Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 29 de febrero de 2012

Alarma, ¡no hay alarma!







Esta mañana me he llevado un susto de muerte. La radio despertador no ha funcionado. Menos mal que como de costumbre, ya estaba despierto, bueno casi. Con un ojo abierto y otro cerrado. He visto en la pantalla, con un solo ojo, los cuatro dígitos: cero, siete, cero, cero. Sin embargo no ha sonado la alarma. Sin dejar de mirar la pantallita de la radio-reloj, y ahora ya con los dos ojos bien abiertos he esperado en estado de creciente preocupación, casi sesenta segundos, es decir, hasta que los dígitos informaban esto: cero, siete, cero, uno. No me lo podía creer. No me había ocurrido nunca. No podían ser las pilas, puesto que funciona conectado a la red, y el reloj, ahí estaban avanzando los rojos dígitos, sí funciona. Me levanté rápidamente de la cama, me puse las zapatillas y la bata. Y, como si no supiese cómo continuar, volví a sentarme en el borde del colchón. Éste volverme a sentar con las zapatillas y la bata puesta es un gesto fuera de lo habitual en mi rutina diaria. Yo, como supongo la mayoría, soy una persona de rutinas. ¿Por qué rompí esa cadena de actos habituales arraigados en mi vida desde hace años? Por supuesto que en ese momento no le encontraba ninguna explicación a lo que me ocurría. No sabía quién le había ordenado a mi cuerpo que, a las cero siete cero dos, se sentara, como si hubiese sido víctima de un mareo,  sobre el borde del colchón. Lo acostumbrado hasta entonces, era una rápida visita al baño para la primera meada del día. Y a continuación, ya aliviado, y de forma ordenada, la preparación del café, el zumo, la tostada, la ingesta del paracetamol, la pastilla contra la alergia y el protector omeprazol, mientras… Y, menos mal, tras ese “mientras”,  se hizo la luz. Cómo no había caído antes, me dije. Falta la “información”, faltan “los datos”, faltan “las instrucciones”, falta saber lo que pasa en el mundo, quienes son los malos, quienes son las víctimas, qué leen los hermanos Gabilondo, por qué es necesario el despido gratis para crear empleo, que nos aconseja El Corte Inglés para la próxima temporada, por qué la crisis permite alargar la vida de una central nuclear llena de parches y chirridos, cual es la última jugarreta de Mahmoud Ahmadinejad, el presidente terrorista de Irán, para justificar la guerra preventiva de Israel y USA, qué lucirán las estrellas sobre la alfombra roja de los Oscars, de qué verdad y de qué honor habla el asustado corredor Urdangarín




Pues eso, que me faltaban las instrucciones para “saber estar” en el mundo. Pero, ¿saben lo mejor?, no había de qué preocuparse, todo resultó un puñetero sueño. Lo supe en cuanto sonó mi querida alarma, me desperté de un salto y pude escuchar la voz amable y seductora de Francino, yo no escucho la COPE, esa emisora es para los fachas, yo ya me he acostumbrado a las “instrucciones de la SER”, aunque haya por ahí algunos sabelotodos que dicen que son dos caras de la misma moneda, la versión progre y la versión facha del mismo sistema, ese sistema, dicen, que nos mantiene a raya,  vigilados, controlados, explotados, confundidos, manipulados y atontados… mientras ejercemos de productores y consumidores, claro. Eso dicen esos, pero no aportan pruebas sólidas, contrastables, legales, constitucionales. Si lo sabré yo, que tengo cada mañana suministro de todos los datos, todas las informaciones y todas las instrucciones. Saber estar, pringados, saber estar en el mundo.

ELOTRO


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lunes, 27 de febrero de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)





Clávamela  hasta el fondo y sé riguroso por una vez, me espetó.
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EN EL LABERINTO:
-Por favor, ¿la puerta de salida?
-Al final del  pasadizo correspondiente.
-Muchas gracias, pero…
-No, no hay de qué, amigo, no se pierda en disquisiciones, de verdad,  no insista, no hay de qué. Estamos en un laberinto. Mi vida es un laberinto. Si anda usted por aquí no me equivoco mucho si pienso que  su vida es también un laberinto. Por eso lo deben de llamar así, laberinto. Así que, etimologías aparte, los dos sabemos qué es un laberinto. Que si Dédalo, el Minotauro, Teseo, que si Ariadna, que si el hilo, que si el ovillo… menuda madeja, no se enrede aún más, yo le aconsejo que deje de devanarse los sesos, de verdad, no insista. No hay de qué. Y no pise la madeja.
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En esencia todas las olas son la misma ola, en esencia. Pero, eso, en medio de la tormenta, ¿qué? Y las botellas con mensaje, ¿son los mismos mensajes en esencia? Las botellas no estoy diciendo, los mensajes, digo, y también las olas cuando hay tormenta. Y lo que puede significar un cacho de corcho, en esencia si se quiere, en medio de la tormenta. A eso me refiero. Porque lo de la esencia, no digo que no, pero… ¿importa eso?

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En la entrada de la muy “pija” caverna “Platón” siempre hay dos matones armados con garrotas vigilando que no salga nadie que lleve calcetines blancos.
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Y hablando de pensamientos imbéciles, en lo que se refiere a la pederastia, dentro, acoto, del recinto eclesiástico arbitrado por la Conferencia Episcopal Española, curiosamente no se conoce noticia, fuera de la secta, digo, de que haya habido, por parte de los individuos que tienen el pito en la boca, ninguna tarjeta roja (excomunión) ni amarilla (al banquillo). Yo me pregunto: o lo de la gandulería del gremio es más exagerada que lo que cuenta la leyenda, (claro que también existe la leyenda de lo falsos que son) o las víctimas cumplen condena de voto de silencio o les tapan, y les llenan y les silencian la boquita con el eufemismo de cierta hortaliza gazpachera. Otra no se me ocurre.

ELOTRO

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sábado, 25 de febrero de 2012

Lobby que te quiero Lobby.






Según el diccionario, “Lobby”:
- Grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses.
Y ofrece por el mismo precio otra definición no sé si para despistar o llena de claves secretas dirigidas a los agentes secretos de las sociedades secretas del Club Bilderbeg, que, la verdad, no alcanzo a traducir. A ver si alguno de ustedes tiene contactos en las cloacas del sistema y nos lo cuenta…
- Vestíbulo de un hotel y de otros establecimientos como cines, teatros, restaurantes, etc., especialmente si es grande.
Quedémonos con la primera definición, me parece la más acertada. A mí me viene pintiparada para darle sentido y significado al contenido de estas líneas. ¿Y qué gran asunto es ése? Pues bien, el asunto es anunciar un final. El final, definitivo, de la lucha de clases. Sí, ya sé, hay gente que cuestiona desde hace millones de años la mismísima existencia de las clases sociales, cuanto más que pudiesen entablar algún tipo de lucha. Es cierto, me consta, como me consta que ellos no descienden del mono y que prefieren la versión bíblica o la de la revista ¡Hola!. Y también me consta que otros con más “clases” y por tanto un poquito más de instrucción, consideran que ese asunto, como la propia HISTORIA, pasó a mejor vida ya en la época del emperador Reagan, según demostró un japonés nazionalizado USA y con nombre de volcán o montaña grande. Es cierto, me consta. Pero lo novedoso del caso es que incluso aquellos cuya tradición de “pensamiento” tiene una base marxista o socialista o libertaria o anarquista, o una bonita mezcla de todos o de algunos de esos revolucionarios o reformistas ingredientes (súmenle si quieren el ecologismo, el feminismo, el ismo…), sigamos, que incluso estos abanderados del “pensamiento crítico” han dejado de razonar, y por descontado de actuar, sobre la base de la “existencia” en las sociedades avanzadas de distintas clases sociales con intereses enfrentados. Por tanto, podemos afirmar que el sistema capitalista, el sistema que más y mejor ha agudizado, estirado, profundizado… las diferencias sociales, el sistema que, por poner un solo ejemplo, ha conseguido que el 1% de la población de un país desarrollado detente y disfrute y la guarde a buen recaudo en los paraísos fiscales, el 80% de la riqueza de dicha nación, Spain, for example.




A lo que vamos, la gente que posee “el capital” y los “medios de producción” no son una “clase”. Son “grupos de personas”, no muy numerosos, eso sí, que se organizan como “Lobby” para comer juntos, jugar al golf, competir con sus yates y, sí, ponerse de acuerdo en defender sus intereses de “grupo”, pero no de “clase”. Los más listillos, que serán casi todos, quizás se sientan molestos por el excesivo “didactismo” de estas líneas, pero les ruego que no se ofendan, el tono no va con ustedes, en realidad esta retahíla de obviedades están dirigidas hacia mí mismo, sí señores, me he dado cuenta que utilizando una y otra vez, y otra, los mismos eufemismos que rumia el rebaño y que uno se ve obligado a “manejar”, que risa tía Felisa,  cuando entabla algún tipo de “diálogo”, no se me duerman, con los miembros más sumisos del mismo y aún más con su vanguardia más revolucionaria, termina uno aceptando, y ya me estoy yendo por las ramas, que es imposible que un señor como, por ejemplo, José María Aznar, proceda del mono. O de la pera, o de la manzana. Tampoco de la “botella” –tú me vas a decir a mí si bebo o no bebb….-
 Éste señor y los de su calaña, son solo los títeres encargados de convencernos, mientras producimos y consumimos, de lo justo y razonable que es aceptar lo que hay, y punto.

 (Me comenta un portavoz del “Club de lobbys” que acaban de sacar al mercado un modelo de “lobby”, a muy buen precio, que permitirá a otros “grupos de personas”, menos favorecidos por la providencia,  organizarse para defender sus intereses. El “kit” completo del “lobby” ya viene con  sus líderes y dirigentes incorporados y, lo que es más extraordinario, a los grupos interesados no les costará nada su mantenimiento, porque todos ellos, los que dirigirán el “mini lobby”, digo, cobran del “Club de lobbys”, que, a cambio no les exigirá casi nada. No hace falta que lo agradezcan, añadió el heraldo lobbysta, ellos son así, cuidan los detalles.)
Por tanto, amables seguidores, les invito a gritar conmigo:
¡La sociedad de clases ha muerto!
¡Viva la sociedad de lobbys y la perra que los parió!



ELOTRO


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jueves, 23 de febrero de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)





Cuando por fin retornó al interior de la caverna, nos dijo: “compañeros, salid vosotros que a mí me da la risa”.
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Un sabio, un filósofo, un erudito, catedrático de estética, el máximo experto mundial en la caligrafía de Sócrates y los presocráticos. Un fiera.
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Lo suyo, mayormente, eran conocimientos que no pasaban, ni de coña, de “plausibles”, de ahí que en sus visitas siempre se hiciera acompañar de su amplio coro de palmeros. (contrato fijo + dietas, no se crean)

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Entre la mentira y la falacia, existe un amplísimo territorio intermedio donde la mentira no es enteramente falacia, ni tampoco la falacia es enteramente mentira. No seamos tan maniqueos, hay matices.

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Tengo oído que el fluir incesante de la realidad no se detiene ni ante el ¡alto! de la guardia civil. Cómo será el bicho.

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Pasan el tiempo lamentándose del paso del tiempo y del tiempo que pasan lamentándose…
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La voz del idiota que todos llevamos dentro me susurró que él no era el idiota, que lo había engañado el que ahora le suplanta afuera.
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A mí es que lo que más me divierte es un chiste mal contado y sin puta la gracia estoy hablando del chiste porque del chistoso ya dije al principio de esta redacción que es que no sabía contar chistes y que los contaba mal y que los estropeaba. Y también quería decir que daba igual que los chascarrillos fueran graciosos o malos. Que el tío no sabe y ya está. Y eso me da un montón de risa todas las veces. A mí.
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A mitad de  camino entre la ignorancia y la inconsciencia acampa la opinión pública bien informada.
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Más años, menos pelo, más arrugas, menos dientes: más es menos, pero no un poquito menos sino muchísimo menos, y va camino de nunca. Al fin, puede que devenga en  más alivio que menos inconveniente. Así lo veo, más o menos.
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Existe un cuadro del pintor André Derain, lo he visto con estos ojitos en la exposición de obras del Hermitage en El Prado, que se titula “Muchacha vestida de negro”. Yo propongo que se le cambie el título por, “La muchacha de los seis dedos en la mano izquierda”. Para mejor informar a los lectores de cartelas, que como todos sabemos no tienen tiempo de mirar el cuadro.
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No se trata de buscar, si quieren buscar que busquen, se trata de que no sepan lo que buscan, para que nunca sepan que encuentran.

ELOTRO


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martes, 21 de febrero de 2012

La inverosímil conjura de los sabios







El menda, ya les cuento, aunque es lástima porque aquello, se los juro por la perra virgen que parió a Snoopy, era para vivirlo, lo tenía todo: una mente estrecha, exigua, plana, carente de entresijos; torpe y lenta, lentísima en el procedimiento, sin el menor rastro de inteligencia, desorientada, sin método y disciplinadamente  indisciplinada. Completito, ya digo.
No tuvo rival, aquel mentecato consiguió la unanimidad entre los más reputados analistas y observadores (y la plebe, claro): estaba llamado a ser un gran pastor, un soberbio líder, muy vitoreable, un ídolo infalible, un adalid, un caudillo de fuste. En su contra, todo hay que decirlo: el aspecto, la imagen, la pinta. Exhibía un  torso más grande que las piernas (en consecuencia, culo bajo) y una cabeza deformada y monstruosa: talmente un atrofiado bufón, pero con mirada velazqueña, ya me entienden los entendidos.
Era por lo demás, el muy hijo de puta, escurridizo como una anguila, llevaba, que se sepa,  cuarenta  o cincuenta vidas distintas, aunque puede que en realidad solo fueran un par de docenas, y algunas otras secretas; pero, sin falta, en todas ellas se mostraba patológicamente inclinado a la concupiscencia con gentes y animales de cualquier género. Y con esa percha, ¡Iba de castigador! ¡El puñetero retaco ejercía de castigador! En fin,  así es la vida que les toca a  algunos…





A todos los efectos el “muñeco” resultaba  prácticamente inasible, incluso dentro de su casi absoluto inmovilismo mental y físico. Sus enemigos, y dos o tres peleles amanerados que se autocalificaban de “leales contendientes”, observaban entre asombrados y perplejos cómo predicaba un discurso completamente incongruente e invariablemente  lleno de erratas ortográficas y de las otras (en algo tenía que notarse su matrícula en Filología cantonesa, confirmada ante notario en el bar de la facu). Estaban urdidos sus discursos  en un estilo cada día más abstruso e ilegible pero, y, esto no se lo debemos hurtar, siempre rezumante de un engatusador y sutil mensaje, henchido este (a reventar, el mensaje, digo) de heterodoxo inconformismo, aunque, y esto tampoco lo podemos sustraer al ocasional lector, total  y absolutamente circunscrito a la más estricta ortodoxia del  más puro conformismo, ¿mareante, verdad? Pues de eso se trata mi querido lect@r. Las ideas más conservadoras envueltas en erudición efectista e inane, quiero decir. Y con todo, jódete, el contrahecho charlatán resultaba ameno, ¡y convincente! era, a qué negarlo, muy ducho en los trucos de la retórica y en los del sexo ocasional.
Su  discurso, bien condimentado: una pestilente sopa viscosa sobre la que flotaba o navegaba un heterogéneo batiburrillo  de grasientos grumos; tópicos rancios, supersticiones demodés, vacuidades vacías, lugares comunes muy transitados, camelos sin azúcar, banalidades bananeras, milongas imbailables, fruslerías sin valor, insultantes (incluso para los menos instruidos de los filólogos) obviedades obvias y chorradas de marca mayor y marca blanca, aunque eso sí, avaladas por unas cifras de audiencia (entregada e incondicional) sin parangón. Pero, ¡maravíllense!, Ese repulsivo contenido, una vez pasado por el cedazo de su asombrosa retórica, aparecía ante el famélico y ansioso público como un sabroso y apetecible caldo, pleno de sabrosas y vitaminadas epifanías, muy tragable, muy comible, muy ponible, muy after. Y todo ello, la multimedia manda en estos tiempos, amigos míos,  al compás de un coro de sosas voces angelicales y una enloquecedora música celestial de indudable eficacia contra la grey.




Aquella desfavorable situación (me refiero al detallito de que el mamonazo no pertenecía a nuestra plantilla), convendrán conmigo,  resultaba a todas luces sumamente difícil de combatir, por muy deshonesto que se sea, que lo somos, desde una ideología como la que profesamos: radicalmente conservadora y, a la par y de cara a la galería, violentamente reformista y contrarevolucionaria y liberal.
Que el puñetero finge lo sabe hasta el tato, pero no se le nota, no hay quien se lo note, no se lo percibe como tal, y por lo que se ve, no hay manera de desacreditarlo, yo, no la conozco al menos, ni sé de quién. Es un pedazo de artista, el puto bufón.
No amigos, no iba a ser fácil machacar a ese hijo de puta. No amigos no iba a ser fácil arrebatarle su influjo sobre las multitudes. Y aunque lo fuese ya, en la directiva, empezábamos a estar hartos del temita. De todo acaba hastiándose uno, todos los días gallina, amarga la cocina. Hicimos números y hubo unanimidad. Así que lo fichamos y punto pelota. Patadón y p’alante. La pasta de los campeones.

ELOTRO

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domingo, 19 de febrero de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)





Caminé sin rumbo a lo largo de tu lengua de arena, con el laberinto a un lado y el hilo con el cornudo enmarañado al otro. Y, luego, sin rencores, cada uno por su lado, y aquí paz y después gloria.
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La llamada “hora de la verdad” lo sería en los relojes analógicos. Lo que es ahora, digitalmente hablando, ni rastro de lo segundo. Ni un mísero segundo en el tiempo de descuento.
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Cuando terminemos de destruir empleo, empezaremos a destruir a los desempleados que queden en pie; a todo fruto le llega su temporada. Nuestra “madre naturaleza” es lo que tiene, además de puta.
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Si no se le presta oído, el insultante fingimiento, resulta un “elegante saber estar”.
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La paradoja es que abunda el maestro en cien oficios y que no es entendido en ninguno. Ejerciendo con remuneración, digo.
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“Solo follando ze cura tan jondo doló…” (contó la barragana que le recetó su letrado del oficio).
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La ancestral rivalidad entre subalternos, les garantiza la posición subordinada de por vida. A ellos y a nosotros, no sé si me explico.
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Cucharadita a cucharadita suelo impartir mi ignorancia. Para evitarles malas digestiones a mis fieles e incondicionales discípulos.
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Aunque nunca pongas un pie fuera de la caverna, no viene mal el saber de vientos.
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El líder solo está dispuesto a trazarnos el camino a seguir…le.
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Pero, ¡soperro!, no te das cuenta que en la cúspide solo cabe yo.

ELOTRO
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viernes, 17 de febrero de 2012

Chagall







Nada más entrar en la primera sala del Thyssen, a la derecha, hay un pequeño cuadro de Chagall, una escena de interior, que podría pasar perfectamente por un Matisse, de hecho, a mí, así me lo pareció. Luego, leyendo las cartelas te enteras de que Chagall, en Petersburgo, tuvo un profesor de pintura que le había contagiado su pasión por Matisse, por París. En 1911, Chagall se traslada a París. Estos pequeños detalles pueden iluminar esa repetida consigna que calificaba a París (o antes Roma)  como la capital mundial del arte, el lugar donde los artistas debían estar y trabajar, el lugar donde se cocinaba lo nuevo, lo vanguardista. Y con todos los matices, y son muchos, que se quieran, así fue desde el último cuarto del XIX hasta la segunda guerra mundial. Un desconocido pintor ruso pasa una pequeña temporada en París, visita exposiciones, galerías, el Salón de los Independientes, el de los Rechazados… y se queda anonadado, perplejo, desconcertado ante las nuevas vías que están explorando aquellos artistas antiacadémicos, aquellos  irreverentes experimentadores, aquellos “don nadie”… y se vuelve a un rincón de Rusia y lo contratan en una academia de profesor de pintura y, es ahí donde  le cuenta a un joven alumno judío, que parece dotado para el oficio, que, en París ha visto cosas… y el inevitable contagio sucede y se expande.




Ya en París, Chagall se rinde al cubismo y a los colores de los fauvistas. Hay un cuadro, del mismo año, 1911, de su llegada a París, que se titula “Las tres y media (El poeta)”, a mi me parece que es una obra capital. Dentro de él encontramos lo que Chagall traía consigo de Vitebsk, su ciudad natal, más su formación en Petersburgo y aquello con lo que tropezó en Paris, las formas y conceptos cubistas y los colores salvajes y expresionistas. Y, claro, su poética personal. ¡Ese gato verde!



Llenos de tradición y vanguardia hay dos magníficos cuadros curiosamente titulados “La habitación amarilla” y “La casa azul”, las dos piezas, en mi opinión, evocan a Van Gogh, aunque ni por estilo ni por técnica tengan nada en común con la obra del  holandés. Pero la poética me parece similar, y la “utilización” del color, equivalente. Todo ello me confirma en algo que ya sospechaba, Chagall es un gran “lector” de pintura, y su capacidad para apropiarse de todo lo que le pueda venir bien a su propia obra, es extraordinaria. Por abundar un poco más en ello diré que he podido disfrutar de mi admirado Kandinsky en muchos “cachos” de obras de Chagall (de su primera etapa), y conste que lo digo como elogio, ya que estoy plenamente de acuerdo con Godard cuando afirmaba que lo importante no es de dónde lo coges, sino a dónde lo llevas. Y en esas obras de Chagall, Kandinsky, amí así me lo parece, está a  gusto, se le nota en los colores.





Chagall es un extraordinario dibujante y un virtuoso del color. En el dibujo lo mas inmediato es constatar su influencia “cubista”, a mi me recuerda, sin llegar a su altura aunque algo más imaginativo, a Juan Gris. Pero creo que son los pintores primitivos los que marcaron su etapa de formación, esos enamorados que vuelan en el interior de las buhardillas parisinas, esos hombres del saco, esos violinistas tocando en el tejado, esas atmósferas de levedad, esas cabras, esos gatos, esas vacas, tienen un dibujo primitivo y un color expresionista y es la magia poética de Chagall la que ha conseguido esa milagrosa cohabitación, esa enriquecedora fusión en el núcleo de sus grandes obras.
La gran tradición popular rusa y judía (pagana y religiosa) sumada al “vocabulario” vanguardista, fueron la base y las herramientas con las que Chagall construyó un mundo de elementos ya existentes, sí,  pero que tras su asombrosa combinación ha devenido en un universo insólito, muy personal. Algo que muchos se proponen pero que muy pocos consiguen, un sello peculiar.
Bien es verdad, y esto es una opinión que he apuntalado con esta exposición, que todas sus grandes aportaciones y el alto nivel de sus obras se evaporaron definitivamente a finales de los años veinte.




El sello personal se transformó en “tampón”, (el dichoso mercado, tan irresistiblemente seductor para algunos, ha inundado el arte de basura de “firma”, véase entre cientos a Dalí, Tapies, Chillida, Barceló…) el dibujo y el tratamiento del color se amaneraron, se vulgarizaron, se banalizaron hasta, en algunas obras, llegar a la simple y barata  cursilería (No niego que en alguna ocasión –recuerdo ahora unos murales para un Museo Judío que vi hace años en Londres- no fuese vuelto a ser tocado por Fortuna). Un mal ejemplo: “Florero delante de la ventana” de 1959, propiedad de la Duquesa de Alba y ¡olé!, (un año por otra parte magnifico y no solo por la victoria de los revolucionarios cubanos) es un cuadro sin dibujo, sin color, sin composición, con todos sus elementos desubicados, mal ensamblados; donde antes existía una delirante orgía de colores, ahora, (y no se trata de cuáles y cuántos) hay una muy formal y aburrida reunión; en resumen: un “mal pastiche” del otrora joven y genial Chagall.

Hay una anécdota que puede ser ilustrativa, no hace mucho reseñábamos en “escomberoides” el cuadro de Picasso “La acróbata de la bola” y cómo estas obras del periodo rosa eran fruto de ciertas  “circunstancias”. Las familias circenses montaban sus carpas a las afueras de París, en los suburbios, en Montmartre.  Allí vivían y trabajaban los más menesterosos pintores, allí coincidían. Allí unos pintaban y otros ensayaban y, por qué no, a ratos posaban. Allí convivían. Y aquello dio sus frutos. Pues bien, el negociante Vollard resulta que tiene, no va a tener, un palco fijo en el Circo de Invierno (veinte años después) y allí invita al ya declinante (artísticamente hablando) Chagall a llevar, al papel de calidad, y en edición de lujo numerada, el “espíritu y la magia” del fabuloso mundo del circo. Y claro, luego llega lo que llega: algo sin asomo de vida, inerte, hueco, que ni tiene verdad, ni es una bien elaborada mentira. Una pintura aburrida es obra de una mano hastiada; una pintura floja, endeble, fofa, es obra de una mano desganada; una pintura que apunta hacia ningún misterio, es una pintura deshabitada, pero, para su desgracia, no llega siquiera a ser inhóspita, lo que al menos le daría su aquel. Estamos hablando de obras absolutamente prescindibles, por mucha firma que lleven. Y ahora acabo la tesis, ¿hay demanda de obras de calidad independientemente de la firma? Y por último, ¿hay demanda de obras cuya única justificación sea estar firmadas por “vacas sagradas”? Un hombre de negocios exitoso como Vollard, ¿A quién le encargaría la ilustración de unos libros de lujo en tirada limitada para ganarse unos francos a pachas? me acojo al método socrático y veo la luz, la que genera el mercado del arte, digo. Y sí, el beodo tenía toda la razón, la explicación estaba delante de mis narices, pero me obcecaba en mirar hacia otra parte, hacia un resquicio que creí ver a través del espejismo del “negocio”.
Pero si hay que alabarlo todo, se alaba todo, a tanto el folio tasarán los “expertos” y sumisos amanuenses… Yo prefiero sacudir la basura que enturbia, afea y degrada las grandes obras del gran Chagall. Cristalino.




Por seguir dando un poco más la barrila con el temita de la decadencia de Chagall, podríamos valorar sus grabados al aguafuerte y litografías, de los cuales hay una variada representación en la muestra. Y el catálogo los elogia, los ensalza y los califica de geniales. Pues no, a mi se me antoja otra cosa, seamos serios. Ambroise Vollard era un magnífico hombre de negocios (les recomiendo que lean su librito: “Memorias de un vendedor de cuadros”) y Chagall había sido un magnífico pintor hasta un rato antes, pero, sus ilustraciones para los libros, (Fábulas… Las mil y una…) encargados por el avispado marchante no pasan de regulares tirando a malas, por dar una pincelada elegante. Es evidente que Chagall no domina las técnicas del grabado y desconoce (y no aprovecha) sus “posibilidades” específicas. Su dibujo ha perdido el vigor, sus composiciones son tristes sucedáneos de las de sus viejos cuadros, y del colorido aplicado posteriormente, mejor no hablar. Se dice que por esos años, Picasso se burlaba un poco de él, (dejemos las maldades del “tigre” aparte) supongo que prefería ser antipático y sincero antes que esquivo o indiferente con el penoso rumbo que había tomado la obra de su amigo. Eso pienso.
Ya me imagino que los tipos y tipas que han cobrado por llenar el catálogo de grandilocuentes halagos no van a escribir esto, ni aunque lo piensen, pero yo no tengo que dar explicaciones a nadie, porque nadie me paga, claro, y esta es mi opinión someramente argumentada. Sobre las esculturitas y cerámicas, tres cuarto de lo mismo… dan pena, penita, pena.




Al hilo de esta apreciación se me vienen a la memoria dos listas de artistas: en una figuran los artistas que en su juventud, o en sus primeras obras, lo dieron todo, se vaciaron y en su madurez, por no recogerse a tiempo cuando es evidente que la cosa no da más de sí, rozaron el ridículo de manera patética (¡todo por la pasta!); y la de los que fueron paulatinamente creciendo y enriqueciéndose con sus aciertos y fracasos hasta llegar a  la esencia misma de su arte, al meollo del asunto, a hacer que el arte con mayúsculas suceda ante nosotros. Yo tengo mis nombres por si otro día viene a cuento, mientras tanto, allá cada uno…

La exposición está organizada en comandita por el Thyssen y Caja Madrid, dato superfluo sino fuera porque las obras del Thyssen, donde hay que pagar la entrada, finalizan en los años treinta y todas las posteriores las han colgado en Caja Madrid, de gratis. Al verlas por separado se puede apreciar, creo yo, dónde “sucede” el arte y dónde no ocurre nada reseñable, si acaso, alguna agraciada mirona de cuadros que te levanta y te anima, también la tarde. Bien es verdad que, en parte,  es el peso de  las obras precedentes las que empequeñecen y dejan en muy mal lugar, todo lo que vino después. En fin. Con todo, merece, y mucho, la pena visitar a Chagall. Yo volveré, pero solo al Thyssen, como soy un desempleado, no me cobra la baronesa, de momento.


ELOTRO


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miércoles, 15 de febrero de 2012

Sócrates: “El comadrón” de las ideas.







Se cuenta que el tipo (viejo, sabio y fiel seguidor de ese dios menor conocido como Dionisios o Baco),  tenía querencia por la libación, en su versión desmesurada, vamos que era un bebedor irredento de tinto peleón (en aquellos años ni crianza, ni reserva, ni gran reserva, lo que no impedía que la charla bien regada culminara en colosal melopea); que no sabía ni leer ni escribir (solo sé que no sé nada, repetía). Bien es verdad que estamos hablando de cuando quedaban 400 años para clavetear al madero al hijo de la madre “virgen” y, los planes de enseñanza andaban todavía empantanados en oscuros  trámites parlamentarios. Su padre  picapedrero y su madre comadrona. De lo más tirado de la sociedad ateniense, ¡que no fuese esclava, se entiende!, lo menos distinguido escriben los finolis. Pero el que “solo sabía que no sabía nada” supo elevarse, trepar, escalar los más altos muros (con el tiempo, miguita a miguita y mucha labia), de la jerarquía social y hacerse unos cuantos amiguitos influyentes entre la oligarquía y, por fin, acabó engatusando y esposando a una mujerona, (con un carácter de armas tomar, absorbente, mandona, que constantemente le malmetía contra su pandilla de amigorros) de familia patricia: y ya estamos todos dijo el jefe de casting. (Doy gracias a los dioses por haber nacido hombre y no mujer, griego y no bárbaro, libre y no esclavo, dicen que dijo el trepa beodo).






 Por no dejar fuera nada de lo que me han contado, digamos que tuvo tres hijos, era bisexual y que su amante más famosillo fue Alcibíades, también, (¡estos lascivos docentes!) discípulo). Y parece que el fulgurante ascenso social hizo que abandonase, paulatinamente, su pensamiento más radical y que mirase con otros ojillos, menos escépticos y más optimistas, ¡cómo no!, la opción “reformista”. Y se puso a bramar a los cuatro vientos que era posible regenerar la sociedad (aquella), eso sí, “acentuando el valor de sus principales elementos”. ¿Os vais coscando de lo antiguo y rancio y redundante y desolador que es todo en esta puta vida? De ahí pasó a defender el “idealismo” e incluso, ya puestos, a abrazar ciertas tendencias antidemocráticas (de la época) y, por qué no, a relacionarse amigablemente con la llamada “Dictadura de los Treinta”).





Se pasaba el día trasegando tintorro y charlando por las plazas de Atenas, y, del tirón,  mirando de soslayo a los mancebos más agraciados por la naturaleza. Invitaba a la gente a conocerse a sí misma, (Conócete a ti mismo) no negarán que es un eslogan impactante, y a salir (o entrar) de exploración en busca del manantial de la virtud. Por lo que cuenta gente de su cuadrilla (Platón y Jenofonte) era muy preguntón y muy irónico. Cada maestrillo tiene su librillo (esto creo que ya se repetía entonces por las Ágoras provincianas) aunque ese método de preguntitas una detrás de otra en plan cansina mosca cojonera, a lo “Colombo”, acabó siendo muy apreciado, sin duda daba resultado, por todos los que vinieron después (El Papá, le apodaron) a “currar” con las ideas y filosofar sobre lo divino y lo humano (bueno, las cosas de la  mayoría de la población que en aquel entonces se veía abocada a ejercer a jornada completa  la esclavitud y eso, no figuraba todavía en la apretada agenda filosófica). El caso es que el tipo no persuadía haciendo una de esas prolijas e indigestas exposiciones que primero te amodorran y luego te precipitan al más profundo de los sueños, sino que, era muy habilidoso, “divertido”, en el diálogo (es que se le entiende tó, decían), al que siempre transformaba como el que no quiere la cosa en “grata” entrevista introspectiva.  Y era el entrevistado (el otro, sin necesidad de diván) el que acababa por encontrar en su interior “lo que el alma ya sabía, bien que con el saber oscuro e incierto”. En otras palabras, “lo que no sabía que sabía porque no se hacía las preguntas precisas y adecuadas”. Así que, el borracho sabio, con sus certeras e inteligentes preguntas conseguía iluminar al “interlocutor-paciente” y a todo el que se pusiera a tiro de salivilla. A base de escarbar con las preguntas conseguía que emergieran a la superficie lo que antes no tenía carta de naturaleza o no parecía existir pero que, ignorado, estaba ahí, ¡existía! y además ejerciendo: él problema, los problemas. Y esta “revelación” o incómodo descubrimiento, provocaba la evaporación o el arrinconamiento de los saberes falsos y las ignorancias camufladas y camufladotas que habían reinado y mangoneado, sin mucha competencia, hasta la fecha aquella.





Con razón les irritaba “el preguntón”, y justificadamente se ganó la antipatía de toda una multitud de enemigos: aquellos (presocráticos) cuyo discurso recibía una auténtica  paliza, una buena somanta a base de “Razón” (más llevadera, dónde va a parar, que de bastonazos), ora al sol, ora a la sombra  de la plaza, ateniense, y con poco más de media entrada. Él cambia, con un brusco volantazo y aprovechando el rebufo de sus predecesores, de dirección el pensamiento. Lo odiaban, y no iban descaminados, porque veían en él, y de eso se trataba,  un destructor de las creencias tradicionales, (había que hacerle sitio a la “razón”) un inquietante agitador, que decía cosas como que  el saber de lo más importante –qué es lo justo, qué es lo injusto, qué es el bien, qué es el mal- no debe dejarse en manos de cualquiera (por muy sabio presocrático que fuese).
Según un tal Nietzsche, nuestro hombre fue “el sepulturero de la metafísica” de los presocráticos, y el racionalizador y, por consiguiente, “el destructor del mito a favor de la razón”. No aniquiló a los mitos pero estos ya nunca volverían a ser lo que fueron, les faltaba razón.






A nuestro hombre no le interesaba filosofar aturdido por los efluvios que alelan: el engreimiento, la satisfacción y la suficiencia, (él, por su parte, procuraba no pasarse nunca de listo) y ese era uno de los  motivos por el que  despreció a los sofistas (la escuela entonces dominante), los sabios, (los sabelotodo) los que alardeaban de atesorar muchos saberes. Pero el más sabio es aquel que sabe que no sabe nada. Interesar, a nuestro hombre, le interesa sobre todo el pensamiento que tiene por objeto examinar el bien (la virtud, los conocimientos, la razón) y el mal (la ignorancia).
No te atribules, dicen que decía, elije la opción que te parezca más conveniente; total, en el fondo es igual; tarde o temprana te arrepentirás de cualquier decisión que hayas tomado. Haz, por tanto, lo que debas. (Luego, veinte siglos después, vino un negrito “afroamericano” y se lo calcó para titular su peli).



En el año 399, tres chivatos acusicas (probablemente bien retribuidos con el oro sofista) le acusan de tres delitos: corromper a la juventud, no respetar a los determinados dioses antiguos de la ciudad e  introducir (por su cuenta y sin los papeles en regla) nuevas divinidades. Total, un subversivo de manual para cualquier indecente togado. El juicio fue en el Ágora (junto a la estación de “Cuadrigas” del mismo nombre)  ante 500 ciudadanos (los esclavos no podían juzgar, solo ser ajusticiados, se siente), voluntarios y mayores de 30 años elegidos al azar o no, que más da si la sentencia ya está firmada: 280 (para disimular, no como Fraga que ganaba los referéndums con el 101% de los votos) de los 500 jurados votaron culpable. En 399 “S” fue condenado a beber, ironías del destino, la cicuta (en mal estado, picada, rasposa al paladar, ágria, muy dañina en cualquier caso). Habría que puntualizar que todo lo que creemos que sabemos de él, es lo que nos han contado, uno que sí sabía escribir y leer, de familia aristocrática y autodeclarado seguidor del revoltoso, llamado  Platón o sea “el de anchas espaldas” , y el historiador Jenofonte y la caricatura teatral de otro, que no lo debía de apreciar mucho, o sí, que era comediógrafo y respondía por Aristófanes.


ELOTRO (compilador chistosillo)


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