Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 2 de noviembre de 2012

Me acuerdo...





Sirviéndome de la original formula de navegar por la memoria del pintor y escritor Joe Brainard (1942 – 1994) os contaré que:


Me acuerdo de un día -hace ya un montón de años, allá por los primeros ochenta del siglo pasado- soleado de primavera, recuerdo que iba buscando la sombrita de los árboles, a primera hora de la tarde, caminando solo y más bien tristón y meditabundo por la calle Almagro (Madrid), por la acera de la derecha en dirección norte, creo recordar que me dirigía a ver alguna exposición de grabados en la galería Estiarte.
En la misma acera, en la terraza de un bar, una mesa ocupada por dos hombres, según me voy acercando reconozco a uno de ellos, es mi viejo amigo el poeta Julio Vélez, casi al mismo tiempo él me ve y como impulsado por algún resorte se levanta   de su silla; sorprendidos y alegres, llevábamos años sin vernos, nos abrazamos: “Luí, me dice, coño que alegría ¡Cuánto tiempo! ¿Adónde vas?... mira, te voy a presentá a este amigo: Eduardo Galeano. Y éste, Eduardo, es mi amigo Luí, un antiguo camarada, es pintor (lo dijo así, con todas las letras)”.
En fin, para mí fue mucho más que un gratísimo encuentro. Con Julio siempre resultaba así, era como un chute de alegría, de ánimos, de fuerzas para continuar, producía y regalaba poesía constantemente. Pude experimentar que, aparte del legendario idiota con el que te tropiezas e ineluctablemente te estropea el día, también puede ser que aparezca el viejo amigo, el compañero de luchas y de alegrías y de fatigas y te haga un sitito a la sombra protectora de la amistad.







- Me acuerdo de habérmelo cruzado en numerosas ocasiones, él siempre solo y yo siempre solo, por el Paseo del Prado (en concreto en el cruce del semáforo que parte justo de esa tienda que hace esquina, hortera a más no poder, y que vende a los turistas “objetos de arte toledano” y figurillas de LLadró, bueno y no te lo pierdas, ahora tienen soldaditos de plomo en el escaparate entre los que destacan Franco y Tejero.) en dirección al Museo del Prado; se trataba de un tipo más bajo que alto, de aspecto robusto, la nariz achatada de boxeador, la cabeza como una brillante bola de billar… La última vez que coincidí con él, ya sabía de quién se trataba: el poeta Pepe Hierro (amigo de mi amigo Julio Vélez). Parece ser que en una callecita a espaldas del Museo, (por ahí por donde vivió sus últimos años don Pío Baroja y en donde celebraba las tertulias sobre las que escribió su librito “costumbrista” don Juan Benet…pero bueno eso es de otra ópera) estaba su bar habitual, donde solía escribir, fumar y tomar sus copitas de anís.






Me acuerdo de haber visto a Rafael Azcona, andando, o más bien paseando despacio pero con paso firme por la calle de Alcalá a la altura del caballo de Esparteros, (creo que ese es el famoso caballo, del que Marías escribió no entender la fama, a su juicio inmerecida, del tamaño de sus atributos, tan glosados popularmente) en la bifurcación de Alcalá con O’Donnell. Me hubiese gustado estrecharle la mano, y agradecerle los buenos, buenísimos  ratos - y un sinfín de razones y luminosos descubrimientos- pasados a la lumbre de sus extraordinarias obras literarias y cinematográficas. Pero me dio corte, me pudo el miedo a importunar, y no me atreví. Me impresionó el buen aspecto físico, la impecable tiesura al andar, a pesar de que ya era octogenario, de aquel indomable, orgulloso e impenitente  “rojo republicano”.


ELOTRO


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2 comentarios:

  1. Esculturas neoplásticas, recuerdan a Gerrit Rietveld.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. Sinceramente Francesc, no sabía quien era el arquitecto y diseñador de mobiliario Gerrit Rietveld, hasta que no he leído tu comentario. Aunque bien es verdad que su obra, ahora que la he rastreado en la red, sí que la tengo vista en diversas exposiciones y museos. Pero debido a mi mala costumbre de fotografiar sin documentar la autoría, esta pieza que figura en la exposición del “Reina” titulada “Encuentros con los años 30”, no sé a ciencia cierta quién es su autor. Como tengo pensado volver, comprobaré su autoría.

    Un saludo.

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