En todas las tabernas que frecuento, los parroquianos me llaman esponja y gorrón o gorrón y esponja. No siempre en el mismo orden aunque se trate de la misma barra y los mismos concurrentes, considero menester aclarar. Sin embargo, mientras no sea perjudicado el continuo fluir del trasiego, en justa contraprestación prefiero dejarlo  correr. ¿Por qué? porque (no) me (re)conozco…

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Ella quiere a su manera: con saña es un decir.

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Cuando Daumier pintaba a un abyecto letrado engañando a su iluso cliente, ¿Qué tipo de mensaje subliminal nos estaba enviando?

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Lo visible y lo invisible son culos de la misma realidad. Si no te metes entre pitos y flautas en mayores honduras, claro.

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En el laberinto no busques el hilo, ni el ovillo, ni la salida… no dejes que te enreden, no busques. Es lo único que les puede sacar de quicio. (Y abrir de camino un resquicio).

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“Me quieren quieto, luego existo”; o, “Me quieren quieto, luego podría existir”.

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Andaría abstraído en alguna tontería de la que ahora mismo no recuerdo ni su nombre, ni su domicilio, ni su estado civil, ni su sexo, ni su apodo, ni su mote… ni su tarifa de precios.

ELOTRO

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viernes, 3 de agosto de 2012

Negro, rojo y… ¡Blanco!





“El tipo aparentaba andar cerca de la cincuentena, tez morena, los dientes muy blancos como las camisas que usaba, los ojos de un negro muy intenso como el pelo, (no el del bigote que era entrecano, casi blanco) liso y abundante. Como sus hijos, una niña y un niño, bueno, preadolescentes; los dos muy morenos y como su padre más bien tímidos y de labios gruesos, muy rojos y sonrientes. Hablaban poco, pero se miraban y tocaban mucho y siempre andaban con pequeñas caricias. La madre no apareció en ninguna ocasión, no sé la razón (todas las imágenes eran del exterior de la casa). La vivienda era unifamiliar con azotea de baldosas coloradas y  con un pequeño jardín (sin mástil ni bandera). Parecía pertenecer a una urbanización de lujo, en el extrarradio. No pude ver a otras personas adultas o jóvenes, vecinos o familiares. Parece que justo en aquel momento el padre volvía del trabajo (lo trasladaba cada día de casa al trabajo y del trabajo a casa un 4x4 negro de kunas oscuras), el chico estaba a la puerta de la casa tratando de arreglar la cadena de su bicicleta, negra, y su hermana, a horcajadas sobre la suya, roja, le estaba esperando pacientemente para el cotidiano paseo vespertino. El padre acababa de besar a su hija y pareció que le preguntaba al chaval algo sobre la avería…creo, no pude oír nunca lo que decían. Justo en ese momento fue la explosión blanca. Todos ellos, la casa, las bicicletas, el ingeniero nuclear y sus hijos, se fundieron en blanco.
En la siguiente escena aparecía un tipo, de aspecto casi idéntico al ingeniero árabe salvo que éste de ahora llevaba el pelo, negro, cortado al rape y vestía uniforme militar. Estaba solo, encerrado en una habitación tipo bunker y rodeado de monitores con imágenes en blanco y negro y botones rojos. Frente a él, el pantallón más grande de todos los que poblaban la sala y a su derecha, como si fuese una vulgar máquina de matar marcianitos, una palanca negra con gatillo rojo. En esa gran pantalla me pareció apreciar, aunque se veía algo borroso, las figuras del ingeniero iraní y sus hijos en el jardín. Debía de ser una película grabada porque las imágenes, a cámara lenta, iban hacia delante y hacia atrás continuamente: partían del negro, atravesaban el rojo y desembocaban en el fundido en blanco. Daba la impresión de que al militar se le había quedado el dedo pegado al botón de “Replay”.
Mucho tiempo después, ni idea de cuánto, el coronel, según gritaban sus galones, se quitó los cascos rojos y mandó a negro la gran pantalla. Las otras terminales seguían recibiendo imágenes, todas ellas cenitales, que no pude identificar. Ya en el coche de nuestro coronel podemos saber que ahora nos hallamos en una base militar de Siracusa, al norte de Nueva York. Exactamente a 11200 kilómetros de distancia de aquella familia del ingeniero nuclear a la que perdimos de vista en el fundido en blanco.
Nuestro coronel ha conseguido llegar hasta el aparcamiento de su casa, unifamiliar en una urbanización de lujo, sin vulnerar ni una sola de las normas de circulación si exceptuamos alguna pastillita roja que suele tomar los días conocidos, en la Base “Los drones”, como “días blancos”. Por otro lado los agentes encargados de los controles de drogas y alcoholemia en su zona están perfectamente informados por el mando del porqué de la medicación (el negro, el rojo, el blanco, el estrés, ya saben) de nuestro héroe. El heroico coronel llega a su casa – justo cuando el sol brillaba rojo sobre ella- aparentemente entero y emite su habitual: ¡Cariño, ya estoy en home! Que nunca consigue el menor eco (la cariño tampoco llega a aparecer, es una ausencia, un vacío, sin color). Y se pone manos a la obra con los deberes de su parejita de nenes que están a lo suyo en sus respectivos cuartos con sus respectivas consolas matando terroristas rojos y negros en sus videojuegos. Nadie en su círculo cercano es consciente de su última heroicidad. Ni siquiera él puede.   “¿Hay una muy buena razón para matar a estas personas?”. Se repite una y otra y otra vez, nuestro héroe. “Pero si solo es un juego papi…” dice su hijo que acaba de venir a preguntarle si necesita que le eche una mano con los deberes…
Y me desperté. En blanco.


La pesadilla original aquí: Aquí


ELOTRO


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