domingo, 16 de diciembre de 2012

simpatías, apatías, antipatías...





De tener que explicar todas mis simpatías y todas mis antipatías primero tendría que  averiguar el oscuro origen y la retorcida motivación de mis apatías.

ELOTRO

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En vecindad

A mi vecino, con el que nunca crucé palabra, lo conozco poco. Solo le vi en una ocasión, el día de la inauguración del edificio, en la estúpida ceremonia de entrega de llaves que escenificó la empresa inmobiliaria. Sí, me negué a estrecharle la mano, según me dijeron éramos los dos primeros (¿únicos?) inquilinos, para la foto publicitaria que aquel pipiolo con la cara llena de granos quería conseguir por la patilla. Hace años, desde aquél día, que ni tan siquiera me cruzo con él, y ahora que lo pienso ni con él ni con nadie, pero siempre he percibido en ese hijo de puta, aún en la ausente distancia,  algo extrañamente familiar. Y sí, diría que es eso, otra cosa no puede ser, lo que  me hace sentir una vaga, aunque no por eso menos fundada, antipatía por él. Respire, si aún respira el muy cabronazo, donde respire. Por si sí, sigo en guardia.

ELOTRO

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